Vestido con el mismo ropaje del movimiento Alianza País, pero con maneras diferentes de enfocar determinados temas gubernamentales, el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, tomó las riendas del poder para dar continuidad a la Revolución Ciudadana.

Después de una elección presidencial dividida en dos etapas, marcada por la controversia, la solicitud de una impugnación y el recuento de más de un millón y medio de votos, Moreno tomó posesión de su cargo el miércoles 24 de mayo para gobernar a la nación hasta el 2021.

En su primer discurso como mandatario, ratificó algunos proyectos del Ejecutivo anterior, confirmó la dolarización, anunció un plan de lucha contra la corrupción y sentó las bases para un diálogo con la oposición.

Analistas consideran que el mandatario no debería perder el horizonte oposicionista y tener bien amarrados los basamentos para ese ‘diálogo lúcido y de profundo respeto’ que proyecta como una de las aristas más importantes de su política doméstica.

La historia más reciente de la derecha en el continente deja fuera de lugar cualquier intento de conversaciones constructivas y no hay que olvidar jamás las situaciones creadas en Venezuela, contra el gobierno de Nicolás Maduro, y en Brasil contra Dilma Roussef, para citar solo esos dos ejemplos, dijo a Prensa Latina la presidenta de la Coordinadora de Solidaridad con Cuba, María Augusta Calle.

Tras firmar los diez primeros decretos de su gobierno, cinco de ellos para la reconstrucción ejecutiva, el dignatario ecuatoriano número 44 inició un proceso de austeridad en su administración que buscará constituir un ‘frente nacional para combatir la corrupción’.

‘Combatir a la corrupción es sanción y no impunidad. Es contratación pública transparente. Es formación ética para nuestros niños, jóvenes y adultos’, insistió.

Sobre el escándalo de la constructora brasileña Odebrecht, sostuvo que le solicitó a la justicia de Estados Unidos entregar la lista de los funcionarios ecuatorianos involucrados en los sobornos que pagó la compañía para obtener contrataciones de obras públicas.

El nuevo gobierno tiene muy clara la relación con las empresas trasnacionales a las que hará cumplir sus obligaciones ambientales, laborales y de derechos humanos. En ese sentido, el mandatario y su Gabinete trabajarán ‘por la justicia tributaria’, de cara a transformar la relación entre los estados y las empresas transnacionales.

Frente al problema agrícola, Moreno buscará crear universidades técnicas agropecuarias que tengan como objetivo atender las necesidades y la realidad de cada zona en la que estén.

‘Se trata de mejorar la calidad de vida en el campo para que los jóvenes no tengan necesidad de abandonar el campo ni para estudiar ni para encontrar sustento’, insistió.

Es precisamente mediante la producción agrícola una de las aristas que el jefe de Estado proyecta para fortalecer las exportaciones. ‘Vamos a producir y a producir mejor para satisfacer nuestras necesidades primero y para convertirnos en grandes exportadores’, explicó.

Entendidos consideran que los pronunciamientos del presidente en relación con los medios de difusión responden a esa filosofía del diálogo que esgrime, pero que deja a un lado el rol jugado por los grandes consorcios de la prensa a favor de la desestabilización de procesos de izquierda, nacionalistas y progresistas del continente.

Moreno aseguró que mantendría una relación ‘fresca, fluida y dialogante’ con los medios; por eso les pidió ‘responsabilidad’; porque ‘un trabajo deliberadamente mal hecho o mal intencionado, puede destruir a los ciudadanos honestos y destruir la sociedad, queremos periodistas y columnistas íntegros, que escriban con la luz de la verdad y no con la sombra del odio; que exijan justicia, no venganza’.

‘La prensa derechista de Ecuador responde a los mismos cánones de la del resto del continente; tiene sus mismos intereses y proyectan la misma ideología: la desestabilización de los gobiernos progresistas en la región y ahogar al movimiento izquierdista de América de Sur’.

Los ecuatorianos tienen grandes expectativas del recién estrenado gobierno que, aunque gorjea sus primeros sonidos, tiene muy claro su objetivo principal: defender las conquistas de un decenio de Revolución Ciudadana, bajo el desvelo de Rafael Correa.

Uno de los temas primordiales en la agenda de su programa, la vivienda, ocupará un lugar predominante en la política casera.

El estadista ecuatoriano también anunció la construcción de más de 300 mil hogares, de los cuales 191 mil serán entregados sin costo a las personas en pobreza extrema.

‘Con ello no sólo daremos esa satisfacción inmensa a las familias pobres, sino que además dinamizaremos la economía porque se generarán, todos sabemos que la construcción genera dinamización de la economía, se generarán empleos directos’, acotó.

El presidente evidenció la voluntad y el compromiso mostrados desde la campaña electoral, de ser el presidente de todos los ecuatorianos y las ecuatorianas.

‘Soy el presidente de todos, me debo a todos, respeto a todos. Trabajaré para que nadie, absolutamente nadie se quede atrás’.

En esta línea, prometió una gestión que tenga en cuenta y esté orientada a las necesidades y solicitudes de la población.

‘Nada sobre nosotros, sin nosotros. Así actuará el próximo gobierno ecuatoriano: nada para los ciudadanos, sin los ciudadanos’, indicó.

El llamado es al diálogo, al consenso en medio de las diferencias y al trabajo conjunto de todos los sectores y corrientes por un bien común: el bienestar del país ubicado en La Mitad del Mundo.

Por Coto Wong

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