Poroshenko irradia optimismo a diferencia de la mayoría de los expertos ucranianos, que hacen una evaluación pesimista de las perspectivas sobre la continuidad de la protección estadounidense. El otro día anunció una reunión de emergencia con Donald Trump.

«Yo fui uno de los primeros líderes mundiales a los que Trump llamó inmediatamente después de las elecciones. Tuvimos un diálogo prometedor y acordamos la fecha de mi visita a Washington inmediatamente después de la toma de posesión», dijo Poroshenko en una entrevista al canal de televisión Bloomberg.

Los motivos de Poroshenko para estas afirmaciones patéticas son bastante claros. Como siempre, está jugando con el público y tratando de convencer a los ucranianos de que «América está con nosotros». De hecho, el presidente ucraniano necesita de Donald Trump una mera bagatela. Para el bandido de los 90, este pequeño servicio podría ser denominado con la palabra mágica «protección». En ese momento, el vendedor de bazar necesitaba la «protección» contra la extorsión de pandillas callejeras. Poroshenko necesita «protección» para defenderse de los grupos oligárquicos rivales.

Poroshenko debe sus casi tres años de vida tranquila exclusivamente al apoyo de la administración Obama. Incluso un personaje tan temerario como Benny Kolomoisky era consciente de que rebelarse contra Poroshenko era como rebelarse contra Estados Unidos. Sería instantáneamente privado de sus propiedades, se le intervendrían sus cuentas y se convertiría en un delincuente buscado internacionalmente por muchos de sus crímenes. Las quejas de las personas, dramáticamente empobrecidas como resultado de las reformas, sobre los abusos obscenos de las autoridades, también se limitan a sus cocinas. Los ucranianos se dan cuenta que los patrones americanos harán la vista gorda a cualquier crimen de «su hijo de puta». Nadie quiere unirse a los «heroicos Cien en el Cielo».

Por el bien de la «protección» americana, Poroshenko hará cualquier cosa por Donald Trump. Si éste le ordena luchar con Rusia, lo hará. Si le pide que venda a los ucranianos en la esclavitud de la deuda durante cien años, lo hará también. El único problema es que Trump no necesita nada de Poroshenko. Ni Poroshenko, ni Ucrania interesan al nuevo presidente estadounidense, porque son un proyecto fracasado.

De hecho, el interés de EE.UU. en Ucrania comenzó a desaparecer hace un par de años. No es una sorpresa: el «Independiente» había resultado ser incapaz de convertirse en una herramienta eficaz para presionar a Rusia. La pregunta sobre a quién pertenece Crimea fue contestada al principio. El Kremlin era muy consciente de que la Crimea ucraniana no es sólo la Crimea que reprime al pueblo ruso, sino también con bases de la OTAN. Ucrania tampoco logró atraer a Rusia a un conflicto total. La «ocupación» del «Independiente», con todas las consecuencias negativas para Rusia, no ha tenido lugar. Para justificar de algún modo este «malentendido», los propagandistas ucranianos tuvieron que inventar el mito completamente idiota de una «guerra híbrida», durante la cual las relaciones diplomáticas no se interrumpen, el tráfico se preserva y los negocios del «país agresor» operan como si nada hubiera sucedido. Los ucranianos estaban satisfechos con esta explicación: se desarrolla una guerra híbrida, y, en medio, vamos a trabajar a Rusia.

Las sanciones impuestas por Occidente tampoco causaron la presión adecuada en el Kremlin. Sólo unieron a la sociedad rusa y permitieron al gobierno llevar a cabo las reformas necesarias y que eran impopulares. De hecho, debido a las sanciones, las autoridades rusas han llevado a cabo una operación para expulsar del mercado los productos importados. Las consecuencias de este paso se verán más adelante, pero hoy agradecemos sinceramente a Barack Obama por dar el pretexto para que el Kremlin apoye al productor ruso.

Además, los tristes resultados de la «revolución de la dignidad» se han convertido en la vacuna para los rusos contra la enfermedad ucraniana, el «Maidán del cerebro». Hoy en día, sólo los ucranianos apedreados con la propaganda puede soñar con un cambio de poder en Rusia. En realidad, después de la «victoria» euromaidiana, una revolución de color en Rusia es prácticamente imposible. Además, la inestable situación en Ucrania ha permitido a Moscú acelerar la construcción de rutas alternativas de transporte de gas a Europa. Tras la puesta en marcha de la Nord Stream 2 y el Turkish Stream a través de Turquía, Kiev está perdiendo la influencia que tenía sobre Moscú por su sistema de transporte de gas.

Ahora, quiero repetir una vez más la pregunta de lo que Poroshenko puede ofrecer al nuevo presidente americano. ¿Un dolor de cabeza, como Ucrania?. Trump no es tan ingenuo como para aceptar asumir la responsabilidad por los fracasos de su predecesor.

Al parecer, los ucranianos aún no se han dado cuenta de por qué Obama evitó las reuniones personales con Vladimir Putin. No tuvieron nada que ver con su antipatía. En las negociaciones cara a cara, el increíble disparate sobre las virtudes de la democracia americana no funciona. Usted tiene que hablar específicamente y responder a preguntas específicas, de las cuales Vladimir Putin tiene un gran número sobre la situación en Ucrania. ¿Podría Barack Obama haber admitido que, como resultado del golpe arreglado por los Estados Unidos, el poder en Kiev ha sido tomado por los neonazis, y ellos son los responsables de todos los crímenes cometidos en el país?.

Algunos expertos creen que Donald Trump puede «ceder» Ucrania a Putin a cambio de concesiones geopolíticas en otras direcciones. Tal vez, Trump quisiera hacerlo, pero Vladimir Putin ha demostrado repetidamente por sus acciones que ni vende los intereses nacionales de Rusia ni traiciona a sus aliados. Obviamente, se trata de aliados, pero no de hipócritas como Yanukovich. Los ucranianos no se enfrentan a un «intercambio» por Siria y China. Donald Trump ya no proporcionará apoyo a Ucrania únicamente porque Ucrania no le interesa.

Poroshenko puede, por supuesto, reunirse con Trump, pero esta reunión es poco probable que sea agradable para él. A juzgar por todas las declaraciones anteriores del nuevo ocupante de la Casa Blanca, está acostumbrado a llamar al pan pan y al vino vino. Crimea es parte de Rusia, y ningún poder puede cambiar esta realidad. Trump tampoco se preocupa por las sanciones contra Rusia, ya que son los europeos los que las sufren, para empezar. Es su dolor de cabeza, y Trump no está obligado a tratarlo. No tiene sentido que Estados Unidos apoye financieramente el régimen corrupto de Poroshenko. Después de todo, Trump es muy consciente de los millones del oligarca Poroshenko que han sido derivados offshore. De hecho, mejor que Trump no se comunicara con los representantes del actual régimen en Kiev, porque afectaría negativamente a su reputación.

Cuando Poroshenko anunció su posible reunión con Donald Trump, recordé una broma contada por el presidente de la Academia de Ciencias de la URSS, Anatoly Aleksandrov.

“En 1916, mi hermana comenzó a practicar el espiritismo. En tiempos difíciles siempre afloran esas aficiones. Una vez mi padre dijo, dirigiéndose a los espiritistas, «puedo creer que ustedes puedan llamar al espíritu de Lev Tolstoy o Anton Chekhov, pero nunca voy a creer que hablaron con ustedes, tontos, ¡durante 2 horas!».

Algo similar puede decirse de la reunión de Poroshenko con Trump. Se podrá celebrar, pero es imposible encontrarle un sentido práctico.

Sergey Belov

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