El lunes, 16 de enero, el vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden realizó su visita de despedida a Ucrania. Hace dos años, Biden bromeó diciendo que hablaba más con Poroshenko que con su propia esposa. La visita fue la quinta desde el inicio de Maidan. Biden se ha sentado en el sillón presidencial, ha pronunciado discurso desde la tribuna del Parlamento, ha nombrado y cesado ministros ucranianos y su hijo incluso ha extraído gas ucraniano. Ahora Biden se marcha. Y con ello comienza otra vez a hablarse de que sin ese poderoso apoyo, Poroshenko será incapaz de mantenerse en el poder.

Tras su reciente discurso en Odessa, donde Poroshenko presentó finalmente al sustituto de Saakashvili, ha vuelto a aparecer las dudas sobre la salud del presidente. Se dice que Petro tiene tan mal aspecto que puede que no le quede mucho tiempo. Como si tuviera un pie en el otro mundo. Me recordó a la historia de la elección del papa Juan XXII en 1316, cuando el rey de Francia encerró a los cardinales y no les permitió salir hasta que eligieran otro papa. Los cardinales encontraron una solución brillante: elegir a Jacques Duèze, de 72 años, un hombre que ya se estaba muriendo.

Pero en cuanto Jacques Duèze fue elegido, milagrosamente se curó y ocupó el trono de San Pedro durante los próximos 18 años, tanto que sobrevivió a la mayoría del cónclave. Nadie habría pensado que aquel viejo enfermo llegaría a ver su 90 cumpleaños y será uno de los papas más activos y enérgicos de la historia. En este caso se comete, en mi opinión, un error similar presentando al desmejorado Poroshenko como un hombre prácticamente moribundo.

Pese a que muchos analistas predicen constantemente el colapso y el abandono de la presidencia, la posición de Poroshenko parece que en realidad se hace más fuerte. Este tipo de predicciones aparecieron el año pasado, pero 2016 no solo no acabó con Poroshenko, sino que, al contrario, la posición del presidente ucraniano se hizo aún más fuerte en este periodo.

Los políticos, al referirse a los asuntos ucranianos para el público ruso, olvidan algo importante: el hecho de que la política de Ucrania, especialmente en los últimos 15 años, se ha hecho más sofisticada, inteligente, traicionera y, digamos, más creativa e impredecible que la rusa. Por ejemplo, ahí tenemos a Mijail Kasyanov. ¿A alguien se le ocurriría que pudiera ser primer ministro con un porcentaje de aceptación que no llega al 1%? Probablemente no. Sin embargo, en Ucrania, Groisman sigue siendo primer ministro con un 0,9% de aceptación. Incluso el propio Yatseniuk, con una aceptación del 0,5%, en ciertas condiciones, podría volver a ser primer ministro. Al fin y al cabo, ¿no controla el Frente Nacional el 20% de los escaños del Parlamento? El actual nivel de aceptación del partido, alrededor del 1%, no está muy por delante del de su líder, pero aun así sigue siendo importante en la estructura de poder.

Algunos bromean diciendo que el nivel de aceptación de Poroshenko es de interés bajo o yogurt de baja grasa. De hecho, no importa, ya que sigue siendo más alto que el de la gran mayoría de los políticos ucranianos: alrededor del 6%. Puede que en este momento, solo le supere Yulia Timoshenko. Otra sombra del pasado que tiene opciones de arrebatar parte del poder en Ucrania pese a sus viejos “méritos”.

Hace tiempo que el sistema político ucraniano no depende de opiniones que de él tiene la población ucraniana. Por ejemplo, las encuestas del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Ucrania muestran que solo el 5% de la población cree que hay fuerzas políticas en las que se puede confiar. Sin embargo, en Ucrania no hay nada que pudiera competir con el actual sistema político.

En estas condiciones, la principal condición para preservar el poder es maximizar el control de los mecanismos de administración, los oligarcas, la prensa y los recursos materiales. Y en ese sentido, Poroshenko no solo tiene el control, sino que su posición es mejor que la del año pasado. Hay que recordar que hace un año el centro de la política ucraniana era la lucha de Poroshenko por el control del Gobierno. El propio Biden categóricamente prohibió la celebración de elecciones anticipadas y optó por sustituir a Yatseniuk por otra persona. También entonces hubo quienes declararon esos hechos como una crisis política seria. Supuestamente, Poroshenko preparaba su avión. Pero pronto se vio que el que viajaba a América era el retirado Yatseniuk, mientras que, sorprendentemente, el Gobierno era en un 80% gente de Poroshenko, incluyendo el primer ministro Groisman.

