La reunión entre grupos armados y el gobierno de Siria en Astaná pareció fijar, al menos, un nuevo esquema para buscar una salida negociada a la crisis en el país levantino, al dar un corto paso en el largo camino hacia la paz.
Parecen históricos los momentos cuando en dos ocasiones las partes enfrentadas en Siria se sentaron a la misma mesa redonda en sesiones plenarias, aun cuando después fue imposible un diálogo directo entre ellos.

Como afirmó el enviado especial del Kremlin para Siria, Alexander Lavrentev, al menos se pudieron ver las caras y eso es un paso de avance importante, pues en dos días de negociaciones, luego de seis años de conflicto, era difícil, dar un gran salto, estimó.

Para el diario Nezavisimaya Gazeta, las negociaciones en la capital de Kazajstán dejaron en claro los verdaderos puntos de contradicción que mantienen vivo el conflicto, algunos de ellos insolubles.

La oposición armada, que participó con delegados de 13 formaciones en activo, estuvo en contra de la propuesta de Damasco de mantener a Siria como estado cívico y laico, es decir, sin una prevalencia del Islam, algo con lo que tampoco estuvo de acuerdo Turquía.
Ankara, junto a Moscú y Teherán, acudió a Astaná en calidad de garante de la tregua pactada en Siria desde el pasado 30 de diciembre y auspiciador del evento, en el cual también participaron representantes de Estados Unidos y la ONU.

Otro de los problemas pendientes que dejó la consulta fue la de una separación completa de los terroristas de la llamada oposición moderada, pues aunque los armados presentes en la reunión cumplieron esa tarea, otras agrupaciones se mantienen ligadas a los terroristas.

Contra agrupaciones como el movimiento Estado Islámico (EI) y el Frente Al Nusra, la aviación estratégica rusa realizó al menos tres misiones de envergadura en los últimos días en la norteña provincia de Deir-ez-Zor, donde actúa el EI.

Además, comenta el rotativo Kommersant, finalmente, la declaración de la reunión de Astaná la rubricaron Rusia, Turquía e Irán, pero quedó sin la firma del Gobierno y la oposición armada, que solo la aceptaron verbalmente.

Sin embargo, todos coincidieron en señalar que no hay solución bélica a la crisis siria y respaldaron la creación de un mecanismo tripartita (los países garantes) para controlar el régimen de cese de hostilidades en toda Siria.

Uno de los puntos que pareció unir a todos en la capital kazaja fue el interés por combatir al EI y a otras agrupaciones terroristas.

Pero Estados Unidos, pese a los anuncios de la nueva administración de Donald Trump de apoyar la lucha contra el terrorismo en Siria, fragua otros planes en coordinación con la resistencia kurda.

Contrario a la posición de Turquía, Washington respalda a los miembros de los Destacamentos de Autodefensa y el llamado Ejército Democrático Sirio, en zonas donde los kurdos mantienen bajo su control en el norte sirio, señala Nezavisimaya Gazeta.

La parte norte del país levantino, coincidentemente, es una de las de mayores yacimientos de hidrocarburos. En la ciudad de La Hasaka, el Pentágono parece haber instalado una base militar con 800 militares, según el rotativo Daily Sabah.

Por ello, incluso en caso de lograrse avances en la próxima ronda de negociaciones sobre Siria, el 8 de febrero en Ginebra, la parte kurda, que quedó fuera del encuentro de Astaná, podría frenar un arreglo general o demandar una autonomía de Damasco.

De cualquier forma, la reunión en Kazajstán mostró las posibilidades de la diplomacia rusa de tomar la iniciativa en el esquema de una solución al diferendo sirio y de cómo iniciar una separación de los terroristas de la llamada oposición moderada.

Ello sentaría las bases para un proceso político para el cual Moscú ya propuso, incluso, un proyecto de una nueva Constitución.

Como afirmó en su momento el Ministerio ruso de Defensa, mientras la paz llega, en Siria a nadie se le dio la orden de cesar el hostigamiento a las fuerzas terroristas, lo mismo en Raqqa, bastión del EI, como en Deir ez-Zor o en las afueras de Damasco.

Astaná fue un paso corto hacia la paz siria de la mano de Rusia, en un camino plagado de obstáculos que imponen, tanto los jugadores internos del conflicto como los externos, con sus intereses propios.

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