El neoliberalismo dejó historias de dolor en los ecuatorianos

Fecha de publicación: 13 03 2017, 22:06


Cerca de 3 millones de personas tuvieron que abandonar su país al perder sus ahorros y empleos

En el tradicional barrio La Ronda, ubicado en el centro histórico de Quito, capital del Ecuador, encontramos a Jacqueline Villota, quien un año antes del estallido de la crisis financiera (marzo de 1999) dejó Ecuador y migró hacia Italia, porque el negocio que tenía con su hermana había quebrado.

Contó que apenas pisó Roma la suerte la había abandonado. Su reserva de hotel para tres noches, que gestionó desde Ecuador, no estaba realizada pese a que la pagó antes de irse. Tuvo que esperar que una amiga llegara a buscarla en medio del frío que en febrero hace en Europa.

En su primer trabajo también fue estafada. Laboró en una casa por dos meses, donde además de no pagarle, la amenazaron con denunciarla a la policía por no tener documentos.

Luego cuidó ancianos, pese a tener una profesión.

“Era una lucha continua defendiéndonos. Había filas de ecuatorianos para comer, de peruanos también. Era triste porque iban con niños. En las iglesias nos daban la ropa porque no teníamos dinero, ni ropa adecuada”, contó.

Recordó con tristeza que los jueves muchas madres migrantes ecuatorianas hablaban con sus hijos por teléfono y les decían que comieran, que se portaran bien con los abuelos que los cuidaban; y les prometían que pronto volverían, pero que luego de colgar la llamada se sentaban a llorar.

Muchas no se conocían, pero encontraban entre ellas solidaridad porque vivían el mismo dolor de dejar a sus hijos a la fuerza, debido a que les congelaron su dinero y no tenían cómo mantenerlos.

Leonardo Ortiz, otro migrante que volvió al país, comentó a Andes que migrar en 1999 “no era una opción, sino una obligación”, porque no existían fuentes de trabajo. Los ahorros los habían congelado y no los devolvieron pronto.

El feriado bancario lo recuerda como un hecho nefasto para el país y su vida. Primero su esposa se fue. Tres años después él pudo reunirse con ella en Italia. Reveló que le fue difícil criar a sus dos hijos en la ausencia de su compañera.

“Un feriado bancario que fue el epílogo para nosotros de migrar del país, salir masivamente el año 1999, el 2000, principalmente expulsados hacia España, Italia y Estados Unidos por el gobierno de Jamil Mahuad (1998-2000) y de las élites políticas que gobernaban en ese entonces”, indicó Ortiz.

Trabajó lavando platos, cuidando ancianos y en una lavandería. El idioma al inicio fue una barrera, pero nunca decayó en el intento de dar a su familia un sustento, sin dejar de extrañar a Ecuador.

Rosa Cedeño es manabita, ella no migró pero perdió todos los ahorros de su trabajo, 12 millones de sucres (alrededor de 920 dólares al cambio de la época), que hasta ahora, 18 años después no le devolvieron.

“Perdí en el Filanbanco 2 millones, en el Banco La Previsora 10 millones. Este dinero era producto de mi trabajo. Yo tengo una hija, traté de recuperar el dinero, pero no, perdí todo”, contó con tristeza.

Unos compañeros de trabajo suyos se fueron y no retornaron a Ecuador. Cedeño como docente ha conocido de cerca las historias de muchas familias desintegradas por la migración en su provincia.

FERIADO BANCARIO

El 8 de marzo, Ecuador recordó 18 años del feriado bancario, uno de los mayores robos financieros al país que produjo una profunda crisis y causó el éxodo de miles ecuatorianos hacia otros países.

La crisis financiera se originó en el gobierno de Sixto Durán Ballén y Alberto Dahik, los promotores del neoliberalismo en Ecuador, y estalló en el gobierno de Mahuad.

En 1994 crearon la Ley de Instituciones Financieras que liberó las tasas de interés y permitió la libre circulación de capitales y el aumento de los créditos vinculados, que proliferaron sin control.

Entre el 8 y el 12 de marzo de 1999, los ecuatorianos encontraron bancos cerrados, y desde el lunes 15 de marzo afrontaron el congelamiento total o parcial de sus depósitos bancarios, en virtud del decreto presidencial 685.

A la semana siguiente, el Banco del Progreso, con más de 750 mil clientes, cerró sus puertas mientras su director, Fernando Aspiazu Seminario, acusaba al gobierno de Mahuad por obstruir la entrega de un crédito del Banco Central.

Los bancos siguieron cayendo como piezas de dominó. En meses, el sistema financiero ecuatoriano quedó reducido a la mitad.

CIFRAS ROJAS

El gobierno de Mahuad congeló mil 840 millones de dólares en el sistema bancario privado; 681,1 millones en la banca off shore y se estima que fueron retenidos alrededor de 145 millones de dólares en las sociedades financieras, cooperativas y mutualistas.

El Estado intervino los bancos Financorp, Finagro, Azuay, Occidente, Progreso, Bancomex, Crediticio, Bancounión, Popular, Previsora, Pacífico, entre otros.

El congelamiento de ahorros le costó al país la pérdida de 8 mil 600 millones de dólares y la crisis provocó la migración de aproximadamente tres millones de ecuatorianos, principalmente hacia Europa y Estados Unidos. En el año 2000, la población ecuatoriana era de 12 millones 500 mil habitantes.

CONSECUENCIAS DEL FERIADO BANCARIO

Los estratos medio y bajo fueron los más seriamente afectados.

Con la crisis se perdieron depósitos, aunque con el tiempo se recuperaron parcialmente; también capitales, activos y miles de puestos de trabajo. Se cerraron negocios y paró la inversión.

Aumentó la emigración. Se incrementó notablemente la salida al exterior de nacionales en búsqueda de oportunidades laborales, de mejores condiciones de vida.

Se generó en la población una significativa pérdida de autoestima personal y mayor ocurrencia de problemas familiares.

La delincuencia se incrementó y se generó una mayor inequidad en la distribución del ingreso; creció el desempleo, el subempleo, la inestabilidad ocupacional y el deterioro salarial.

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