Las únicas excepciones estaban en puestos de menos interés, como Cultura o Educación, entregados a figuras marginales, o aquellos puestos directamente controlados por Estados Unidos como el ministerio del Interior, el viceprimer ministro para la Integración Europea. El resultado es que Poroshenko puso bajo su control al poder ejecutivo, igual que lo hiciera su predecesor, Viktor Yanukovich.

El control del Parlamento también va más o menos por el buen camino. El propio Frente Popular, en vistas de su 1% de intención de voto, se vio obligado a permanecer en la coalición de Gobierno, amenazado con la disolución del Parlamento y convocatoria de nuevas elecciones, que la fuerza política no habría sobrevivido. Por supuesto, los pobres diputados votan con desgana cuando se trata del acuerdo de Minsk, pero lo hacen encantados cuando se votan la legislación del presidente.

La legislación presidencial ha sido la última victoria de Poroshenko, en este caso frente al poder judicial. En principio, antes el Parlamento ya podía cesar e incluso negar la inmunidad a los jueces con la petición expresa o implícita del presidente. Pero ahora es aún más sencillo. El 21 de diciembre de 2016, se aprobó la ley sobre el Tribunal Supremo, que Poroshenko firmó el 3 de enero. Este es, seguramente, el hecho más escondido y significativo del aumento de la concentración del poder. Estamos hablando de un Tribunal Supremo que el Parlamento tiene capacidad de destituir, negar inmunidad o perseguir a cualquier juez del país. Este formato del Tribunal Supremo llevará a que el presidente, que controla la coalición mayoritaria en el Parlamento, el Consejo de Ministros y al presidente del Tribunal Supremo podrá formar dos tercios del tribunal y tendrá poder prácticamente ilimitado sobre el poder judicial.

Esta innovación comenzará a funcionar a pleno rendimiento en 2019. Hasta las próximas elecciones habrá suficiente tiempo para limpiar el sistema judicial antes de llegar al segundo mandato. Sin embargo, en estos dos años, que supondrán un periodo de transición, Poroshenko tiene también una gran oportunidad para reorganizar los tribunales y dirigir al personal judicial.

Hablar sobre el control de las autoridades locales puede parecer superfluo. Muchos expertos predijeron en Ucrania la expansión de las regiones y su distanciamiento del centro. Sin embargo, Poroshenko nombra personalmente a los oficiales de las administraciones, no solo al nivel de las regiones, sino también a nivel local.

Se ha hecho famoso el jefe de la zona de Genichesk, que alterna la condena a Putin con pedirle gas, es uno de los nombrados directamente por la administración presidencial. El Bloque Poroshenko ganó las elecciones locales celebradas en 2015, no por un gran margen, pero su victoria se ha visto representada en todos los consejos regionales, que domina por completo.

Lo mismo se puede decir de los alcaldes, muchos de los cuales también son una representación del poder del presidente. Y como hemos visto, en so dos últimos años no se ha producido ningún movimiento serio de las regiones contra el poder presidencial. La única excepción puede ser Saakashvili, que a finales de 2016, pasó fácilmente desde puesto de gobernador de Odessa a las reuniones en las calles. Eso, por supuesto, se puede atribuir también al aumento de la influencia de Poroshenko en el país.

De forma similarmente desagradecida desapareció otra figura que se esperaba incontrolable para Poroshenko y que podría formar prácticamente una república feudal en Ucrania: Kolomoisky. A finales de año, estuvo callado y sin molestar mientras se nacionalizaba el banco más grande de Ucrania, el PrivatBank [de su propiedad y con grandes deudas], aunque con una compensación millonaria. Esto ha dejado a un violento oligarca sin la capacidad de influir seriamente en el sistema financiero del país y sin posibilidad de chantajear a las autoridades con el colapso bancario. Queda en manos de Kolomoisky el negocio del petróleo, por segundo año consecutivo en medio de un litigio por una bancarrota ficticia y empresas offshore.

