Traducido y publicado por: Nahia Sanzo
Artículo Original: Liza Reznikova / Antifashist

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Viernes, 18 de noviembre, mitad del día. El voluntario de Donetsk Andrey Lisenko recibe una llamada de alguien que pide ayuda contando una historia terrible: en la aldea de Scheglovka, entre Donetsk y Makeevka, en una casa completamente destruida, vive una solitaria pensionista que se muere de hambre y de frío. Nos reunimos y nos dirigimos allí.

Con dificultad nos las arreglamos para encontrar la calle. Se encuentra al lado del cementerio de Scheglovka. Durante los intensos bombardeos de Donetsk y Makeevka, el cementerio resultó repetidamente golpeado. Los bombardeos también afectaron a las viviendas colindantes, incluida la de Lyuba, la anciana a la que visitamos.

Atravesamos la puerta. Inmediatamente me llama la atención la limpieza y el orden del jardín y del cuidadosamente barrido camino. En general, los jardines limpios y arreglados son uno de los rasgos de Donbass, un pueblo que no solo trabajaba en la producción, sino también en sus casas.

De la casa solo quedan las paredes. Todo el interior está destruido y quemado.

¿Dónde está la anciana? Abrimos las puertas de todos los cobertizos en el jardín. De repente, chirría la puerta de una pequeña habitación junto a la casa y por ella aparece la anciana Lyuba. En los huesos y con ojos cansados, viste un gorro rojo, abrigo y varios jerséis por debajo. Apenas se tiene en pie: escuálida, camina apoyándose en un bastón. “¿Chicos, vienen por mí?”, pregunta al acercarse para vernos mejor. A Andrey y a mí se nos pone un nudo en la garganta.

2

Entramos en la casa de la anciana. Una pequeña despensa de tres por tres metros ha sobrevivido milagrosamente al impacto de un proyectil. En ella se encuentran todas las posesiones que la mujer consiguió salvar del fuego. Hay unas pocas cosas: viejas botas, mantas, cazuelas, utensilios de cocina, cubos. Algunos de los vecinos trajeron una estufa para Lyuba. Solo la enciende cuando el frío se hace insoportable. La estufa quema el oxígeno y se hace difícil respirar, así que tenemos que abrir la puerta de la calle para que vuelva a entrar aire fresco en la despensa. Y en la calle hace frío, incluso en ese momento, a media tarde y con un día soleado, el termómetro marca un grado bajo cero. Milagrosamente ha sobrevivido el frigorífico y uno de los armarios de la cocina y los vecinos le han ayudado a llevarlo todo a la despensa. Amontonados en la esquina, uno junto a otro, hay tres gatos. Dos más corretean por el jardín. Estos animales son los únicos amigos y la única “conversación” que tiene la mujer.

Lyuba Alexandrovna tiene 84 años. Nació y creció en Donetsk. Durante la ocupación alemana de Donbass, Lyuba ayudó a nuestras tropas. Los alemanes no habrían sospechado que una niña pequeña con coletas podría ser una espía. Se graduó en el instituto y trabajó toda su vida en la industria de Donbass. Se casó y tuvo dos hijos. Cuando explotó el reactor de Chernóbil, el hijo mayor de Lyuba fue uno de los primeros en llegar para eliminar las consecuencias del accidente. Resultó intoxicado y murió poco después de regresar a Donbass. El hijo menor de Lyuba quedó discapacitado en un accidente trabajando en la mina. El marido de Lyuba murió antes de la guerra.

Con el inicio de la guerra, la vida de la anciana se convirtió en un infierno. Al contarlo, inmediatamente se echa a llorar. Duele ver las lágrimas caer por sus arrugadas mejillas.

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Cuando Ucrania dejó de pagar las pensiones, Lyuba empezó a pasar hambre. Los vecinos le ayudaban trayéndole comida, lo que les sobraba. Al menos entonces la casa aún estaba intacta. Se escondía de los bombardeos en el sótano de la casa. Pero en 2015 eso cambió. En una terrible noche, dos proyectiles cayeron en el jardín: uno de ellos explotó en la casa y el otro en el jardín. La mujer tuvo suerte de sobrevivir. La casa no. El tejado quedó completamente quemado, se rompieron todas las ventanas y los techos y algunas paredes se cayeron. Se quemaron los muebles, la cama, la televisión. Se quemó todo lo que había conseguido con el trabajo de toda una vida.

El proyectil que explotó en el jardín dejó un cráter de medio metro. La abuela llora al recordar cómo cavó con las manos. La pala y el rastrillo estaban en el pasillo y también se quemaron.

De milagro sobrevivió lo que antes utilizaba como despensa, después como cobertizo. Aunque no tiene tejado. Sus amigos le ayudaron a colocar una vieja tabla, pero cuando llueve gotea, así que la abuela utiliza los cubos y las cazuelas. Las ventanas rotas se cubrieron con las tablas de los armarios. Lyuba solo ve la luz del día al salir a la calle.

4

Sobrevivió al pasado invierno con dificultad. Su salud se resintió notablemente. Hizo mucho frio y enfermó. La humedad hizo mella en sus huesos, que apenas se tienen, y ahora se ayuda de un bastón. Pero aun así, sigue cuidando el jardín. Eso le ayuda a superar estos terribles momentos de su vida.

Y ahí es donde aparecieron los problemas. Con la explosión se resintió el suministro de agua, algo estaba dañado en las tuberías. En un principio, el agua seguía fluyendo, pero después dejó de hacerlo. Lyuba llamó a alguien para que lo reparara. Y lo hicieron. Eso le costó a la mujer 2.000 rublos, toda su pensión. Lo pagó, pero tuvo que pasar hambre el resto del mes.

Lyuba parece querer hablar sin parar. Se percibe que está feliz de tener a alguien que le escuche, lo necesitaba. Alguien humano y no los gatos, que se han convertido en sus únicos compañeros. La mujer nos abraza y nos pide que nos sentemos con ella un rato. Llora. No nos contenemos y lloramos con ella.

Sabemos que hay que hacer algo. La mujer simplemente no puede sobrevivir otro invierno en la despensa. Amigos de Andrey le han ofrecido una plaza en una residencia, pero Lyuba se niega en rotundo. Andrey insiste. Entonces surge la idea de ingresarla una temporada en el hospital para cuidar sus huesos, ya que apenas puede andar y su extrema delgadez le hace estar exhausta, y tener un tiempo para pensar cómo le podemos ayudar para mejorar un poco su desgraciada vida. Ha vivido dos guerras. Uno de sus hijos fue un héroe que acudió para salvar a otros en cuanto se enteró del desastre de Chernóbil. No podemos permitir que esta mujer se congele en una despensa y se muera de hambre rodeada por sus gatos.

Queridos lectores. Si tienen la posibilidad de ayudar a Lyuba, contacten con Andrey Lisenko por Vkontakte o Facebook.

También apelo a todos los ucranianos a que lean este artículo. Que miren con atención a las fotografías de la abuela Lyuba. Que comprendan contra quién dispara su ejército, a quién destruye su Gobierno, las casas de quién están destruyendo y qué vidas están haciendo insoportables. ¿Quieren que siga?