Un muro «muy, muy grande» separó este martes a los demócratas de los republicanos en la Casa de Representantes, donde el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rindió cuentas por primera vez desde que ocupa el Despacho Oval.

Los miembros del partido gobernan­te, que cuenta con mayoría en el Congreso, recibieron al presidente de pie y con aplausos cerrados. Durante la intervención se levantaron en más de una ocasión a respaldar sus palabras.

Pero el bando demócrata, a la izquierda del hemiciclo, permaneció inmutable durante más de una hora y solo tuvo tímidas reacciones cuando se abordaron temas como el mantenimiento de las alianzas internacionales y la necesidad de trabajar para fortalecer la economía.

El ambiente de la Cámara de Representes resulta congruente con lo que sucede en el resto del país desde la victoria del candidato republicano.

Las polémicas posturas de Trump sobre migración, métodos de lucha con­tra el terrorismo, «la excepcionalidad estadounidense» y la expansión del gasto militar, tienen con los pelos de punta a parte considerable de la sociedad norteamericana, incluso a importantes sectores económicos que ven amenazado el sistema liberal impuesto por Washington tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Por otro lado, millones de ciudadanos que votaron por el empresario neoyorquino como muestra de descontento con la clase política tradicional, esperan ver cumplidas las radicales promesas que lo catapultaron a la Casa Blanca, ya sea la construcción de un muro en la frontera con México o la renegociación de los tratados de libre comercio.

Las primeras medidas del gobierno no han ayudado a calmar el ambiente. El veto de entrada a Estados Unidos a los ciudadanos de siete países con mayoría musulmana polarizó la nación y fue detenido en las cortes por su desa­pego con la Constitución. Asimismo, los planes de deportación masiva de migrantes han disparado protestas de distintas minorías a lo largo del país.

Los principales analistas concuerdan en que el discurso de Trump en el Congreso intentó ser positivo y conciliador. Sin embargo, mantuvo algunos de sus polémicos lemas de campaña como «drenar el pantano» de Washing­ton, que retomó contradictoriamente en el hemiciclo que simboliza la política tradicional norteamericana.

También volvió sobre la promesa de construir un «gran muro» en la frontera con México, lo que fue aplaudido por los republicanos mientras algunos demócratas inclinaban sus pulgares hacia abajo como muestra de desaprobación.

Varios legisladores demócratas celebraron las palabras del mandatario con las que ratificó su voluntad de man­tener las alianzas internacionales, pero la distensión duró poco.

«Estamos derramando el dinero», dijo Trump tras hacer un llamado a otras potencias occidentales para que asuman los costos de su defensa militar, en clara alusión a los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. «Mi trabajo no es proteger al mundo. Mi trabajo es proteger a los Estados Unidos».

En cuanto a política exterior, otro momento de tensión fue el comercio internacional, en medio de las
preocupaciones por las tendencias proteccionistas de la actual administración.

«Creo con firmeza en el libre comercio, pero también en que tiene que ser un comercio justo», dijo y recibió aplausos cuando recordó la salida de Estados Unidos del Tratado Transpacífico, el buque insignia de la anterior administración.

Sin embargo, muchos de los correligionarios republicanos que celebraron al presidente han apoyado con anterioridad acuerdos de libre comercio similares. La crítica a los tratados actuales, que anualmente mueven billones de dólares en mercancías, es de los puntos calientes que separan a Trump de su partido, más allá de los aplausos.

La reacción demócrata más sonada llegó en el momento de abordar el Obamacare, la ley de la anterior administración que permitió el acceso a la salud de millones de personas, pero que ha sido duramente criticada por sus costos para el Estado y los ciudadanos comunes.

Trump la calificó como un «desastre» y llamó tanto a republicanos como demócratas a trabajar por un sustituto. Sin embargo, abogó por defender varios de los beneficios de la medida de Obama, incluido el acceso a los seguros de las personas con precondiciones médicas.

El presidente tiene el reto de demostrar que puede llevar adelante un mejor proyecto que el Obamacare sin afectar a más de 20 millones de personas beneficiadas. Y tiene el reto de hacerlo sin gastar más dinero del ya asignado.

El dinero fue precisamente otra de las claves de su intervención, en la que hizo un llamado para aumentar el presupuesto militar. Personas cercanas a la administración hablan de unos 54 000 millones de dólares extras en gastos bélicos a pesar del compromiso de disminuir la presencia en Iraq y Afganistán.

Medios de prensa estadounidense re­portaron que el dinero para los gastos militares se tomaría de las partidas de otras agencias, incluido el propio Departamento de Estado. De confirmarse esta información, sería una clara señal de qué técnicas considera más efectivas la nueva administración para avanzar en su política exterior.

El discurso de Trump frente al pleno de las dos cámaras del Congreso forma parte del ritual anual conocido como Informe del Estado de la Unión, pero que en el primer año en la oficina no lleva el mismo nombre. Como es usual en este tipo de actos, hubo tiempo para invitados y emociones fuertes. Se llevó al plenario a una mujer discapacitada y al padre de un joven asesinado por un pandillero inmigrante.

El momento más impactante fue la presentación de la viuda de Ryan Owens, el primer marine estadounidense fallecido bajo el gobierno de Trump durante una operación en Yemen el pasado 29 de enero.

«El legado de Ryan está grabado en la eternidad», dijo en medio de una ovación que duró más de un minuto.

«Ryan fue parte de una incursión altamente exitosa que generó grandes cantidades de información de inteligencia que llevará a más victorias en el futuro contra nuestro enemigo», aseguró el mandatario.

Sin embargo, sus palabras contrastan con la exigencia del padre del militar de llevar a cabo una investigación sobre las condiciones de la muerte de su hijo de 36 años. A principios de febrero, el padre del marine incluso rechazó reunirse con Trump en la Base de la Fuerza Aérea Dovers, en Dela­wa­re, donde se recibieron los restos.

«Quiero una investigación. El gobierno debe a mi hijo una investigación», dijo entonces a la prensa. «Que no se esconda (Trump) detrás de la muerte de mi hijo para evitarla», añadió.

En cualquier caso, por primera vez desde que presentó su candidatura a las elecciones, Trump se mostró ante las cámaras este martes de la misma forma en que lo haría un político tradicional. Utilizó el telepromter con maestría y se apegó al guion durante la mayor parte del tiempo.

Durante varios pasajes de su discurso presentó extensas listas de promesas que se van sumando a las de la campaña y engrosan el buzón de reclamaciones del electorado norteamericano.

Desde el billón de dólares prometido en gastos de infraestructura hasta los recortes de impuestos, las ideas de Trump no son del todo compartidas por muchos legisladores y es de suponer que encontrarán resistencia en su paso por el Congreso.

Con una mayoría republicana en am­bas cámaras, el mandatario no tiene la misma cobertura que Obama para justificar la falta de acción. De ahí que pasar de lo dicho a lo hecho podría ser incluso más difícil para Trump que conseguir los aplausos demócratas.

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