La intención de crear puestos de control moldavo-ucranianos en la zona de Transnistria podría conducir a una fase activa del conflicto en la región, por lo que la república no reconocida se verá obligada a solicitar ayuda a Rusia para garantizar su seguridad, aseveró a Sputnik el canciller de la república, Vitali Ignátiev.

«No descarto que Transnistria se dirija a Rusia para que emplace a representantes rusos en calidad de fuerza que garantice las medidas de seguridad en los puestos de control en la frontera», señaló el ministro de Exteriores.

Durante la visita del primer ministro de Moldavia, Pavel Filip, a Kiev, realizada el pasado 13 de febrero, se llegó a un acuerdo con las autoridades de Ucrania para acelerar el establecimiento del control conjunto en la frontera con Transnistria.

Se espera que antes de fines de año comience a trabajar el primer puesto de control de este tipo, de los 13 previstos por las autoridades de Moldavia y Ucrania.

Anteriormente el ministro de Desarrollo Económico de la República de Transnistria, Serguéi Obolonik, declaró que este control causaría daños a la economía republicana por un monto de 38 millones de dólares.

«Las consecuencias de que en la frontera este de Transnistria aparezcan militares moldavos pueden ser fatales, además del factor de seguridad, no hay garantías de que no tengan lugar diversos tipos de provocaciones», anticipó Ignátiev.

Según el alto representante diplomático, estas acciones «solo empeoran la situación, socavan la confianza y llevan en la práctica a una nueva vuelta de la fase armada, de fuerza, de conflicto».

«Está claro que en esta situación es necesario garantizar de algún modo la seguridad y recibir ciertas garantías internacionales adicionales», señaló.

Ignatiev añadió que Rusia «es un garante de la paz y la seguridad en las riberas del Dniéster, es un mediador responsable en el proceso de diálogo» y respeta consecuentemente todos los acuerdos, principios y procedimientos.

«Justamente por ello asumimos la misma posición respecto al proceso de conversaciones y a la realización de reuniones; Rusia también está preocupada por el conjunto de consecuencias que pueden surgir a raíz de la creación de puestos de control conjuntos», afirmó.

El titular señaló que «el trabajo se lleva a cabo a buen ritmo».

«Pero tomando en cuenta las posiciones de varios socios internacionales, debemos incrementar nuestra interacción, incrementar las acciones coordinadas para evitar que la situación se torne catastrófica», concluyó.

Iniciativa cuestionable

El Gobierno de la república autoproclamada de Transnistria expresó su repudio a la iniciativa de Moldavia y Ucrania para crear controles fronterizos.

«Es un plan puramente político que busca ejercer presión económica», dijo a Sputnik Vitali Ignátiev.

Transnistria, donde los rusos y los ucranianos constituyen el 60% de la población, luchó por separarse de Moldavia antes de la desintegración de la Unión Soviética, al temer que los moldavos decidieran unirse a Rumanía.

«Las consecuencias del plan moldavo-ucraniano serán nefastas para la calidad de vida de la población de Transnistria», advirtió Ignátiev.

El ministro cifró en más de 40 millones de dólares anuales las posibles pérdidas de la república.

Calificó también la medida como «un intento de Moldavia de extender su dominio jurídico e imponer la fuerza para hacerse con el control de las importaciones, exportaciones, la cadena logística de las mercancías y del cruce de la frontera por parte de las personas».

Ignátiev alertó que Moldavia con este plan busca bloquear por completo la entrada de alimentos, medicinas y otros artículos vitales para Transnistria.

Chisinau perdió el control sobre los territorios en la orilla izquierda del Dniéster en 1992, tras un intento frustrado de resolver el problema por la fuerza.

Las negociaciones en el formato 5+2, en el que participan Moldavia y Transnistria como partes en conflicto, Rusia, Ucrania y la OSCE en calidad de mediadores, y la UE y EEUU como observadores, sirven para encontrar una solución a la situación en la zona.

Actualmente en Transnistria opera una misión internacional de paz que incluye a fuerzas rusas.

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