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11.11.2016

El 11 de noviembre se celebra el 195º aniversario del nacimiento de Fiódor Dostoievski. El escritor austriaco Stefan Zweig consideró al maestro ruso «el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos». Sputnik repasa su vida, su estilo literario y su legado a través de los testimonios exclusivos de especialistas y admiradores.

El viento inclemente sobre el río Nevá apenas hace mella en el inexpresivo rostro del hombre. Camina con pasos firmes, cortos y rápidos en paralelo al río, sumido en cavilaciones indescifrables. Quizá su mayor preocupación sea hacer frente a las deudas contraídas en el juego. Si quiere revertir los estragos causados por su ludopatía, deberá entregar en el plazo estipulado la novela que ha moldeado en poco menos de un mes, dictada palabra por palabra a la taquígrafa Anna Grigórievna Snítkina, cuyas veloces manos han hecho cristalizar el milagro creativo. El único temor que atenaza a Fiódor Dostoievski es sufrir un nuevo ataque epiléptico que dé al traste con todo el esfuerzo vertido. Dotar de vida, afectos y libre albedrío a los personajes de ‘El jugador’ le ha costado 26 días. Y el vigésimo séptimo descansó. La escena anterior pudo haber tenido lugar en otoño de 1866. Aconteciera exactamente así o no, es indudable que la vida de Dostoievski y su obra van fuertemente agarradas de la mano. Hay un ‘crescendo’ dramático en sus escenas literarias que acompasa su atribulado periplo vital. Hay en sus escritos pasiones que se agitan hasta hacer perder el control a sus héroes, hay suicidios, muerte, pobreza, asesinatos, miseria y progenitores cuya alargada sombra maniata a sus vástagos hasta el punto de negarles la posibilidad de un futuro. Pero hay también un anverso de amor, de comprensión, de redención. Son los fragmentos vívidos de la memoria los que sirven de faro para iluminar nuestra existencia.

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Dostoievski y Anna Snitkina, su segunda esposa

«El estilo de Fiódor Dostoievski nos habla de las circunstancias del autor, de sus constantes deudas, de su enfermedad, de su experiencia en los campos de trabajos forzados. Dostoievski es fiel en su forma a la trama detectivesca, a menudo presente en su literatura, al misterio que entraña el argumento, a la pugna entre sus ideales y la realidad, al carácter caótico, como él mismo decía, de su época, tiempos de grandes cambios e incertidumbre. En pocas palabras, definiría su estilo como nervioso,

dinámico y, en algunos pasajes, cinematográfico». Así describe el talento de este fenómeno de la literatura universal Mabel Greta Velis Blinova, profesora doctora de Literatura Rusa en la Facultad de Filología Románica, Eslava y Lingüística General de la Universidad Complutense de Madrid. Velis Blinova, que acaba de traducir ‘El idiota’ para la editorial Cátedra, relata las dificultades de trasladar la prosa en ruso de Dostoievski a la lengua española: «El traductor debería conocer la obra y biografía de Fiódor Dostoievski, los problemas de su época y sociedad, las ideas y el pensamiento religioso, moral y político del propio autor». Un imperio decadente La Rusia de Dostoievski es una Rusia que ya no existe, pero a su vez, forma parte de la llamada Rusia eterna, la imagen del país que nos dejaron los artistas de los siglos XIX y XX. A diferencia de otros escritores, los textos del genio ruso se fijan poco en la frivolidad de las fiestas de la alta sociedad y ponen el foco en todas las clases sociales. Especialmente en ese convidado de piedra en el festín imperial que son los sirvientes anónimos y sin rostro levísimamente retratados por otros escritores. En las novelas de Dostoievski, las prostitutas y los asesinos tienen nombre, padres, hermanos… Y, de repente, todos ellos poseen también alma, aunque lo que vemos en ella no siempre será de nuestro agrado. El mundo en el que vivió Dostoievski es un imperio inabarcable y poderoso, pero que, a la vez, incuba muchos de los males que harán saltar por los aires el sistema zarista en 1917 y que lo pondrán en aprietos en la fallida revolución de 1905. Complejidad de su universo creativo «La dificultad en Dostoievski está dada más que nada en la complejidad de los temas tratados: sus libros requieren varias lecturas para llegar a ser plenamente comprendidos. Los personajes del autor fueron antihéroes: la prostituta, el criminal, el alcohólico, el jugador vicioso, el ser enajenado, ‘el otro'», expresa el doctor Vladimir Smith-Mesa, responsable de la sección ‘Dostoevsky in the Hispanic World’ del Do No es solo que las ideas de Dostoievski todavía sigan vigentes hoy en día, sino que, además, su influencia en la literatura lo convierte en un autor muy interesante de investigar en un campo como el de la literatura comparada», asevera Míriam Paulo.

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Trascender el tiempo Vladimir Smith-Mesa alude a la resistencia al tiempo de los textos del maestro, a su vigencia y actualidad. «Los temas sobre los cuales Dostoievski escribió son actuales, en la medida en que son eternos. Las llamadas ‘verdades absolutas’, tal y como las denominara el poeta Borís Pasternak: la vida, el amor, la verdad, la belleza, la muerte». El especialista califica los textos de Dostoievski como «nutrientes para la mente, para la meditación profunda del que los lea». ¿Fuera de las escuelas? La polémica está servida. La complejidad de los textos de Fiódor Dostoievski y el descenso general del nivel de los alumnos propician que el Ministerio de Educación de Rusia esté meditando eliminarlo del programa de enseñanza en colegios e institutos. Galina Ponomariova, directora del museo-apartamento Dostoievski de Moscú, en el que trabaja desde 1958, se permite las siguientes reflexiones al respecto. «Hoy en día, en la ciencia y en la cultura observamos un empobrecimiento. Ahora se está discutiendo la idea de sacar a Dostoievski del programa escolar por su dificultad. Mi opinión: de ningún modo. Como máximo, se puede permitir al profesor que elija. ¿Pero cuáles son las opciones? ¿’Crimen y castigo’? ¿’Humillados y ofendidos’? ¿’Pobres gentes’?», enumera Ponomariova. «Yo considero necesario conservar en el programa educativo una obra como ‘Crimen y castigo’ más allá de su complejidad. Sería muy triste que el profesor eligiera otra que no fuera esa», lamenta.

