El fin del Tratado de Libre Comercio con América del Norte es una gran oportunidad para México de mirar hacia el sur.

El TLC, el Tratado Libre Comercio, fue obra de Carlos Salinas de Gortari. Uno de los grandes traidores de la historia reciente del país. El innombrable, le dicen. Salinas prometía que con la privatización de la economía y con la integración con América del Norte íbamos a llegar al primer mundo. Todo esto fue una mentira. Porque desde la firma del tratado de libre comercio se ha destruido el campo mexicano, se ha desarticulado la economía nacional. El salario ahora alcanza para menos. El crecimiento económico apenas llega al 2,5 % al año.

Cada día más, México depende más de los Estados Unidos. La economía mexicana ya no sirve para satisfacer las necesidades de los mexicanos, sino que solamente sirve de oportunidad de lucro y saqueo para las empresas transnacionales. En este contexto, Enrique Peña Nieto sigue insistiendo en llevarse bien con Trump e integrarnos en América del Norte. Hasta ofreció la cabeza del Chapo Guzmán en bandeja de plata a Trump el primer día de su mandato. Esto no es el camino. En lugar de ver hacia el norte, tenemos que ver hacia el sur. Volver a confiar en nosotros mismos, mexicanos, y aliarnos con nuestros hermanos y hermanas de América Latina. Así vamos a poder revivir la economía y la política en México.

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