La presidenta del Senado ruso, Valentina Matvienko, dijo a Sputnik que Moscú impugna la injerencia externa en los asuntos de Siria sin defender a toda costa la permanencia del actual mandatario, Bashar Asad, en el poder.

«No estamos defendiendo a Bashar Asad en persona, no es ese nuestro objetivo. Abogamos por un estricto respecto del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas que dice claramente que la intervención foránea en los asuntos de otros Estados es inadmisible», afirmó Matvienko.

La retirada de Asad, dijo la presidenta del Senado, podría derivar en el caos y en la prolongación de la cruenta guerra civil porque «mientras no haya acuerdos políticos, no está claro el formato de la transición».

Rusia se implicó en el conflicto de Siria a petición del gobierno de Bashar Asad, lanzando a finales de septiembre de 2015 una operación aérea para frenar el avance de los yihadistas.

En los últimos meses, Rusia realizó intensas gestiones diplomáticas en cooperación con Turquía e Irán para lograr la retirada de grupos armados de Alepo, establecer un alto el fuego en Siria a partir del 30 de diciembre y organizar en Astaná varias rondas de negociaciones internacionales para consolidar el armisticio e impulsar una solución política del conflicto.

Al comentar las violaciones del alto el fuego vigente en Siria desde el 30 de diciembre, Matvienko aseguró que Rusia y los otros dos países garantes, Irán y Turquía, «seguirán haciendo lo posible para que el armisticio sea respetado, porque es la condición más importante para un proceso político y para el éxito de las negociaciones en Ginebra y Astaná».

La jefa del Senado ruso añadió que el proceso negociador «avanzaría mucho más rápido, si la coalición occidental enviara a la llamada ‘oposición buena’ una señal inequívoca de que debe sentarse a la mesa y buscar un acuerdo».

Con respecto al reciente ataque estadounidense a una base aérea siria, Matvienko señaló que es «una exhibición de músculos» y «un pésimo precedente».

«Es un intento de intervención desde fuera con un pretexto ficticio y una burda violación del derecho internacional que jamás asentiremos», enfatizó.

En la madrugada del 7 de abril, EEUU lanzó 59 misiles de crucero Tomahawk desde dos buques de guerra emplazados en el Mediterráneo contra la base aérea de Shairat, en la provincia siria de Homs.

El ataque, que no tuvo respuesta por parte del Ejército sirio y al que siguió una ofensiva de grupos terroristas, fue presentado como represalia al supuesto empleo de un gas tóxico en la provincia de Idlib, del que Washington culpa a Damasco.

Según EEUU, que no esperó una investigación ni presentó pruebas irrefutables, los aviones sirios habían salido del aeródromo de Shairat para bombardear la localidad de Jan Sheijun donde el empleo de una sustancia tóxica causó más de 80 muertos el 4 de abril, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El Gobierno sirio subrayó que nunca empleó sustancias tóxicas ni contra la población, ni contra la oposición o los terroristas.  Todos los arsenales químicos, recordó Damasco, fueron retirados del país y eliminados en 2016 bajo la supervisión de la OPAQ.

Por su parte, Rusia supuso que el incidente de Jan Sheijun es un montaje o resultado de un bombardeo de la aviación siria sobre los depósitos terroristas que contendrían municiones químicas destinadas para los yihadistas de Irak.

Otro intento de derrocar a Asad

La presidenta del Senado ruso dijo que la negativa de realizar una investigación internacional sobre el empleo de agentes tóxicos en Jan Sheijun en el marco de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) se inscribe en los intentos de derrocar al presidente de Siria, Bashar Asad.

«Da la impresión de que están tratando de crear las condiciones para poner en práctica su idea fija, que es derrocar el régimen de Asad, en vez de dedicarse a la lucha real contra el terrorismo», declaró Matvienko.

La negativa de la OPAQ, a su juicio, demuestra que «no es una organización del todo independiente. La jefa del Senado ruso resaltó que Moscú insistirá en que el uso de armas químicas en Jan Sheijun sea investigado, «suponiendo que haya tenido lugar».

«La comunidad internacional tendrá entonces pleno derecho de castigar a los autores de este crimen de la forma más severa; de lo contrario, habrá una desconfianza enorme hacia los que imputan esta acción bárbara al gobierno de Siria», apuntó.

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