El anuncio del fallecimiento del llamado »hombre fuerte de Panamá» (1983-1989), Manuel Antonio Noriega, deja la interrogante de si se llevó consigo todos los secretos, o si con la desaparición física murió también su silencio.

El 27 de enero pasado, Noriega dijo con voz firme, mientras miraba de frente a familiares de sus supuestas víctimas: ‘Con mi corazón bajo el nombre de Dios digo: no tuve nada que ver con las muertes de estas personas, que cualquier palabra que no sea cierta, que algo negativo caiga sobre mí’.

Este escenario fue en una vista judicial, en la cual se analizó la posibilidad de cambiar su condena a prisión domiciliaria y en la que estuvieron los demandantes por un hecho conocido como masacre de Albrook, en el cual murieron oficiales protagonistas de un fallido golpe contra el exgeneral.

Tras su afirmación en el juicio, fue increpado por los hijos de varios de los fallecidos, entre ellos los de Moisés Giroldi, León Tejada e Ismael Ortega, a quienes respondió: ‘Fueron los amigos de Tejada los que lo mataron, que su odio y rencor vaya contra ellos, yo impedí que se matara gente’.

Sin ser interrumpido por el juez, continuó: ‘Nunca se me permitió dar indagatoria ni nada sobre los hechos acontecidos, fui juzgado en ausencia. Había una conspiración en mi contra y lo asumí sin cobardía. Hay personas escondidas bajo la amistad de Tejada’.

Karina Ortega, hija del fallecido Ismael Ortega, instó al condenado: ‘Él dice que no tuvo nada que ver, pero al menos que diga nombres de quiénes fueron los que asesinaron a esos hombres. Hace tiempo perdonamos a Noriega porque no nos vamos a morir con rencor, creo que se va a ir a la tumba con eso’.

El silencio fue la respuesta al pedido, y en las repercusiones de su fallecimiento en los medios de prensa panameños es recurrente las lamentaciones en personas de todos los estratos sociales por la falta de esclarecimiento de una etapa, de la cual muchos ahora dicen que estuvieron en el lado opositor, mientras pocos se reconocen aliados.

Alvin Weaden, uno de sus oponentes, quien aseguró este martes al canal Telemetro que se entrevistó durante más de dos horas con Noriega en la cárcel, dejó entrever la posibilidad de que él haya escrito sus confesiones, según valoró de una imprecisa respuesta de su interlocutor sobre el tema.

Al menos otras dos personas, que aseguraron contactos con el reo, expresaron similares dudas, incluso especularon sobre la posibilidad de que dejó en vídeo revelaciones comprometedoras para algunos que están en altas posiciones en la escala social del país.

Weaden llamó la atención de que la falta de seguridad del preso en la cárcel capitalina de El Renacer ponía en peligro su vida si hubiese decidido ofrecer su versión sobre el pasado, y era una presión para que mantuviera el silencio.

Similar criterio ofreció en julio pasado quien fuera defensor del exgeneral, Ángel Ezra, y aseveró que a su cliente no le permitieron hablar, pero ‘teme por su vida para dar su versión’ sobre hechos por los que se le condenó, y revelar lo que muchos no quieren que se conozca, afirmó.

‘Nosotros siempre hemos dicho: garantícenle la seguridad a Noriega, otórguenle un depósito domiciliario, y él podrá dar su versión en un sitio seguro, y no en un centro penitenciario donde cualquier cosa puede pasar’, dijo.

En la nota en la cual informó de la extradición de Noriega desde Francia a Panamá en 2011, el diario colombiano El Espectador citó declaraciones del entonces presidente del país, Ricardo Martinelli, en las que expresó su esperanza de que hablara para ‘saber lo que pasó con todas las personas que aquí de alguna forma lucraron a costa de los militares y el Estado’.

Uno de sus cercanos colaboradores, Roberto Díaz, afirmó que, si bien su exjefe tenía información para ‘hacer daño a determinadas personas’, es la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) la que debía temer ‘como institución y todo ese aparato de intrigas y corrupciones’, según el rotativo.

Díaz reveló que Noriega colaboró con Washington, por instrucciones de la CIA, en la venta de drogas para financiar a la contra nicaragüense, que en la pasada década del 80 combatió al gobierno del Frente Sandinista; ese hecho, conocido como el escándalo Irán-contra, involucró a altas personalidades estadounidenses.

Mientras algunos se adelantan en anunciar ‘el cierre de una etapa de la historia’ de Panamá, la lógica apunta a que hay indicios para suponer que, a partir de ahora, pudieran destaparse secretos y comenzar la lucha por evitar el derrumbe del ficticio blindaje moral de ‘honorables’ miembros de la alta sociedad local.