Por Antonio Rondón García

El ministro británico de Defensa, Michael Fallon, pareció demostrar una demencia inducida al abordar la crisis en Siria, donde se trata hoy de situar a Rusia como el único agresor y elemento desestabilizador.

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Al conocer sobre las recientes declaraciones de Fallon de que Moscú era el responsable de la prolongación de la guerra y del sufrimiento del pueblo sirio, el vocero del Ministerio ruso de Defensa, Igor Konashenkov, le formuló varias preguntas.

Una de las primeras era conocer dónde estaba la aviación británica cuando un conglomerado de formaciones terroristas, presentadas como luchadores por la libertad en Occidente, recibía dinero y pertrechos desde el exterior en Siria.

Algunas publicaciones alemanas reconocieron sus sospechas sobre la preparación por oficiales de las fuerzas especiales del Reino Unido de varios de los cabecillas de lo que consideran en Londres grupos de liberación.

Sin aclarar diferencias con los llamados rebeldes en varias capitales de Europa y Estados Unidos, los armados degollaron demostrativamente a civiles, incluidos británicos, en Siria.

Mientras actos agresivos y asesinatos en masa ocurrían en localidades donde las formaciones opositoras ejecutaban a quienes apoyaran al presidente Bashar Al Assad, Occidente miró a un lado e incluso organizó reuniones de Los Amigos de Siria.

En algunas de esos encuentros, celebrados en París, se recaudaron donaciones para respaldar la causa libertaria siria, aunque unos meses después, parte de esos beneficiarios, incluido el terrorista Estado Islámico (EI), actuarían en Europa.

Solo después que el EI tomó Mosul aparecieron las propuestas en Estados Unidos de bombardear a los terroristas, tanto en Iraq como en Siria, a cuyo gobierno nunca solicitaron autorización para actuar en su espacio aéreo.

Ahí viene otra pregunta de Konashenkov, quien indaga sobre la efectividad de varios meses de misiones aéreas con las siempre sofisticadas armas de la coalición internacional dirigida por Washington.

La aviación con alcance de cientos de kilómetros de sus armas teledirigidas fue incapaz de destruir caravanas de vehículos artillados en el medio de zonas desérticas o de eliminar columnas de camiones cisternas con petróleo para el EI.

Sin embargo, en unas 10 mil misiones que realizó el mando ruso, al entrar en acción desde finales del pasado año por petición de Damasco, eliminó a unos 35 mil terroristas, informó recientemente la Cancillería rusa.

Pero Konashenkov llama a Fallon a hacer memoria sobre alguna localidad o población liberada bajo el efecto de las acciones de la aviación aliada o de alguna zona donde pueda demostrar que logró la reconciliación, como si lo hizo Rusia.

Tampoco sería fácil para el titular británico de Defensa referirse a, ya no toneladas, apenas libras de ayuda humanitaria suministradas por los militares occidentales al, como ellos afirman, sufrido pueblo sirio, comentó.

En cada pueblo liberado o fuera de la guerra, que se acercan al millar en Siria, regresa la vida, la agricultura, la enseñanza y la economía, recuerda el mayor general ruso.

Fallon también debería recordar como el exprimer ministro Anthony Blair debió reconocer, tras años de una investigación independiente, que mintió abiertamente para justificar una agresión contra Iraq lanzada de conjunto con Estados Unidos.

A Occidente, como lo anunció la vocera de la Cancillería rusa, Maria Zajarova, le parece preocupar más la posible derrota definitiva de los terroristas en Siria, de lo que sería un símbolo la caída de Alepo en manos del gobierno de ese país.

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