El sábado, cuando el ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, Sergey Lavrov, se reunía con sus homólogos de Alemania, Francia y Ucrania, el servicio de prensa del Kremlin confirmaba que el presidente Vladimir Putin había firmado ya una orden ejecutiva que reconoce como válidos los documentos expedidos por las repúblicas no reconocidas de Donbass. Apenas semanas después de que el portavoz del presidente ruso negara la información publicada por varios voluntarios de Donbass, que afirmaba que los pasaportes de la RPD y la RPL eran ya aceptados en Rusia, el Gobierno ruso ofrece ahora un reconocimiento temporal a los documentos de identificación básicos que desde hace meses expiden las autoridades de Donetsk y de Lugansk.

Así lo expresa el documento publicado, en ruso y en inglés, en la página web oficial del Gobierno ruso:

“Guiados por los principios universalmente reconocidos y los estándares del derecho internacional humanitario y con el objetivo de proteger los derechos y las libertades individuales, el presidente ha decidido que temporalmente, durante el periodo hasta la solución de la crisis de ciertas áreas de las regiones de Donetsk y Lugansk de Ucrania según los Acuerdos de Minsk, los documentos de identificación personal; los certificados de educación y/o cualificación profesional, nacimiento, matrimonio, divorcio, cambio de nombre y defunción; los certificados y registros de matriculación de vehículos expedidos por las autoridades (organizaciones) correspondientes, válidos en los distritos específicos, serán reconocidos en la Federación Rusa como válidos para los ciudadanos ucranianos y apátridas que residen permanentemente en esas regiones.

Según la Orden Ejecutiva, los ciudadanos ucranianos y apátridas que residen permanentemente en ciertas zonas de las regiones de Donetsk y Lugansk de Ucrania pueden entrar y salir de la Federación Rusa sin necesidad de visados, mostrando los documentos de identificación (partida de nacimiento para niños menores de 16 años) expedidas por las autoridades correspondientes y que sean válidos en dichos distritos”.­­

Desde los primeros meses de la guerra, especialmente tras la firma de los primeros acuerdos de Minsk y la consolidación de la línea de demarcación como una frontera de facto entre los territorios de la RPD y la RPL con el territorio controlado por las autoridades ucranianas, se ha especulado con la posibilidad de que Rusia facilitara la obtención de pasaportes rusos a los ciudadanos de Donbass. Tras meses sin ningún avance al respecto, las repúblicas populares de Donbass comenzaron a expedir pasaportes, que se sumaron a las partidas de nacimiento y certificados de matrimonio, que ya se expedían incluso en los peores momentos de la guerra. Más adelante llegaron las matrículas de la RPD y la RPL, que ya el otoño pasado podían verse en regiones del sur de Rusia.

Las autoridades rusas alegan motivos humanitarios para justificar la medida, que ha tenido en cuenta a aquellas personas cuyos documentos ucranianos han expirado o quienes nacieron tras el verano de 2014 y que no cuentan, a día de hoy, con la nacionalidad ucraniana. Meses después de la retirada de las instituciones ucranianas de las zonas controladas por la RPD y la RPL, Kiev implantó a finales de ese año un bloqueo económico y comercial que implica también un sistema de permisos. Sin un permiso, la población residente en Donbass sin documentación ucraniana se encontraba, hasta ahora, atrapada en los territorios de la RPD y la RPL, sin acceso a servicios básicos bloqueados por las autoridades ucranianas como sus propias cuentas bancarias. Con el tiempo, y sin solución política a la vista a corto plazo, aumenta el número de personas en esa situación. La orden reconoce también los certificados de estudios y cualificación profesional, lo que en la práctica da a los estudiantes y graduados de Donbass posibilidad de continuar sus estudios o trabajo en Rusia según su cualificación.

La orden ejecutiva del presidente ruso no supone, como parecen defender parte de las autoridades ucranianas, reconocimiento de las Repúblicas Populares. Minutos después de la publicación del documento, el gobernador civil-militar de la zona de Donetsk bajo control de Kiev, Pavel Zhebrivskiy, calificaba la orden de un reconocimiento de facto de la RPD y la RPL. “De esta forma, [Putin] legitima a los grupos quasi-pseudo-terroristas que operan en ciertas zonas de las regiones de Donetsk y Lugansk”, afirmó. Al margen del curioso calificativo para la RPD y la RPL, la orden indica de forma explícita que se trata de una medida temporal que quedará invalidada con la resolución del conflicto según lo estipulado por los acuerdos de Minsk.

