Corría diciembre de 1903, cuando en territorio cubano se izó la bandera estadounidense en la inauguración oficial de una estación carbonera; resultado de la imposición de la Enmienda Platt a la Constitución cubana que posibilitó que Estados Unidos impusiera su voluntad a un gobierno que parecía buscar lo mismo: una Cuba dependiente.

La enmienda planteaba el derecho de Estados Unidos a intervenir en Cuba como condición para la retirada de las tropas apostadas aquí desde la culminación de la guerra contra España; a la vez que establecía la firma de un Tratado Permanente que incluyera el articulado de la Enmienda en virtud del cual se arrendaban esas tierras a Estados Unidos “por el tiempo que las necesitare”.

Desde entonces, la Bahía de Guantánamo que está ubicada en el extremo sur oriental de Cuba y cuenta con 117,6 kilómetros cuadrados, se mantiene ocupada ilegalmente por una Base Naval estadounidense.

Si bien en 1934 se derogó el viejo pacto, se firmó uno nuevo, que aunque eliminaba el derecho de intervención, mantenía la permanencia de la base sujeta a que “las dos partes contratantes no se pusieran de acuerdo para la modificación o abrogación de las estipulaciones del Convenio”, ratificando así su ocupación.

El contrato de arrendamiento firmado el 23 de enero de 1903 entre el gobierno de Tomás Estrada Palmay Estados Unidos ha quedado caduco ante la evidencia histórica. Si según su propósito expreso buscaba “permitir a los Estados Unidos mantener la independencia de Cuba y proteger a su pueblo”, la realidad muestra que eso ya no es necesario pues ha sido el mismo pueblo, quien ha forjado una Revolución en la lucha por su independencia. Obviamente esa era la excusa para instalar GITMO -como se le llama popularmente a la Base-, no el propósito. Cuba constantemente denuncia la violación del artículo 52 de la Convención de Viena de 1969, que declara la abolición de un tratado si se ha usado la fuerza o la intervención, como lo fue cuando la Enmienda Platt fue forzada a incluirse en la Constitución cubana hace más de un siglo.

La apertura en el año 2002 de una prisión en el sector Este de ese territorio con la excusa de la Guerra Global contra el Terrorismo, sin previo acuerdo con el gobierno de Cuba, a la vez que viola a lo establecido en ese contrato al ser utilizada la base para otro propósito diferente al original; puso en boca del mundo a Guantánamo, debido a las constantes violaciones a los Derechos Humanos que allí tienen lugar.

Resumen Latinoamericano visitó Caimanera, municipio de 11 mil habitantes perteneciente a la provincia de Guantánamo, desde donde se observa el enclave militar más antiguo que posee Estados Unidos fuera de sus fronteras y cuyos habitantes día a día conviven con una parte de su tierra usurpada.

Pioneros, preuniversitarios y trabajadores salían al encuentro de los delegados provenientes de más de 20 países del V Seminario Internacional por la Paz y la Abolición de Bases Extranjeras que se desarrolló en la ciudad de Guantánamo, ondeando orgullosos sus banderas cubanas por las calles de ese lugar que supo ser la primera trinchera antiimperialista.

En Caimanera es posible observar desde las partes altas los dos aeródromos que posee la base, su hospital, sus puestos de mando, sus muelles y sus banderas; así como los fuegos artificiales por 4 de Julio, Día de la Independencia de Estados Unidos. Los caimanerenses han sido testigos entre 1962 y 1996 de más de 6300 violaciones al espacio aéreo, más de 1300 violaciones al espacio naval y cerca de 600 violaciones al espacio terrestre de su territorio.

Caimanera cuenta con la agricultura, la explotación de minas y la construcción como sus principales actividades económicas; pero hace seis décadas la situación era muy diferente. Antes del triunfo de la Revolución, Caimanera era tomado como “el patio trasero”, el lugar de divertimento y ocio de los marines estadounidenses, el lugar donde iban a realizar ilegalidades en tabernas y prostíbulos, “una tierra de nadie” como afirman los pobladores que ya peinan canas.

Hoy en día, a pesar del control de seguridad que existe para el acceso al municipio y sistemáticas provocaciones por parte de los marines estadounidenses, el pueblo caimanerense busca continuar con su desarrollo económico y social; pero sin dejar de exigir el cierre de GITMO y la devolución de un territorio que les pertenece, cuya usurpación representa un insulto a la soberanía que han sabido conquistar heroicamente hace 58 años.



Laura V. Mor