Alexander Rostovtsev

donetsk

¿Qué distingue nuestra historia nacional de todas las demás?. El número de héroes y de hechos heroicos, casi inalcanzable para otras naciones. No necesitamos superhombres ni hombres araña, desde que nos chupamos el dedo, para la educación de nuestras generaciones futuras.

La mayoría de la gente recuerda, desde su infancia, hazañas de héroes individuales, grupos pequeños e incluso ejércitos y frentes enteros. En 1965, comenzó la tradición de premiar a toda la ciudad por la fortaleza y el heroísmo sin precedentes de sus defensores durante la guerra. Las conocemos como Ciudad Heroica y Ciudad de Gloria Militar.

Sin embargo, incluso entre las ciudades heroicas, hay algunas que destacan entre las demás. Por el hecho de que lucharon contra el sitio o directamente en la línea de frente durante mucho tiempo.

La primera de ellas es la Ciudad Heroica de Leningrado. Desde el 8 de septiembre de 1941 hasta el 27 de enero de 1944, durante 872 días, sufrió el bloqueo más duro que costó la vida a cientos de miles de civiles y defensores de la ciudad. Leningrado fue asediado por tropas alemanas y finlandesas. No consiguieron entrar con los tanques inmediatamente y sufrieron graves pérdidas en su camino hacia la ciudad, así que los nazis y sus aliados decidieron llevar a la ciudad a la sumisión por el hambre, el frío, y los ataques regulares con bombas, que creían que obligaría a sus defensores a capitular. Sin embargo, los residentes de Leningrado se negaron a rendirse. En condiciones inhumanas, con hambrunas, la gente no sólo logró sobrevivir, sino también trabajar en la defensa y limpiar y ordenar su ciudad.

El punto de inflexión se produjo el 18 de enero de 1943. Gracias a los esfuerzos increíbles de las tropas de los frentes de Leningrado y Volkhov, se rompió el bloqueo de Leningrado y se restableció la comunicación con la ciudad por tierra, aunque pasó otro año más hasta el levantamiento total del bloqueo.

La Ciudad Heroica de Sebastopol. La segunda defensa. Del 12 de septiembre de 1941 al 10 de julio de 1942. Lo que ayudó a Leningrado a ponerse en pie fue la hazaña de los defensores de Sebastopol. Los alemanes llevaron toda su artillería de gran calibre a Sebastopol. En una pequeña sección del frente los ocupantes acumularon más de 200 pilas de artillería de campo de 210 mm, reforzadas con obuses pesados de 300 y 350 mm preservados desde la época de la Primera Guerra Mundial.

Viendo que Sebastopol era una nuez dura de romper, los alemanes la bombardeaban con cañones superpesados — un obús Gamma Morser de 420mm y dos morteros Karl motorizados de 600mm. En Sebastopol, por primera y última vez, se utilizó un monstruoso cañón de 800 mm, «Dora», que lanzó 7 toneladas de proyectiles igualmente monstruosos.

El 10 de julio de 1942, la heroica Sebastopol cayó, como un soldado que no se rindió al enemigo.

Voronezh, Ciudad de la Gloria Militar. Luchó durante 212 días, desde el 7 de junio de 1942 hasta el 25 de enero de 1943, en la línea de frente que cortó la ciudad por la mitad. Las tropas alemanas y húngaras no pudieron tomar por completo la ciudad, lo que afectó el resultado de la batalla de Stalingrado.

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Hace unos años, habría parecido delirante que, en pleno siglo XXI, después de más de 70 años del comienzo de la Gran Guerra Patria, habría otra ciudad rusa que estaría de pie, durante mucho tiempo, bajo el fuego. Su nombre es Donetsk, y justo el otro día la ciudad ha sobrevivido el día 900º de asedio.

Por una serie de factores, la defensa de Donetsk es muy similar a la defensa de Sebastopol, Voronezh y Leningrado. Como los nazis hicieron una vez a Sebastopol, los banderistas bombardean las áreas residenciales de Donetsk con artillería convencional y de cohetes que tienen amontonada en las afueras de la ciudad.