Es ese aspecto el que ha causado cierto optimismo tanto entre residentes y las actuales autoridades de Donetsk y Lugansk. “Nuestros sacrificios no han sido en vano; nuestras esperanzas están justificadas”, afirmó Alexander Zajarchenko. También se han mostrado esperanzados algunos expertos, que se aferran a la idea de que no se prevé ningún gran avance en el proceso de Minsk a corto plazo, al menos en cuanto a los aspectos políticos. Con el proceso de Minsk congelado y la situación estancada en un limbo que se alarga en el tiempo, este reconocimiento temporal de los documentos expedidos por las Repúblicas Populares supone, según algunos expertos como Boris Rozhin, Colonel Cassad, un primer paso hacia el reconocimiento de facto que anunciaba Zhebrivskiy. “Hoy estamos un paso más cerca del reconocimiento internacional de la soberanía de nuestra República”, insistió también Igor Plotnitsky.

Más preocupado por su reunión con el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, ha querido interpretar el documento del presidente ruso como una violación del derecho internacional y una prueba más de que Rusia ocupa el territorio de Donetsk y Lugansk. En un tono similar se ha mostrado el presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, Oleksandr Turchinov, que afirmó que “al firmar este decreto, Putin reconoce a los grupos quasi-terroristas que es una forma de tapar la ocupación rusa de Donbass”. El que ocupara temporalmente la presidencia de Ucrania cuando estalló la guerra en 2014 argumentó también que estos actos suponen la renuncia de Rusia al proceso de Minsk.

Sin embargo, los términos en los que se expresa la orden ejecutiva del presidente ruso no contienen indicio alguno de renuncia rusa al proceso de Minsk. Además de insistir en que se trata de un reconocimiento temporal de los documentos expedidos por las actuales autoridades en funciones de Donetsk y Lugansk, el documento ruso utiliza “ciertas zonas de las regiones de Donetsk y Lugansk de Ucrania” para definir a la RPD y la RPL. No es casualidad que esos sean también los términos utilizados por el acuerdo de Minsk para definir esos territorios. Entre la versión que afirma que esta orden ejecutiva es el primer paso hacia el reconocimiento de la RPD/RPL y la que defiende que se trata de una forma de abandonar el proceso de Minsk, cabe una tercera opción que busque presionar a Ucrania a cumplir con sus compromisos.

El bloqueo comercial impuesto por Kiev en 2014 tuvo como consecuencia la sustitución de gran parte de los productos ucranianos por productos rusos, limitando así la dependencia de Ucrania y alejando, un poco más, a la población de Donbass de Kiev. Esta orden podría suponer una consecuencia similar, ya que el reconocimiento de los pasaportes y otros documentos en Rusia limita también la dependencia de la población de Donbass de Ucrania. Sin embargo, Kiev puede revertir ambos casos cumpliendo con los compromisos que adquirió en febrero de 2015 en Minsk.

En ese sentido, la OSCE se pronunció ayer para anunciar varias medidas. Además de confirmar la nueva tregua que debe comenzar el lunes, se anuncia también un nuevo intento de crear zonas de seguridad, 20 en este caso, y el desarrollo de una hoja de ruta para la implementación de los acuerdos. En realidad, ninguna de esas medidas es nueva. La OSCE intenta aún que se produzca finalmente la retirada de tropas y armamento en la zona de Stanitsa Luganskaya, una de las primeras zonas de seguridad pactadas en septiembre de 2016. Ni esa medida ni el compromiso de desarrollar una hoja de ruta para la implementación del acuerdo de Minsk que debía presentarse en noviembre han conseguido evitar sendos empeoramientos en el frente, primero en la zona de Debaltsevo en diciembre y en la zona de Avdeevka-Yasinovataya a finales de enero.

Mientras el proceso político continúa estancado y la incertidumbre de ver si la diplomacia encuentra una vía de salida al conflicto o si este queda temporal o definitivamente congelado, ese reconocimiento, aunque limitado y temporal, supone un alivio para la población de Donetsk y Lugansk, cercada militar y económicamente por las autoridades ucranianas.

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