Las «brujas de noche»: aviadoras soviéticas que acosaron a Hitler (FOTOS)

Fecha de publicación: 16 02 2017, 14:06

Volaban de noche, con el motor apagado. Silenciosas como fantasmas. Los soldados alemanes que sufrían sus constantes ataques las bautizaron como las Brujas de la Noche. Un libro recuerda a las aviadoras rusas que combatieron a Hitler.

El bautismo de fuego de una de estas aviadoras rusas, Lilya Litvyak, se produjo el 27 de septiembre de 1942, cuando su escuadrilla se encontró con diez bombarderos alemanes que volaban hacia Stalingrado para soltar sus bombas. Su compañero, el comandante Khovostiko, fue abatido nada más iniciarse el ataque. Enfurecida, Litvyak disparó contra un avión enemigo a solo treinta metros de distancia, hasta derribarlo envuelto en llamas.

Lilya pintó un lirio blanco en el fuselaje de su caza. Así nació la leyenda de la Rosa Blanca de Stalingrado

Las hazañas de Litvyak en los cielos rusos y los medios de comunicación del Partido Comunista contribuyeron a alimentar su mito. Una de esas hazañas fue el derribo de un caza alemán Messerschmitt BF 109 pilotado por Erwin Maier, que pudo saltar en paracaídas y salvar la vida. Maier, que había sido condecorado tres veces con la Cruz de Hierro, solicitó a sus captores que le permitiesen conocer al piloto que le había derrotado. Cuando los soviéticos le presentaron a una atractiva joven de 21 años, menuda y de aspecto angelical, el piloto alemán pensó que le estaban tomando el pelo.

Lilya Litvyak

Tras derribar otros dos aviones enemigos, Lilya pintó en el fuselaje de su caza Yak 1 un lirio blanco. Con ese símbolo nació la leyenda de la Rosa Blanca de Stalingrado (se confundía la flor en la distancia) una piloto imbatible que, según la propaganda rusa, hacía huir a los aviadores alemanes. Al alcanzar los cinco derribos fue condecorada con la Orden de la Estrella Roja y seleccionada para integrarse en un grupo de pilotos de élite.

Su historia y las de otras aviadoras rusas que combatieron en la Segunda Guerra Mundial constituyen el hilo argumental del libro Las Brujas de la Noche (Pasado y Presente). Su autora, Lyuba Vinogradova, cuenta el papel determinante de Marina Raskova en la creación de esos singulares regimientos de mujeres. En los años treinta, Raskova era una aviadora muy admirada en la Unión Soviética y una oficial encubierta a las órdenes de Lavrenti Beria, responsable del temible Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD), organización precursora del KGB.

Mascha Dolina participó en 72 misiones y lanzó 45.000 kilos de bombas desde su avión. La derribaron en 1943, quedó malherida. Gorbachov la condecoró en 1990. Es Heroína de la Unión Soviética

Tres regimientos

Tras la invasión alemana en junio de 1941, Raskova usó su prestigio y sus contactos en Moscú para formar tres regimientos en otoño de ese año. el de Aviadoras 586, el de Bombarderos Nocturnos 588 y el de Bombarderos de Largo Alcance 587. El llamamiento que hizo Raskova para buscar voluntarias que conformaran esos grupos de combate fue todo un éxito. Su carismática personalidad fue un reclamo suficiente para que cientos de jóvenes provenientes de diferentes puntos del país y de distintas ocupaciones acudieran al lugar convenido con la esperanza de ser las elegidas.

No se desanimaron cuando se vieron enfundadas en unos uniformes enormes, que no eran de su talla y les hacían parecer ridículas. Se confeccionaron ellas mismas otros, utilizando siempre que podían la seda de los paracaídas alemanes que capturaban ocasionalmente. Aquellas valientes chicas, muchas de las cuales acababan de cumplir veinte años, tampoco se vinieron abajo con el machismo de sus compañeros, que siempre que podían se burlaban de ellas.

Sufrieron la burla de sus compañeros y hubo oficiales contrarios a que las mujeres entraran en combate

Los oficiales que habían criticado la formación de esos tres regimientos de combate se rindieron ante los rápidos progresos de las jóvenes aviadoras. Aunque muchas tenían experiencia como pilotos civiles, todas tuvieron que someterse a un duro adiestramiento en una base aérea en las afueras de Engels, ciudad del sur de Rusia. Solo fueron seleccionadas las más intrépidas y las que más horas de vuelo habían acumulado antes de la guerra. Las chicas de Raskova tuvieron que esforzarse más que sus camaradas varones para demostrar su valor y sus habilidades para pilotar. Durante los meses de entrenamiento, ellas sufrieron menos accidentes y percances que ellos.

