Un nuevo problema diplomático para la futura Administración de Francia. Serbia ha llamado a su embajador en París tras la decisión de un tribunal de dejar libre al político kosovar Ramush Haradinaj, acusado por Belgrado de crímenes de lesa humanidad perpetrados contra ciudadanos serbios de Kosovo.

Serbia había pedido su arresto a través de Interpol. Haradinaj fue detenido en el aeropuerto franco-suizo de Basilea el 4 de enero pasado. El fiscal general había decidido su extradición a Belgrado el 6 de abril, pero el tribunal de apelación de la ciudad francesa de Colmar decidió liberarle argumentando «las consecuencias de una gravedad excepcional» que su extradición podía tener sobre su persona y sobre su papel en la vida política de Kosovo.

Ramush Haradinaj fue primer ministro de Kosovo por un breve periodo de tiempo, entre 2004 y 2005, tres años antes de la independencia de ese territorio, no reconocido por varios países, entre ellos, Rusia, España, Grecia y, evidentemente, Serbia.

Las autoridades serbias le acusan de secuestro, violación y asesinato de civiles durante la guerra de Kosovo. Haradinaj era entonces uno de los jefes militares del llamado Ejército de Liberación de Kosovo (UCK). El Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY) le acusó de crímenes de guerra contra ciudadanos serbios.

Cuando su caso fue juzgado, entre 2007 y 2008, los jueces de La Haya dijeron que el clima de inseguridad había hecho muy difícil recoger testimonios contra el acusado. Haradinaj fue liberado por el TPIY definitivamente en 2012. Desde entonces, recaía sobre él una orden de busca y captura lanzada por Belgrado a través de la Interpol.

Que los jueces que intervinieron en los tribunales para Yugoslavia dejaran constancia de su parcialidad antiserbia, compensada más tarde con otras decisiones extrañas que afectaban a otros acusados no serbios, es un hecho que pasará a la historia de la manipulación política de la justicia internacional.

Que París ceda ahora a la presión tampoco es de extrañar. Francia ha sido uno de los padrinos de los independentistas kosovares y uno de los principales asesores militares del UCK, la guerrilla acusada de múltiples delitos sobre ciudadanos serbios antes, durante y después de la guerra de Kosovo.

Francia fue uno los pilares políticos y militares de los grupos armados kosovares que han sido acusados de perpetrar crímenes contra los serbios de Kosovo, ciudadanos kosovares acusados de apoyar a Belgrado, gitanos, y otras minorías étnicas de la antigua provincia serbia.

El apoyo y entrenamiento del UCK de Hashim Thaci, actual presidente de ese territorio, por los servicios de inteligencia franceses es un hecho desvelado por investigaciones periodísticas convenientemente pasadas por alto por los principales líderes europeos desde el inicio del conflicto en Kosovo, en 1998.

El general francés Xavier Bout de Marnhac dirigió Eulex —misión de la Unión Europea que tiene como objetivo un despliegue planificado de recursos policiales y civiles en Kosovo— entre 2010 y 2012. Bout de Marnhac, fue director de operaciones de la DGSE (Dirección General de Seguridad Exterior), los servicios de inteligencia franceses para el extranjero.

La amenaza de la «Gran Albania»

Una de sus misiones como jefe del espionaje de su país fue entrenar a los miembros del UCK que emprendieron la acción armada contra las autoridades de Belgrado a finales de la década de los 90. Soldados franceses con uniforme del UCK habrían incluso perdido la vida en alguna emboscada del antiguo Ejército Federal Yugoslavo contra el UCK, según informaciones del diario británico The Guardian.

La DGSE fue acusada también de haber ayudado al nacimiento de los ‘servicios de inteligencia’ del UCK, el Shik, creados para apoyar las operaciones de los independentistas armados albano-kosovares.

Años más tarde, París vuelve a ceder ante las presiones de Pristina. El representante en Francia del partido de Haranaj, Mustaf Alimusaj, ya advirtió a la diplomacia francesa: «Si Francia quiere la paz en Kosovo, en Albania, en Macedonia, en Serbia y en Montenegro, deberá dejar libre a Ramush Haranaj».

Las minorías albanesas en los Balcanes juegan un papel desestabilizador impunemente. La Unión Europea cede también a una presión que blande la eterna amenaza de la construcción de una ‘Gran Albania’ que desmantele las actuales fronteras para acoger en su seno a todos los ciudadanos que sueñan con esa quimera, a riesgo de una nueva conflagración en la zona.

Algo que Estados Unidos, principal patrocinador de la independencia de Kosovo, no había previsto cuando apoyó el nacimiento de un ente que es su principal base en la Europa suroriental.

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