Kiev volvió a ampliar hoy la lista de personas naturales y jurídicas rusas sometidas a sanciones en un intento por llamar la atención sobre Ucrania, mientras en Occidente se vuelven a abrir canales de comunicación con Moscú.

La operación de castigo de las fuerzas armadas ucranianas en la región sur oriental del Donbass cumplió en abril pasado tres años y en lugar de someter a sangre y fuego a las repúblicas de Donetsk y Lugansk, más bien estas le complicaron aún más las cosas a Kiev.

El gobierno ucraniano, que al iniciar la operación debió mandar a la zona de guerra a grupos neofascistas recién incluidos en una Guardia Nacional, ante el rechazo de los militares a combatir a su propia población, ahora busca cómo justificar la continuidad de la guerra.

De acuerdo con fuentes de la jefatura de las fuerzas de autodefensa de Donetsk, en violación de los acuerdos de Minsk, Kiev concentró en los últimos meses un gran volumen de técnica de guerra a lo largo de toda la línea de confrontación en la zona del Donbass.

El arreglo pactado en febrero de 2015 estipula un cese total de hostilidades, retirada de los medios pesados de combate a más de los 70 kilómetros de la línea de fuego, resolver el estatus de Donetsk y Lugansk y el regreso del control ucraniano de la frontera con Rusia.

Pero Kiev de ninguna forma pierde la oportunidad para presentarse como la víctima en el diferendo. “Tememos un ataque cibernético de Rusia como mismo ya hizo al inmiscuirse en las elecciones de Estados Unidos y Francia”, declaró el presidente ucraniano, Piotr Poroshenko.

«Otra cosa no se podía esperar de Poroshenko”,-declaró el politólogo Oleg Ignatov al comentar las afirmaciones del estadista ucraniano.

Ahora, en medio de una crisis económica en Ucrania, se acerca el primer encuentro directo del presidente ruso, Vladimir Putin, y su similar estadounidense, Donald Trump, en la cumbre de Hamburgo del Grupo de los 20 y es necesario llamar la atención, consideró Ignatov.

La tarea consiste en presentar, cada vez que se pueda, a Rusia como una amenaza, como un país con el cual es imposible y peligroso concertar acuerdos de ningún tipo, señaló el experto.

Ello ocurre después que la canciller federal alemana, Angela Merkel, dialogó con Putin en Sochi y el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Sergey Lavrov, lo hizo con Trump en Washington.

Para el día 17 de este mes, se prevé el encuentro en Sochi del mandatario ruso con el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni.

A ello se suma la necesidad de reforzar el control del flujo informativo por parte de Kiev que presenta la operación de castigo contra la población en Donbass como una guerra contra el supuesto agresor ruso.

Entre las compañías que ahora quedan entre las sancionadas están varios medios de prensa rusos y redes sociales como Vkontakte y Odnaklasnik, así como el buscador Yandex y el servicio de correos online Mail.ru, así como los Laboratorios Kospersky.

Tras rechazar esa medida, el Bloque Opositor en la Rada Suprema (parlamento unicameral) denunció que ello viola los derechos básicos de libertad de expresión y de prensa de los ciudadanos.

La acción apenas puede dañar el trabajo de las mencionadas redes sociales que comunican a millones de personas en todo el espacio pos-soviético, sin embargo, habla aún más de las restricciones que impulsa Kiev contra su propia población, denuncia el citado bloque.

Ahora son mil 228 las personas físicas y 468 las jurídicas incluidas en los listados ucranianos, mientras el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, recordó que Moscú se reserva su derecho a la reciprocidad.

Como respuesta a medidas punitivas aplicadas por Ucrania para desarticular el sistema de economía cooperada entre ambos países, Rusia, además de aplicar contramedidas, puso en práctica un amplio programa de sustitución de importaciones ucranianas (ukrasameshanie).

Moscú logró crear esferas nuevas de producción que antes solo correspondían a la vecina nación, que con anterioridad amenazó con cerrar filiales de bancos y suspendió vuelos directos desde Rusia.

Sin embargo, la rusofobia llegó a su punto álgido el pasado día 9, cuando se intentó prohibir los símbolos soviéticos en las marchas por el Día de la Victoria, una celebración eliminada del calendario ucraniano.

Pese a la información antirrusa y de marcada tendencia neofascista en la prensa ucraniana, unas 600 mil personas participaron en Kiev en la marcha del Regimiento Inmortal, en la que sus participantes portan las fotos de sus familiares caídos en la Gran Guerra Patria.

Sin dudas, algo le está fallando a Kiev, a la que cada vez parecen oírlas menos en Occidente.

Por Antonio Rondón García

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