Sus tácticas de combate eran temerarias hasta lo suicida. Volaban sin paracaídas, en aparatos primitivos, sin radio y con cabinas descubiertas

Volar de noche

La principal misión asignada al regimiento de Bombarderos Nocturnos 588 era volar de noche sobre las líneas enemigas para hostigar a los alemanes e impedirles descansar. Cuando llegaba a su objetivo, la piloto desconectaba el motor de su avión para planear en silencio como un fantasma y soltar su carga mortífera de bombas sobre sus cuarteles, polvorines y almacenes de avituallamiento. Cuando los alemanes supieron que los pilotos que navegaban en aquellos silenciosos bombarderos rusos eran mujeres no dudaron en llamarlas las Brujas de la Noche.

Volaban sin paracaídas para poder transportar más bombas de las reglamentarias

El regimiento perdió 31 aviadoras durante la guerra el 27 por ciento del total y 24 de ellas se convirtieron en Héroe valor para volar en los lentos biplanos Polikarpov Po-2. Hasta 1944, las tripulaciones efectuaron sus misiones sin llevar paracaídas para poder transportar más bombas. Algunos días llegaron a efectuar hasta 15 salidas. Las Brujas de la Noche se orientaban por la brújula y el resplandor de las bengalas que lanzaban para iluminar los objetivos.

Marina Raskova era una aviadora muy admirada en los años treinta en la Unión Soviética. También era oficial del servicio secreto. Ella reclutó a las mujeres para los regimientos de aviación

Hubo más Héroes de la Unión Soviética en ese regimiento que en otros regimientos de bombarderos. La jefa de las aviadoras recibió una carta del comandante del cuarto Ejército Aéreo, en la que felicitaba a las aviadoras, navegadoras y mecánicas y le informaba de que estaba tramitando el papeleo para que les fuera concedido el título de Regimiento de Guardias, un reconocimiento del máximo prestigio. También comunicaba que estaba a punto de resolver el problema de la ropa interior que padecían las aviadoras, que hasta entonces habían tenido que utilizar toscos calzoncillos de hombres.

Litvyak y 4 compañeras distinguidas por el Comité de Mujeres Soviéticas. Al inicio ellas mismas se cosían sus uniformes con la seda de los paracaídas de alemanes capturados

La autora del libro, Lyuba Vinogradova, comenzó a documentarse en la primavera de 2009. “Increíblemente, aunque he colaborado durante muchos años como investigadora con varios historiadores, centrando mi trabajo en la Segunda Guerra Mundial, lo que ha implicado leer miles de páginas y documentos y cientos de libros, no tenía ni idea de la existencia de esas aviadoras”.

Estudió sobre ellas a través del historiador francés Claude Quétel. Claude estaba convencido de que algún especialista debería escribir una biografía de Lilya Litvyak, la Rosa Blanca de Stalingrado. Le propuso el proyecto a Antony Beevor, y Antony me lo propuso a mí. Con el tiempo, Vinogradova se dio cuenta de que no podía escribir un libro ciñéndose solamente a Lilya. Su historia debería ir unida a las de sus camaradas. Buscó a las supervivientes de los tres regimientos que comandó Raskova y tuvo la suerte de dar con algunas de ellas, que le contaron historias y anécdotas.

Las que combatieron en caza hicieron más de 4000 misiones y participaron en más de 125 batallas aéreas, consiguiendo 38 victorias. La aviadora que más brilló fue Litvyak, que en junio de 1943 fue nombrada comandante del tercer Escuadrón del 73. Regimiento de Cazas. Poco después fue herida, pero pronto volvió al combate, destruyendo otros tres cazas alemanes. Su último derribo se produjo el 31 de julio de ese año.

Una heroína desaparecida

En la batalla de Kursk, varios cazas alemanes atacaron el Yak-2 de Lilya, que fue dada por desaparecida. Al finalizar la guerra, la mecánica Inna Pasportnikova decidió encontrar a su oficial y camarada, una búsqueda que duró 36 años. En 1979 le comunicaron que una aviadora no identificada fue enterrada por aquellas fechas en Donetsk, cerca de donde los compañeros de Lilya afirmaron que había caído su aparato. En mayo de 1990, el presidente de la URSS Mijail Gorbachov la condecoró con la Estrella de Oro de Heroína de la Unión Soviética. Una calle de Moscú lleva su nombre.

Por José Segovia

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