Comenzó el año 2017, y los consumidores vemos con estupor cómo el fenómeno del bachaquerismo se ha institucionalizado como una forma de venta completamente normal en bodegas, abastos, pequeños establecimientos, ventas al detal y mercado municipales.

Lo que al inicio de esta larga guerra económica había sido una práctica semiclandestina ahora se da a la luz pública, con el mayor desparpajo. Sí, estos seudocomerciantes ofrecen los productos de la cesta básica con sobreprecios que van desde 5.000% a 6.000% y hasta mas, pero lo mas insólito es que incluso se dan el tupé de remarcar los productos con etiquetas que dicen: “precio justo”.

Así vemos que los bienes que habían desaparecido como la leche en polvo, el café, el arroz, los huevos, el aceite y los pañales, por citar solo algunos casos emblemáticos, han reaparecido pero con unos precios francamente absurdos.

Lo peor es que si alguna institución tiene la osadía de fiscalizar a sus majestades, automáticamente se activan en red y ¡zas!, como por arte de magia desaparecen nuevamente todos los artículos para “engordarlos” unos meses o el tiempo que sea necesario, hasta volverlos a sacar mas caros y así hasta el infinito.

Con sus variantes esa ha sido la metodología empleada por esta burguesía parasitaria importadora, desde que consolidó su aparición en la década de los años 50 y 60 de la pasada centuria. Siempre han utilizado el viejo truco de fomentar escasez para incrementar los precios, porque es con ese recurso que consiguen la cristalización de exorbitantes ganancias.

Y es también una forma muy habilidosa de apropiarse de la renta petrolera, sin mayores contratiempos. Pero ninguno de los padres fundadores de esta oligarquía hubiera imaginado que se podía abultar de manera tan descarada los precios. Lo que están haciendo solo puede calificarse como un crimen de lesa humanidad. El pueblo resiste con estoicismo pero clama por sanciones ejemplarizantes contra este chantaje económico.

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