Arabia Saudita, Israel, Palestina, Italia, El Vaticano y Bélgica fueron las paradas de la primera gira internacional del presidente norteamericano, Donald Trump, quien partió hacia el extranjero a asegurar alianzas mientras dejó en casa un complicado panorama político.

Con este recorrido, Trump es hasta ahora el único mandatario de su país en iniciar su primera estancia en el exterior por el Oriente Medio, donde se encontró frente a frente no solo con las autoridades sauditas, sino con medio centenar de líderes del mundo musulmán.

El 21 de mayo, durante su discurso en una cumbre celebrada en Riad, el jefe de Estado se esforzó en mostrar que su país no está en guerra con el islam, en un intento por borrar el efecto de su retórica incendiaria de campaña, cuando llegó a pedir el cierre total y completo de la entrada de musulmanes a su país.

Trump se centró en hacer llamamientos a combatir el terrorismo y expulsar a los extremistas; al tiempo que, para gusto de aliados como la propia Arabia Saudita, se pronunció a favor del aislamiento de Irán.

Las siguientes paradas del jefe de la Casa Blanca fueron Israel y Palestina, otro esfuerzo en lo que se perfila como un tema prioritario para su administración: alcanzar un triunfo en política exterior con el acercamiento a una solución para el conflicto entre esas partes.

Durante su estancia en Tel Aviv el 22 de mayo, que se produjo en medio de manifestaciones de apoyo a la huelga de hambre de unos mil 500 prisioneros palestinos en cárceles israelíes, Trump se reunió con el primer ministro, Benjamin Netanyahu, y el presidente Reuvén Rivlin.

Además, se convirtió en el primer mandatario estadounidense en el cargo en visitar el Muro de las Lamentaciones en la Ciudad Vieja de Jerusalén, la cual está ocupada militarmente por Israel desde la guerra de 1967 y por ello otros líderes han evitado ir al lugar mientras están en el poder.

Un día después, se encontró en Belén con el presidente palestino, Mahmoud Abbas, quien reiteró a su homólogo norteamericano el deseo de alcanzar un acuerdo histórico de paz; pero varios medios indicaron que en ninguna de esas actividades Trump pronunció una palabra sobre la creación de un Estado palestino ni criticó de ningún modo la colonización israelí.

El 24 de mayo, en tanto, la agenda del gobernante republicano registró un encuentro de media hora con el papa Francisco, el cual generaba muchas expectativas por los criterios divergentes entre ambos en temas como inmigración y refugiados; y también tuvo diálogos con el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, y el presidente Sergio Mattarella.

Poco después se trasladó a Bruselas, la capital belga, donde sostuvo conversaciones con las autoridades locales y líderes de la Unión Europea, pero el objetivo fundamental de la estancia fue su participación en la Cumbre de la Organización de Tratado del Atlántico Norte, en la cual repitió su reiterado mensaje de pedir a los países miembros un incremento de los gastos militares.

Este sábado, en tanto, Trump pone punto final a su recorrido con su presencia en la segunda y última jornada de la Cumbre del G-7 (Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Japón, Canadá y Estados Unidos), que se celebra en Taormina, en la región italiana de Sicilia.

Queda por ver en el futuro cercano los frutos que dará esta gira al mandatario, necesitado de éxitos que levanten sus bajos niveles de aprobación entre los estadounidenses, y que hagan contrapeso a los continuos escándalos que no dejan de golpear a su gobierno.

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