La capital de la República Popular de Donetsk (RPD) ha visto «Doras», «Carls» y otros «Morsers» lanzados por los banderistas, sólo que en sus formas actuales. Los misiles «Tochka-U» y «regalos» de los MLRS «Smerch» y «Uragan», y morteros pesados de sistemas motorizados «Tulpans».

Durante 900 días, los niños de Donetsk han aprendido a distinguir entre un mortero y una explosión de un proyectil de artillería, y aún más, la del MLRS «Grad». Nadie querría que sus hijos aprendieran por experiencia propia cómo distinguir el tipo de munición que llega por su sonido, y cómo esconderse, según las reglas, en un refugio, si un ataque los alcanza durante un partido de fútbol .

¿Cómo es vivir al borde de una espesa ciénaga, de la cual salen regularmente demonios y basura asesina, colectando peaje en vidas humanas?.

Sin embargo, a veces es posible apartar ese pantano. La operación en las afueras de Donetsk, que fue similar al asalto de la colina de Mamáyev Kurgán, ocupada por Hitler, con artillería atrincherada: los batallones «Esparta» y «Somalí» limpiaron el aeropuerto de los «cyborgs» atrincherados allí. Las ruinas del aeropuerto y la zona circundante habían sido transformadas por los nazis ucranianos en un peligroso trampolín, desde las cuales bombardeaban Donetsk casi hasta el centro con artillería, y donde acumularon sus tropas y amenazaban a la ciudad con otro asalto.

La junta de Kiev estaría feliz de borrar de la tierra a Donetsk, así como a otras ciudades y pueblos de las Repúblicas Populares, pero para medidas tan drásticas no tiene suficiente fuerza ni soberanía. No tiene fuerza suficiente porque durante 20 años, la parte del león del arsenal soviético heredado de tres distritos militares ha sido robado y depositado para reciclar. No tiene suficiente soberanía porque sus custodios no necesitan genocidio ni hostilidades demasiado obvios en Donbass, ya que el resultado puede ser impredecible. Como ocurrió el 24 de agosto de 2014, con el «desfile» para los que querían marchar en Donetsk y Lugansk, Sebastopol y Moscú. Fue cuando los sueños se hicieron realidad, pero no exactamente como se esperaba.

El sueño y la tarea más cercana de la junta es recuperar, por cualquier medio, el control sobre la frontera con Rusia y convertir a Donbass en un gran campo de concentración, cortando el territorio rebelde a cualquier ayuda externa. Es por eso que Kiev responde tan brusca e histéricamente a todos los convoyes humanitarios que llegan a las repúblicas desde Rusia.

En el primer invierno en guerra, los convoyes humanitarios ayudaron a Donetsk y a otras ciudades de las Repúblicas de Donetsk y Lugansk a sobrevivir. En ese momento, se solventó la aguda carencia de las necesidades básicas, pero no se superó completamente.

Una cosa diferente es dedicar unas cálidas palabras a los residentes de Donetsk, quienes, como los residentes de Leningrado durante el asedio, por su propia voluntad, reconstruyen y cuidan su ciudad. Mirando las flores, las fuentes, las casas y las calles, los parques infantiles, las carreteras suaves y las instalaciones municipales bien mantenidas, es difícil creer que en algún lugar cercano se encuentra la línea del frente, que proyectiles ucranianos impactan regularmente en calles y hogares, y como en el sitiado Leningrado, en las paredes hay letreros de advertencia: «Durante los bombardeos este lado de la calle es más peligroso». En cualquier caso, la comparación no es favorable a «EstoesEuropa», inactiva y monótonamente pintada en dos colores, y hace mucho tiempo convertida en un gran vertedero de basura sin perspectivas de limpieza.

Los 900 días de Donetsk aguantando de pie bajo el fuego no es un día festivo ni es logro. Es el pozo en el que la civilización europea ha caído en los últimos 25 años. Y, lo peor de todo, no está claro si va a salir. O, al menos, si hay un deseo de salir del pozo. Por desgracia, esto significa que la vida de la gran ciudad en el borde de la guerra continuará indefinidamente.