Publicado por: Nahia Sanzo
Artículo Original: Vzglyad

Ucrania y Moldavia han llegado a un acuerdo para la retirada de las tropas rusas de Transnistria, según afirman las agencias, algo que suena tan extraño como si Camboya y Vietnam acordaran la retirada de tropas estadounidenses de Corea del Sur. Pero eso no ha molestado a los autores de la iniciativa: los ministros de Defensa de Moldavia y Ucrania, lo que dice mucho de su cordura.

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Como informó el lunes el ministro de Defensa de Moldavia, Anatoly Shalaru tras su reunión celebrada en Odessa el día anterior con su homólogo ucraniano, Stepan Poltorak, se ha decidido que antes de finalizar el año se habrá preparado un plan conjunto para la retirada de tropas y armamento ruso de Transnistria.

Al mismo tiempo, según Shalaru, Chisinau [capital de Moldavia] pretende realizar un llamamiento a las instituciones internacionales para que asistan en la retirada de las tropas rusas. “Propondremos todas las posibilidades para ello: la ruta marítima por el puerto de Giurgiulesti en el Danubio; por aire, por el aeropuerto de Marculesti y por tierra, por el “corredor verde” a través del territorio ucraniano”, explicó el ministro de Defensa de Moldavia según cita la agencia Tass.

El plan contiene todo menos lo más importante: el consentimiento de Rusia –cuyas tropas pretenden retirar los ministros de Ucrania y Moldavia– y de Transnistria, que de facto jamás ha sido parte de Moldavia independiente, ya que el conflicto se produjo en paralelo al colapso de la Unión Soviética. Esa audacia de Kiev y Chisinau para retirar tropas ajenas en territorio que no controlan roza la estupidez.

Sin embargo, está claro por qué estas declaraciones se producen en este momento. La campaña electoral continúa en Moldavia. Han llegado a la segunda vuelta el socialista Igor Dodon, que propone recuperar las relaciones con Rusia y los Acuerdos de Paz con Transnistria, y Maia Sandu, defensora de la integración europea. Shalaru , aliado de Sandu, quiere, con sus declaraciones, mostrar que son ellos quienes disponen del plan correcto para la Transnistria moldava.

Ucrania, por su parte, adora “inmiscuirse en Transnistria” cuando las cosas en su país no van como les gustaría. La anterior iniciativa de un presidente ucraniano se llamó “Plan Yuschenko” y fue presentada por el presidente de Ucrania una vez que la aplicación de las ideas de la “revolución naranja” se estancó de forma definitiva. Obviamente, el plan no tenía opciones de llevarse a cabo, ya que nunca ha tenido en cuenta los intereses de Transnistria. Kiev y Chisinau pueden acordar la retirada de tropas rusas de Transnistria, firmar todos los documentos necesarios para crear un “corredor verde” desde la frontera entre Transnistria y Ucrania y la de Ucrania y Rusia, pero mientras el plan se realice al margen de Tiraspol [capital de Transnistria] y Moscú (garante oficial de los acuerdos de paz), quedará en papel mojado.

Es posible que Shalaru y Poltorak piensen que su plan puede ayudar a Sandu a ganar la presidencia [de Moldavia] y entonces la OSCE, la ONU, la OTAN y otros presionarán a Rusia para lograr realmente la retirada de tropas. Formalmente, Ucrania es una de las partes involucradas en la solución al conflicto de Transnistria, así que el plan Shalaru -Poltorak invalida su independencia. Por otra parte, Kiev y Chisinau confirman también su crónica incapacidad por buscar una posición común con Rusia y Transnistria.

Teniendo en cuenta que el ejército de Transnistria es más fuerte que el de Moldavia y no se puede comparar las fuerzas armadas de Ucrania con las de Rusia (como ya se sabe, Ucrania ha sido capaz de perder una guerra contra Rusia en la que Rusia ni siquiera se ha presentado), los intentos de presionar a Moscú y Tiraspol solo pueden denominarse como estúpidos. No conseguirán así solucionar el conflicto, aunque ni Shalaru ni Poltorak disponen tampoco de las fuerzas para incitar una nueva guerra en Transnistria.

La victoria de Dodon en Moldavia es posible, aunque no está garantizada. Transnistria también celebra elecciones presidenciales y las perspectivas del actual presidente de la República, Evgeny Shevchuk, no son tan buenas como le gustaría. Así que ni siquiera está claro quién discutirá la solución al conflicto de Transnistria el mes que viene, la cuestión sigue abierta. Pero algo sí está claro: con sus declaraciones, Shalaru y Poltorak se han excluido de la lista de personas con las que Moscú y Tiraspol podrían querer dialogar.

Por otra parte, es preciso también no subestimar el potencial peligro del depósito militar de Kolbasne, custodiado por las tropas rusas. Antes de la terminación del acuerdo de tránsito de las tropas rusas por el territorio de Ucrania, Rusia se disponía a deshacerse gradualmente de 200.000 toneladas de munición obsoleta del depósito más grande de Europa, tarea ahora imposible. En caso de una explosión espontánea o por un acto de sabotaje, el peligro no se limita a Transnistria, sino a Moldavia y las regiones de Ucrania desde Odessa hasta Chernivtsi. Pero en lugar de negociar con Rusia y con Transnistria una solución a un problema tan serio, Ucrania y Moldavia prefieren realizar reuniones por separado en las que ensalzarse mutuamente.

El simple hecho de las irresponsables declaraciones es ya una prueba de la completa degradación de las élites políticas de Ucrania y Moldavia. Para solucionar el conflicto de Transnistria son necesarias nuevas personas en las que reine la cordura, también en Chisinau y Kiev. Pero si en Moldavia es posible ver un cambio a corto plazo, es imposible prever cuándo algo así será posible en la Ucrania de Maidan.

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