Por cierto, ha empezado la presión contra su canal de televisión “1+1”, que es uno de los medios más importantes del país. En vísperas de Año Nuevo, la Comisión de Televisión y Radio se mostró reticente a renovar su licencia y advirtió que podría ser retirada en cualquier momento. Así que la lucha contra la oligarquía sigue igual y todo se trata del control de los medios, especialmente después de que otros medios necesitaran en 2016 un recordatorio para poner a los periodistas donde merecen. Es posible que “1+1” o “Inter” participen del lado de Poroshenko en futuras campañas electorales. Por supuesto, eso aún está por ver.

En cuanto a los demás oligarcas, prácticamente no tienen presencia. Ajmetov tiene un buen comportamiento, sin aspirar al poder y al lado del dócil Bloque Opositor. Y aquellos que, como Novinsky, que organizó la procesión del verano pasado, tiene algo que hacer, rápidamente pierden la credibilidad. O se les hace huir, como le ocurrió al magnate del gas Onischenko. Así que, al menos por ahora, todo está bajo control.

¿Qué más hay que tener en cuenta? ¿Tal vez a los malvados y terribles radicales que acabarán con Poroshenko y organizarán el tercer Maidan? Sin embargo, los expertos dicen que no habrá nuevo Maidan. En realidad, las actividades principales de estos personajes se limitan a las tediosas y monótonas marchas de antorchas, para las que habitualmente tienen que trasladar a los manifestantes de una ciudad a otra para conseguir una mínima apariencia de masa.

Su destino pasa por ser mano de obra de los partidos en las elecciones o convertirse en víctimas de las fuerzas de seguridad, como ya ocurrió con aquellos que comenzaron a enfrentarse a las actuales autoridades. Solo hay que recordar el destino del batallón Tornado, o el ya famoso, aunque ahora en horas bajas, Praviy Sektor.

Se puede decir que, por el momento, Poroshenko no solo no se enfrenta a su caída, sino que, al contrario, en el último año ha conseguido que su poder aumente significativamente en el país. Obviamente, lo que hace que la situación no sea completamente predecible es el patrón de Ucrania, Estados Unidos, aunque aún no se sabe qué consecuencias tendrá para Poroshenko. Puede que haya cambios. Y en la cuestión interna del país, parece que ha hecho frente a los peligros.

Es absolutamente inútil ver una esperanza en las protestas contra los aumentos en tarifas de servicios y productos básicos, el aumento del crimen, la reducción de las garantías sociales. Al contrario, esos factores alejan de la política a la población ucraniana, haciéndola más apática y preocupada únicamente por la supervivencia diaria.

Poroshenko comprende que se siente fuete ante la otra competencia entre las élites políticas. Buscando entre nuestras analogías históricas favoritas, puede que, aunque con diferencias, no sea exagerado comparar a Petro Poroshenko con Ivan Mazepa. Durante su mandato, Mazepa se ganó el odio de todos los sectores de la población del Hetmanato. Todos renegaron de él: los cosacos, los campesinos y los oficiales del Hetmanato. Sin embargo, nada de eso evitó que consolidara su poder, protegido, entre otros, por el zar Pedro.

Cualquier protesta fue aplastada como si se tratara de actos contra el Hetmanato en general y se enfrentaron a un triste destino, no solo los rebeldes, sino quienes se atrevieron a quejarse de él a Moscú. Pero llegó un momento en que fuerzas externas amenazaron su existencia como Hetman y entonces trató de desertar a Suecia. Su intento fracasó. Si se puede aplicar esta analogía, Pororoshenko solo es vulnerable a las fuerzas externas, por ejemplo Trump, al que no ha sido muy leal. Incluyendo el intento del establishment liberal ucraniano de interferir en las elecciones estadounidenses.

Me pregunto si el presidente de Ucrania girará hacia Moscú si los estadounidenses comienzan a presionarle realmente. Así al menos lo hicieron sus predecesores Kuchma y Yanukovich. sin embargo, como se suele decir, cualquier analogía es falsa. Y esta lo es.

Mientras tanto, si todo sigue adelante, el candidato con más opciones de ganar las elecciones de 2019 es el propio Poroshenko. Así que el actual estado de traición de Ucrania continuará sin cambios. De hecho, no hay nada más permanente que lo temporal. Más vale estar preparados.