Con la mirada puesta en grandes desafíos globales como la lucha contra el terrorismo, Francia y Rusia parecen dispuestas a dejar atrás las tensiones de los últimos años y forjar un nuevo momento en los nexos bilaterales, marcado por una mayor cooperación.

Así trascendió durante el reciente encuentro entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en el Palacio de Versalles de la nación gala, una reunión que despertó una amplia atención mediática.

‘Sin diálogo con Rusia no se puede actuar sobre las cuestiones más importantes’, aceptó el mandatario anfitrión en una actitud notablemente distinta a la asumida por su predecesor, François Hollande.

Su quinquenio de gobierno se caracterizó por la constante tensión hacia Moscú, que tuvo como momento crítico el rechazo de Hollande a recibir a Putin en octubre último, cuando el jefe de Estado ruso tenía previsto visitar a París.

En contraste con tal postura, calificada por políticos y analistas de una gran torpeza diplomática, Macron se reunió con su homólogo solo dos semanas después de asumir el poder en Francia, y el hecho marcó su primer recibimiento a un jefe de Estado visitante.

Rodeado de un alto simbolismo, el encuentro se produjo en el Palacio de Versalles a propósito de una exposición sobre la visita del zar Pedro el Grande a Francia en el año 1717, una muestra que marca los 300 años de relaciones diplomáticas entre las dos naciones.

Tras un almuerzo de trabajo que se extendió más de lo previsto, Putin y Macron ofrecieron declaraciones a la prensa en las cuales ratificaron su voluntad de superar las dificultades de los últimos años.

El presidente visitante manifestó estar ‘convencido de que los intereses prioritarios de Francia y Rusia superan los puntos de fricción’, por lo cual estimó necesario centrarse en los puntos comunes.

Por su parte, el anfitrión admitió la existencia de desacuerdos, pero sostuvo que la verdadera prioridad es ‘cómo construir de manera concreta una acción común, pues solo así lograremos avanzar’.

La lucha contra el terrorismo fue presentada como el desafío principal del presente y el futuro cercano, para lo cual abogaron por unir fuerzas con el fin de restaurar la estabilidad en el Medio Oriente, y particularmente en Siria.

Frente a la postura de algunas naciones occidentales que declaran abiertamente su rechazo al gobierno de Bashar al-Assad, Putin reiteró su alerta de que ‘no podemos luchar contra la amenaza terrorista destruyendo el Estado’ en Siria.

En el escenario internacional, otro tema priorizado fue la situación en Ucrania. Ambos mandatarios coincidieron en realizar lo más pronto posible una reunión del llamado formato o cuarteto de Normandía (Francia, Rusia, Alemania y Ucrania), con el fin de propiciar una desescalada del conflicto.

En el ámbito bilateral y en correspondencia con la intención de relanzar las relaciones, Macron anunció la creación de un foro franco-ruso dirigido a propiciar un intercambio más intenso a nivel de sociedad civil, así como establecer un diálogo constructivo para mantener y profundizar los lazos.

El mandatario francés abogó por continuar los proyectos comunes en ámbitos como la economía, la ciencia, la aeronáutica y el sector aeroespacial.

Mientras, Putin defendió la necesidad de incrementar las relaciones de los diversos actores sociales, y particularmente de los jóvenes, con el conocimiento mutuo de la lengua y la cultura como base.

Por Luisa María González

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