Determinados círculos en el mundo miran hacia otro lado cuando califican a la oposición en Venezuela como un movimiento «democrático» y padecen de ceguera política cuando culpan al gobierno por defenderse de los ataques.

Recientemente, un artículo del politólogo Atilio A. Borón, que publica Rebelión, hace una radiografía de eso que dicen llamar ‘oposición democrática’.

Señala el articulista que ‘La secuencia de los acontecimientos que tienen lugar en la República Bolivariana de Venezuela demuestran que la estrategia de la mal llamada ‘oposición democrática’ es una conspiración sediciosa para destruir el orden democrático, arrasar las libertades públicas y aniquilar físicamente a las principales figuras del chavismo’.

Precisa que los opositores, que ya dieron muestra de sus métodos violentos al atentar contra un hospital materno infantil en Caracas, ‘están recorriendo metódicamente los pasos indicados por el manual desestabilizador de ‘no violencia estratégica’ (Âísic!) del consultor de la CIA Eugene Sharp’.

No puede haber el menor equívoco en la interpretación de las criminales intenciones de esa oposición y de lo que, si llegaran a triunfar, serían capaces de hacer, señala Borón.

Si sus jefes lograsen involucrar militarmente a Estados Unidos en la crisis venezolana propiciando la intervención del Comando Sur, las consecuencias serían catastróficas no sólo para nuestros pueblos sino también para Washington.

Subraya el analista que ‘esa es la apuesta de esta oposición, canallescamente exaltada por la prensa hegemónica mundial’ que manipula los hechos en la patria de Bolívar y ‘miente descaradamente al presentar lo que realmente está ocurriendo en Venezuela’.

La tentación de la derecha venezolana de internacionalizar el conflicto y atraer al músculo militar del imperio cobró nuevos bríos al conocerse las recientes declaraciones del jefe del Comando Sur, Almirante Kurt Tidd, ante la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos, y sobre todo cuando se hizo pública la designación de Liliana Ayalde como Vice Jefa Civil del Comando Sur.

Esta funcionaria tiene un amplio prontuario como embajadora de la Casa Blanca en Paraguay en vísperas del ‘golpe parlamentario’ contra el gobierno de Fernando Lugo, luego de unas breves vacaciones, dice Borón, retornó a la región para ocupar el mismo cargo pero esta vez en Brasilia, donde alentó y auspició el ‘derrocamiento institucional’ de Dilma Rousseff.

Con esos ‘méritos’ ahora tiene una nueva misión en el Comando Sur, donde se cocina una parte de la agresión contra el pueblo venezolano.

En otras palabras, plantea Borón, la número dos esa organización es mucho más peligrosa que su jefe: hija de un médico colombiano radicado en Estados Unidos, Ayalde es una temible experta en demoliciones políticas.

Pura coincidencia que ahora se hable del Plan Colombia como punta de lanza contra Venezuela.

La designación de esta hija de un médico colombiano radicado en Estados Unidos coincide con la intensificación de las protestas violentas en contra del gobierno bolivariano, alerta el artículo.

Agrega que ‘según puede leerse en el sitio web del Comando Sur su misión es ‘monitorear el desarrollo y refinamiento de la estrategia regional del Comando Sur y sus planes de cooperación en materia de seguridad’.

Señala Borón que lo que la oposición ‘democrática’ venezolana desea es precipitar una violenta ‘transición’ al pos-chavismo, reeditando en la patria de Bolívar y de Chávez la tragedia ocurrida en Libia o Irak.

Precisa que pocas designaciones fueron más oportunas que ésta para alentar a los sectores violentos de Venezuela.

En su análisis el politólogo y sociólogo argentino califica de fascista a la oposición venezolana ‘por sus métodos, similares a los empleados por las bandas armadas de Mussolini y Hitler para aterrorizar a italianos y alemanes sembrando destrucción y muerte por la nueva oleada terrorista’.

Fascistas, señala además, por la absoluta inmoralidad e inescrupulosidad de sus líderes, que alimentan el fuego de la violencia, incitan a sus bandas de lúmpenes y paramilitares a atentar contra la vida y la propiedad de los venezolanos y las agencias e instituciones.

Fascistas porque ‘no se arredran ante la posibilidad de sumir a Venezuela en una cruenta guerra civil o, en el improbable caso de prevalecer, convertir a ese país en un abominable protectorado norteamericano’, puntualiza.

Aún así, hay gobiernos y políticos que miran a otro lado para seguir siendo corderos de los dictados de lo que el apóstol cubano José Martí, llamó el ‘norte revuelto y brutal’ que ‘nos desprecia’.