El Ejército sirio y fuerzas aliadas avanzan en cuatro importantes frentes de combate en el norte, centro, este y sur del país ante grupos terroristas del Estado Islámico, Daesh en árabe, fundamentalmente.

Al oriente de la provincia de Alepo recuperaron en las últimas horas más de 20 aldeas y poblados en una extensión de cerca de cinco mil kilómetros cuadrados y acorralan al Daesh en el último bastión que les queda, la localidad de Maskaneh.

Esta última población, de apenas unos 20 mil habitantes, mayoritariamente bajo amenazas y presiones de los extremistas armados, está junto al mayor lago de Siria, el Assad, al lado del río Eufrates y muy cerca de Raqqa, la hasta ahora ‘capital’ del Daesh.

Por primera vez desde el 2013, las Fuerzas Armadas sirias logran tales avances en medio de tensiones y una ‘suerte’ de detente con tropas turcas, estadounidenses, de terrorista del Daesh y de la llamada Junta para la Liberación del Levante, liderada por el otrora Al Nusra.

Al noreste de Alepo, sobre las ciudades de Al Bab, Manbij y Jarablus, en una amplia región fronteriza con Turquía, se dislocan las fuerzas mencionadas y otros de las denominadas «Fuerzas Democráticas de Siria», de la oposición.

Aunque no se han producido enfrentamientos significativos, la región es indudablemente un foco de incertidumbre militar ante la magnitud de las partes en pugna, a poco menos de un ‘tiro de cañón’.

El Gobierno sirio ha reiterado que esas agrupaciones están en territorio nacional y violan la soberanía del país mientras que entre la provincia de Alepo e Idlleb, bajo control del antiguo Al Nusra, está aprobada una frágil línea de distensión luego de los recientes acuerdos de Astaná, capital de Kazajastán.

En este último caso, tanto Damasco como Moscú y Teherán insisten en la necesidad de definirla sobre la base de controles coordinados y otras medidas de seguridad que eviten una confrontación de magnitudes impredecibles y hasta ahora ignoradas por Washington y sus aliados.

Mientras, en áreas de las provincias de Hama y Homs, las tropas sirias y milicias afines, entre ellas las del movimiento de resistencia libanés Hezbolá, consolidaron posiciones y avanzan más allá de los extensos y estratégicos campos de gas y petróleo que rodean la histórica ciudad de Palmira.

Cada éxito alcanzado en las zonas de enfrentamientos ha permitido neutralizar al Daesh, que aún rodea la ciudad de Deir Ezzor e intenta impedir a las tropas sirias sus operaciones hacia el este para crear una línea de contención estratégica junto a la frontera con Iraq.

En este duro batallar, de constantes escaramuzas y choques donde se emplean todo tipo de armas pesadas, tanques, vehículos artillados y coches con suicidas, actúan de conjunto la aviación siria y rusa, cuyos misiles de largo alcance lanzados recientemente, aniquilaron caravanas de grupos del Daesh.

Al sur de Damasco, hacia la frontera con Jordania e Iraq, las Fuerzas Armadas sirias están también enfrentadas a unidades irregulares del Ejército Libre Sirio respaldadas por unidades especiales de Estados Unidos y que tratan de impedir el legal derecho de este país a defender y reconquistar partes del territorio nacional usurpado.

Todos los elementos de valoración, el análisis de especialistas y el intenso quehacer diplomático permiten suponer que ante la pervertida y saboteadora obstinación de Washington y sus acólitos europeos y regionales, la ansiada paz en esta nación del Levante vive un proceso bien difícil y a largo plazo.

Por Pedro Garcia Hernandez

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