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Museo apartamento Dostoievski de Moscú

Irina Vitshas, estudiante del Liceo moscovita N°6 de enseñanza general Parus, es toda una experta en el escritor pese a que apenas tiene 16 años. «Lo estudiamos en 10º grado, cuando leímos ‘Crimen y Castigo’, y en 8º y 9º, donde nos centramos en ‘Los hermanos Karamázov’. Fuera del programa escolar, yo he leído por mi cuenta ‘El jugador’, ‘Pobres gentes’ y ‘El idiota'», comenta la joven, que adora los textos de Dostoievski porque «son capaces de cambiar la conciencia y la forma de pensar de las personas».

El interés de Irina Vitshas en este autor del siglo XIX no emergió inmediatamente. «En el colegio estudiábamos a Dostoievski, pero lo considerábamos un ‘escritor antiguo’, en primer lugar porque lo presentaban como un clásico. Pero, sorprendentemente, sus novelas reflejan problemas modernos», agrega. «Mi novela preferida es ‘Crimen y Castigo’, porque la relación entre Rodión y Sonia es conmovedora y te atrapa fácilmente. Sonia Marmeládova, conociendo todos los vicios de Rodión Raskólnikov, no lo rechaza, sino que intenta ayudarlo a encontrar el camino del arrepentimiento. Esto es interesante y una fuente de conocimiento para mí, porque esa candidez, ese deseo de ayudar al otro se encuentra muy raramente en el mundo moderno: muchos cierran los ojos al comportamiento y a los actos de los demás, convirtiendo nuestro mundo en una zona donde las personas se hallan aisladas unas de otras», concluye Irina Vitshas. Quizá la agudeza en la reflexión de la estudiante sea la mejor prueba de que no sería mala idea que Dostoievski conserve su lugar en el sistema educativo ruso.
Tiempos turbulentos

Hasta 1861, fecha de la abolición de la servidumbre, el Imperio ruso era formalmente un régimen feudal, con propietarios administrando no solo tierras, sino también almas. En la segunda mitad del siglo XIX, parece que el país se encuentra en una encrucijada. Poco más de un mes después de la muerte de Dostoievski, el 13 de marzo de 1881 una bomba siega la vida del zar Alejandro II en San Petersburgo. Los ‘nihilistas’ siembran el pánico en la capital imperial, las sociedades secretas y otros grupos conspiran y se preparan para dirimir cuál será el futuro del país. Parece que Dostoievski, como muchos otros, sintió la inminencia de aquel momento ‘decisivo’. Pero después de haber pasado 15 años de su vida en el crudo presidio y tras el exilio siberiano, el escritor no se implica en política, sino que se mantiene equidistante: ni parte al exilio ni se convierte en un cortesano del zar.

Pese a no inmiscuirse en política, Dostoievski se convirtió en el profeta de la Revolución rusa. Su novela ‘Los demonios’ vislumbró que la fuerza destructora del nihilismo dinamitaría los pilares de una sociedad que zozobraba, temblorosa ante el futuro a la vez que era arrastrada por su pasado, irremediablemente, hacia la catástrofe.

El último aliento En la confluencia del callejón Kuznechni con la calle Yamskaya, en el interior del último apartamento que Dostoievski alquilaría en vida, aquellos últimos meses de 1880 en San Petersburgo fueron de gran efervescencia creadora. El tabaco impregnaba cada rincón de la estancia durante la noche, perenne aliada del maestro. Los paseos de uno a otro lado de la habitación liberaban su imaginación: un liviano apunte para plasmar en palabras la reverencia hasta el suelo del ‘stárets’ Zósima que anticipa el destino trágico de Mitya; una idea para adornar una rama de la historia de Aliosha Karamázov; otra pincelada para moldear la maldad poliédrica de Smerdiakov.

Entre línea y línea, aún le queda tiempo para salir a la ciudad y detenerse en uno de los puentes para sentir el viento sobre su rostro y dejar de lado por un rato el absorbente universo literario.

Tal vez entonces Dostoievski piensa en la redención. En esa redención recurrente. La ‘cebolla’ de la que habla Grúshenka en ‘Los hermanos Karamázov’. El acto final e inesperado que acabe salvándonos. Al volver la vista a las calles puede ser que entienda, bajo la tediosa luz otoñal petersburguesa, que no hay escapatoria. Y que sus pasos le llevan al desastre. Un desastre inevitable.  Réquiem por un inmortal La primera parte de ‘Los hermanos Karamázov’ fue publicada por entregas entre enero de 1879 y noviembre de 1880. De la segunda, que iba a estar ambientada 13 años después, Dostoievski no llegó a escribir siquiera una línea.

En el modesto pero confortable apartamento de San Petersburgo, convertido hoy en una casa-museo para turistas, un reloj marca las 8:38 de la noche. Está encima de una mesa de madera marrón con forma octogonal. La hora jamás se mueve, como tampoco el día ni el año: 28 de enero de 1881. En aquel instante la literatura murió.
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