El Senado brasileño, de mayoría conservadora, aprobó una nueva Ley de Migración con amnistías para los inmigrantes ilegales y una ampliación de la definición de asilo que facilitará la llegada de refugiados, lo que la transformará en una de las más liberales de América Latina.

«Es una ley muy liberal; la anterior era de 1980 (aún bajo la dictadura militar) y estaba guiada por el principio de la seguridad nacional, con el objetivo de proteger la mano de obra nacional frente a la extranjera, pero esta está más centrada en el principio de los derechos humanos», explicó a Sputnik el profesor de Derecho de la Fundación Casa Rui Barbosa de Río de Janeiro Charles P. Gomes.

La ley fue aprobada por unanimidad en el Senado y ahora solo falta la «sanción presidencial» del presidente Michel Temer para que entre en vigor. Gran parte de su texto es una actualización del Estatuto del Extranjero vigente hasta ahora y que según Gomes estaba «obsoleto». De acuerdo al especialista se regularán asuntos que ya estaban en vigor, como los visados humanitarios a haitianos, sirios y senegaleses, o las facilidades dadas a los migrantes de los países fronterizos, que pueden vivir hasta dos años legalmente en Brasil.

Entre las principales novedades está una amnistía en forma de residencia permanente para los inmigrantes llegados a Brasil antes del 6 de julio de 2016, siempre que hagan la petición hasta un año después del inicio de vigencia de la ley, independientemente de su situación migratoria anterior. También se tipifica como delito la acción de quien promueve la entrada ilegal de extranjeros en territorio nacional o de brasileños en otros países y se da una definición bastante amplia de la acogida humanitaria. Ésta se podrá conceder a cualquier país en situación de «calamidad de gran proporción», lo que por ejemplo abre la puerta a que se extienda a ciudadanos afectados por desastres naturales, resaltó Gomes.

Según el ministerio de Justicia entre 1992 y 2016 se admitieron 10.418 peticiones de refugio, algo más de un tercio del total de 30.854 solicitudes; los países que más las solicitaron fueron Senegal (7.656), Angola (4.719), Venezuela (4.421) y Siria (3.794).

«Las empresas frigoríficas, por ejemplo, presionan mucho en favor de los senegaleses, porque al ser musulmanes son los que mejor saben matar pollos según el rito islámico», explica el experto a modo de ejemplo ilustrativo.

Gomes señaló además que su país no enfrenta una fuerte presión demográfica, ya que a diferencia de otras naciones, donde los inmigrantes representan el 30% de la población, en Brasil solo el 5% de la población es extranjera.

«El número no es representativo, por eso la cuestión no está en el centro de la discusión nacional», apuntó, resaltando las distancias que existen con las crecientes restricciones que se están imponiendo en Estados Unidos o Europa.

La ley fue impulsada en sus inicios por el actual ministro de Relaciones Exteriores, Aloysio Nunes, del conservador Partido de la Social Democracia Brasileña, la principal facción política de apoyo al Gobierno de Temer. La iniciativa cuenta con el aval de 50 Organizaciones No Gubernamentales y entidades sociales, como el Consejo Nacional de Iglesias Cristianas de Brasil, Conectas Derechos Humanos y el sindicato Central Única de los Trabajadores.

Recientemente estas entidades lanzaron una nota conjunta pidiendo la aprobación de la nueva ley porque moderniza el sistema de recepción y registro de las personas migrantes y es «coherente con una sociedad más justa, libre y democrática». Según Gomes la ley pondrá a Brasil a la cabeza de las legislaciones más aperturistas del continente, junto con las leyes ya en vigor en Argentina y Ecuador.