Por Luis Beaton
Prensa Latina (Cuba)

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El dominó, ese gustado juego de fichas en muchos países del mundo, en especial en Latinoamérica, está abierto para el pueblo del Libertador Simón Bolívar y del extinto líder bolivariano, Hugo Chávez Frías.

Una fragmentada oposición con fuerte apoyo externo intenta infructuosamente socavar al Gobierno Revolucionario que reafirma su voluntad de establecer diálogos con distintos sectores del país, para dirimir las diferencias, afianzar la paz y fortalecer la convivencia entre los venezolanos, según subrayó esta semana el dirigente socialista, Jorge Rodríguez.

Si algo caracteriza al chavismo es su indeclinable vocación para el diálogo, expresó este jueves el político durante la transmisión del programa semanal ‘Política en el Diván’, que transmite Venezolana de Televisión.

Sin embargo, la oposición al presidente constitucional Nicolás Maduro y al chavismo insiste en cerrar el dominó y no dar alternativas a los venezolanos de a pie, a los favorecidos por la Revolución que encabezó Chávez.

Pese a que voceros mal pagados alegan lo contrario, el Ejecutivo siempre llamó a la oposición a entablar un diálogo, pero ésta, cegada por sus ansias de volver a gobernar, rechaza las apelaciones y se inclina por promover la desestabilización y el caos, como intentaron en los últimos días con maniobras ya conocidas en países de la región.

Según destacó Rodríguez, la alternativa que presentan los sectores opositores es la inconstitucionalidad y la violencia, pese a apuestas como la de este 30 de octubre en isla de Margarita, estado de Nueva Esparta, en el Caribe venezolano, donde se intentará establecer una agenda de diálogo entre el Gobierno Nacional y sectores de la oposición.

El lunes último un encuentro en esta capital auspiciado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), donde estuvo representado el Vaticano, dos expresidentes de la región y uno de España, figuras del gobierno y la oposición, se abrió una luz para algo positivo en Margarita, pero hay fuerte oposición de directivos de la autodenominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

No es un secreto que las fuerzas en el país están polarizadas, lo que reafirma la necesidad de conversar y llegar a acuerdos para el bien de todos los venezolanos.

A esa realidad se suma que ya pasaron tres trimestres y la oposición, que tiene gran apoyo externo para librar la guerra económica contra el país, no logró adueñarse de Miraflores, el Palacio de Gobierno, e insiste en provocar incitando a la violencia como alternativa.

Sin embargo, a diferencia de Brasil, la oposición no controla al poder judicial ni al vicepresidente del país, y menos aún a las Fuerzas Armadas, cuyos jefes ven en su pueblo la razón de ser, lo que hace pensar que fórmulas aplicadas en otras naciones como Brasil, no pasarán.

Aunque ya no está Chávez físicamente, sus seguidores son gran parte del pueblo e incluso si hay unos pocos que se sienten desilusionados, todavía se inclinan por la continuidad de Maduro en el poder.

Tanto es así que la consultora opositora Datanálisis, en un reciente sondeo, encontró que al menos cinco de cada 10 venezolanos reivindican el legado de Chávez, mientras, por otro lado, Hinterlaces mostró que hay una progresiva recuperación del gobierno motivada por sus nuevas iniciativas económicas.

Esto no lo puede permitir la fragmentada oposición, donde dos tendencias pujan por el protagonismo, una que quiere dialogar y otra que quiere la ruptura, calentar las calles, pero sin enseñar la cara temerosos del ‘coñazo’ popular.

En este ambiente cabe destacar que la reciente gira del presidente y el alza de los precios internacionales del petróleo no favorecen a los que quieren la confrontación, por lo que muchos pronostican que no habrá derrumbe institucional, pasarán las navidades y las vacaciones, llegarán los carnavales, y en el gobierno se mantendrán los rojos de Chávez y Maduro.

De los golpes parlamentarios promovidos por una mayoría de la Asamblea Nacional hay que olvidarse, ahora es momento de abrir el juego de dominó, de dialogar y en Margarita pudieran sentarse las bases para una gobernabilidad más pacífica, siempre que poderes externos no dicten lo que hay que hacer.