belye-kaski-1-fotoUn hombre joven con un sombrero blanco y un distintivo  de color amarillo-azul en el brazo, durante cuatro horas esta excavando algo  debajo de los escombros del edificio destruido en la provincia de Idlib, en el noroeste de Siria. Finalmente, él ve lo que estaba buscando: un bebé. Él la lleva a la ambulancia, como si fuera su propia hija.

Y esto es como los medios de comunicación occidentales muestran los voluntarios de la Defensa civil de Siria, conocidos como los «cascos blancos». Pero ¿cómo son en realidad?

No es ningún secreto que desde el inicio de la crisis de Siria en 2011, fueron creados  decenas de ONG.  Como regla, estas organizaciones tienen nombres  altisonantes y defienden los derechos y libertades de los sirios, al  mismo tiempo  proporcionando un poco de ayuda humanitaria.

En 2012, en la lista de estas organizaciones fue incluida la Defensa civil Siria. Fue fundada por el ex oficial de inteligencia británico y un especialista de seguridad privada Mezieres James, que ha participado en varios conflictos en todo el mundo, incluyendo Irak, Líbano y Palestina.

Unos años más tarde, la Defensa civil Siria de una organización social se convirtió en una estructura con sus uniformes, símbolos, e incluso coches.  Por toda Siria están situados  119  sus centros: en Alepo, Idlib, Latakia, Homs, Hama, Damasco. En 2016 fue emprendido un  intento de proponer a los Cascos Blancos para el Premio Nobel de la Paz. No obstante, sólo unos pocos recuerdan  que sus  voluntarios aparecen en las zonas capturadas por la oposición y se niegan a dejar de entrar allí a los representantes  de  la Media Luna Roja y la Cruz Roja. Los “Cascos» afirman que su organización es una organización humanitaria imparcial, sin ningún tipo de lealtad formal a cualquier partido político o grupo militar. Al mismo tiempo, reciben enormes donaciones de diversos gobiernos — Gran Bretaña, Alemania, Dinamarca y los Países Bajos. Pero el mayor donante es la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la cual proporciona fondos  a las ONG de todo el mundo. En abril de 2016, un portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, confirmó que en el año 2013, por lo menos $ 23 de millones fueron aportados  para  “Los cascos”.

Está claro que la Defensa civil Siria, para recibir  tantas donaciones, debe  promover  los intereses de  los  países que aportan a ella. Un ejemplo notable es un ataque contra el convoy humanitario de la ONU en Alepo el 19 de septiembre. Los voluntarios de  “Cascos Blancos” «por casualidad» aparecieron primeros en el lugar del incidente para informar sobre el  ataque, e inmediatamente acusaron a la aviación siria y rusa.

Los voluntarios supuestamente encontraron varias piezas de bombas, y vieron los helicópteros sirios. Esta información fue mencionada en el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Londres. Después, el gobierno de los Estados Unidos hizo conclusiones en base al informe de la  ONG siria.

El hecho es muy revelador que los activistas humanitarios se encontraron en la zona controlada por el grupo terrorista Dzhebhat-en-Nusra. Pero si observamos en lo más profundo-entonces todo se vuelve claro.

La experta británica de  Oriente Medio Vanessa Biley afirma que Cascos Blancos preparan el terreno para la  invasión militar de los Estados Unidos y sus aliados, y  colaboran con  diferentes grupos terroristas.

Según ella, la organización  realiza  su actividad en las zonas controladas  por Dzhebhat-en-Nusra, y no sólo ignoran los crímenes cometidos por los terroristas, sino también tratan de crear una imagen positiva  de ellos en los medios de comunicación.

Por ejemplo, una prueba más de la conexión entre Los Cascos  y los terroristas es el hecho de que el 20 de abril de, año 2016 el jefe de la organización Raed Saleh se le ha negado la entrada a los Estados Unidos, donde iba a recibir un premio de la Inter Action, una red de  agencias para envío de ayuda.  Según el funcionario, su visa expiró, pero “New York Times” sugirió que había sido por sospecha de terrorismo.

 

Además, muchos activistas de los Cascos Blancos son miembros de grupos armados. Hay muchas pruebas de su simpatía  no sólo  hacia a la oposición sino también a  los terroristas.  Los Cascos  gustan  compartir fotos y comentarios en Twitter y Facebook  mostrando para quien  en realidad trabaja la así llamada Defensa civil siria.

Se hace evidente que los Cascos Blancos  no es sólo una organización humanitaria, sino también una cubierta usada para apoyar a los militantes de los diferentes grupos terroristas. Además, los cascos  pueden ser usados para distribuir la información necesaria de “fake” (desinformación):    los activistas  de la defensa civil en sus páginas de Twitter publican constantemente las fotos del bombardeo de hospitales, escuelas y mezquitas, hechas supuestamente por la Fuerza Aérea Siria y sus aliados. Luego llega el turno  del Observatorio para los Derechos Humanos y para algunos  medios de comunicación occidentales.

Claro, que los periodistas expertos ponen en duda la veracidad de la información distribuida por los Cascos Blancos. Un  periodista independiente italiano Marinella Correggio descubrió que ninguna organización médica nunca ha indicado que cualquier objeto de su estructura fuera dañado a causa  de los bombardeos sirios ó rusos. Ninguno de los edificios dañados ó destruidos por los bombardeos no tenía las señas  de identificación necesarias.   Las investigaciones italianas llegan a la conclusión que estos edificios estaban situados junto a los grupos  de militantes, eran hospitales de campaña de los  terroristas y no tenían ninguna relación con el sistema de salud público ó  con  organizaciones internacionales como la Cruz Roja.

Está claro que la  Defensa civil siria no tiene  intención de presentar a sus líderes. Los cascos no sólo proporcionan ayuda humanitaria, sino también colaboran con grupos terroristas.

Es obvio que la información  que distribuyen los Cascos sobre el ataque contra el convoy de la ONU, cerca de Alepo y otros delitos presuntamente cometidos por la Fuerza Aérea Siria y sus aliados, es altamente cuestionable. La investigación que  debe iniciar las Naciones Unidas no debe basarse en las afirmaciones de los Cascos Blancos,  sino  en la información objetiva proporcionada por todas  las partes  del conflicto.

Así crean los medios de comunicación occidentales la imagen del Salvador del casco blanco, que se desvanece y se abre a la realidad: una organización humanitaria de uniforme donde hay gente que simpatiza con los terroristas

Etiquetas: ; ;