Alfredo Serrano Mancilla

Artículo Original

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¿Quiénes son?

Existen 3 grandes Agencias de Calificación de Crédito en la economía mundial que controlan el 95% del mercado: 1) Moody´s Investors, 2) Standard & Poor´s, 3) Fitch Ratings.

Son empresas privadas, que figuran en el catastro empresarial como periodista financiero; y se amparan por las leyes de libertad de expresión de Estados Unidos.

Los propietarios de Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch, forman parte de importantes entramados del poder bancario, empresarial, político y mediático.

Uno de los principales propietarios de la agencia Moody´s es Berkshire Hathaway, un conglomerado económico presidido por el multimillonario Warren Buffet e integrado por otros magnates como Bill Gates. Berkshire Hathway controla un amplio espectro de negocios vinculados a energía, telecomunicaciones, transportes, materiales de construcción, seguros y productos financieros.

Standard & Poor´s (S&P) está controlada por la compañía McGraw-Hill, que se dedica a servicios financieros y análisis de bonos y stocks. Y además tiene negocios en el mundo educativo, editorial y en medios de comunicación.

Su presidente es Harold “Terry” McGraw Hill III, que fue presidente también de Bussiness Roundtable, un poderoso y conservador lobby patronal de los Estados Unidos que ha presionado con éxito para evitar una mayor regulación de las agencias. Este lobby también presionó a la Unión Europea para que dieran marcha atrás con la multa de 13.000 millones de euros impuesta a Apple por beneficiarse de ayudas fiscales ilegales en Irlanda.

La agencia Fitches la más pequeña de las tres grandes y está fuertemente vinculada al grupo Fimalac S.A, con sede en Francia. Además de los servicios financieros, Fimalac se dedica a actividades inmobiliarias y a diversos emprendimientos culturales. El presidente es Marc Ladreit de Lacaharriére, una de las fortunas más grandes de Francia (L´Oreál, Renault o Casino).

12 ejemplos de insolvencia analítica

A mediados de 2006 sólo había nueve empresas en el mundo con la calificación máxima de triple A (máxima nota); en enero de 2008, el número de instrumentos financieros con esa nota pasaron a ser 64.000. En plena crisis, las agencias de calificación daban la máxima nota al mundo financiero.

Antes de la crisis de los bonos de hipotecas basura (subprime) de 2008, estas agencias les dieron la máxima calificación crediticia a estas mismas hipotecas basura y a bancos que resultaron subsistir de estafas, entre ellos a Lehman Brothers.

La gigante estadounidense Enron tuvo la más alta calificación a pesar de que llevó una contabilidad ocultando deudas. Mantuvo la alta calificación aún después que sus acciones cayeran de 70 a 3 dólares.

Un caso que resultó muy escandaloso fue el de la aseguradora alemana Hannover Rück. Esta empresa declinó la oferta de Moody’s de ser calificada de forma gratuita pero la agencia decidió calificarla igualmente. Ante la negativa de Hannover de pagar unos servicios no solicitados, Moody’s calificó los bonos de la empresa al nivel de bono basura. Esto alarmó a los inversores provocando que en unas horas la empresa perdiera casi 200 millones de dólares.

El propio Departamento de Justicia de Estados Unidos ha venido investigando el comportamiento fraudulento de estas agencias. Por ejemplo, se está investigando a Moody’s por inflar la calidad de los activos hipotecarios que dieron lugar a la crisis financiera de 2008. Ya existe sentencia por un valor de 1.300 millones de dólares contra S&P por cometer fraude en relación a la calificación de bonos hipotecarios antes de la crisis financiera.

El propio Congreso de Estados Unidos dictaminó en el 2011 que el trío Fitch, S&P y Moody´s fueron corresponsables de la gran crisis financiera 2007-2008.

En el caso de Islandia, se le concedió una nota de AAA debido a su nueva legislación bancaria liberal, y luego, en 2008, el sistema bancario islandés entró en quiebra.

Portugal, Italia, España y Grecia también fueron atacadas por estas agencias rebajándole la nota a pesar de haber emprendido las reformas neoliberales que mandaron desde la Unión Europea.

En diciembre de 2013, la Autoridad Europea de Mercados y Valores puso de manifiesto la existencia de conflictos de intereses y la falta de confidencialidad en relación con estas agencias de calificación.

La poca independencia de una de estas agencias, concretamente Moody’s, se demostró en una declaración del propio vicepresidente de la agencia tras dejar la compañía ante la Comisión Federal de EEUU. El ex vicepresidente reconoció que “lo más importante para tal agencia no era la objetividad y veracidad de los estudios, sino la satisfacción de sus clientes que financiaban tales estudios”.

Para el caso de Venezuela, En marzo de 2013, Fitch y Moody’s manifestaron lo siguiente: “Venezuela enfrenta una difícil transición a una nueva era de gobierno después de la muerte del líder izquierdista Hugo Chávez”, y por ello, amenazaron con una rebaja futura en la calificación del país. Amenaza que cumplieron meses después, por ejemplo, Moody’s redujo la calificación de Venezuela en diciembre de 2013 de B2 (negativa) a Caa1 (negativa). Por el contrario, Venezuela siguió pagando su deuda externa sin caer en default.

Recientemente, cuando la petrolera venezolana PDVSA anunció la oferta de canje de bonos para octubre de 2016, Fitch y S&P rebajaron sustancialmente la calificación de la empresa estatal. S&P rebajó los bonos de PDVSA a CC con “panorama negativo” y Fitch anunció que lo rebajaría a CCC negativa. Sin embargo, el canje se realizó con una participación exitosa superior al 50% en muy pocas semanas de plazo.

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