Pese a lo usado del símil, deviene realista la comparación entre la situación de peligro mortal que amenaza al pueblo de Sudán del Sur y los bíblicos Cuatro Jinetes del Apocalipsis, último libro del Nuevo Testamento.

Signados por la desgracia en el también llamado ‘Libro de las Revelaciones’, el país africano les concede actualidad desde el primero o blanco (el Anticristo); el segundo o rojo (la guerra); el tercero o negro (crisis económica, muerte, penuria, desnutrición y hambruna); hasta el cuarto o amarillo (enfermedad y muerte).

El aserto sobre la nación africana se revela solo con leer titulares periodísticos de los últimos días: ‘Una de las crisis alimentarias más graves del mundo’; ‘La mayor crisis de refugiados del continente africano’; ‘la peor crisis humanitaria del mundo’; o ‘Se agrava la crisis humanitaria en el país más joven del mundo’.

Sudán del Sur, independizado en 2011 del resto de Sudán, padece como pocos la fatídica combinación de la guerra, que acumula cien mil muertos, dos millones de desplazados internos y un millón y medio de refugiados, en el último lustro.

Como remedos de los bíblicos Jinetes, esos flagelos convierten la crisis del sufrido país africano en una de las peores del mundo actual, hasta el punto de que, según Oxfan Internacional, 7,5 millones de su población necesita ayuda humanitaria, mientras cinco millones (el 40 por ciento) se enfrenta al hambre extrema.

Respecto a las enfermedades, los brotes confirmados de cólera afectan a nueve de los 32 estados del país, con unos cuatro mil 700 casos conocidos, a la vez que más de un millón de niños sufren malnutrición aguda y un cuarto de millón ya están gravemente desnutridos.

AMENAZA PRINCIPAL: EL JINETE NEGRO

Pero, como indican las cifras de importantes organismos, el negro o tercer jinete (crisis económica, muerte, penuria, desnutrición y hambruna) es ahora el más amenazante, pues la falta de alimentos amenaza a 7,5 de sus 13 millones 340 mil habitantes y a buena parte de ellos con niveles extremos.

Según el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, sea a causa de la guerra o de la sequía, el país ya afronta el riesgo de una hambruna para unos 5,5 millones de sursudaneses.

La economía cayó en picada, los precios de alimentos y combustibles se disparan con frecuencia y el coste de la vida sube de forma vertiginosa, mientras las reservas de alimentos se agotan y el comercio y los mercados locales se deprimen.

Otra fuente confiable, el representante de la FAO en Sudán del Sur, Serge Tissot, asegura que ‘la hambruna es una trágica realidad en muchas partes del país y se confirman nuestros peores temores. Muchas familias agotaron todos los medios que tienen para sobrevivir’.

De acuerdo con el experto, las gentes perdieron su ganado, incluso sus herramientas agrícolas, y desde hace meses dependen en lo fundamental de las plantas y peces que puedan encontrar.

Al abandonar sus granjas y rebaños, las familias de esas comunidades, en su mayoría agricultoras y ganaderas, perdieron la principal fuente de alimentación.

George Fominyen, coordinador del Programa Mundial de Alimentos (PMA), afirma que los más de 100 mil sursudaneses que viven en situación de hambruna ‘sobreviven gracias a los nenúfares, a las raíces y plantas de los ríos y, cuando más, comen una vez al día’.

Nyabel Wal, que cosecha las malezas próximas a su casa para hervirlas y alimentar a sus hijos, admitió que ‘estamos comiendo hierbas porque no hay comida’, en tanto su compatriota Ngwen Chek confirma que ‘no plantamos nada desde 2013, nada de nada. Uno no sabe si va a sobrevivir al día de mañana’.

Desde que se declaró la situación de crisis en febrero pasado ya hay numerosos muertos en el país, lo cual demuestra la certeza de los expertos, cuando dicen que una declaración formal de hambre significa ya desde antes fallecidos por esa causa.

La ONU, por su parte, sólo utiliza el término ‘hambruna’ cuando coinciden en una región ciertos niveles de mortalidad, desnutrición y hambre, situaciones extremas y muy poco habituales, según especialistas.

‘Sin un esfuerzo global colectivo y coordinado, la gente simplemente morirá de hambre. Estamos en un momento crítico de la historia. El mundo vive la mayor crisis humanitaria desde 1945’, advirtió el jefe humanitario de la ONU, Stephen O’Brien, en relación con ese flagelo en Sudán del Sur y en el resto del planeta.

‘Muchos otros morirán a causa de enfermedades. Los niños tendrán retraso en su desarrollo. Los medios de existencia, el futuro y la esperanza se perderán’, insistió el representante del organismo mundial.

LA GUERRA Y LOS DESPLAZADOS

La escalada del conflicto, iniciado en 2013 tras la escisión del país en julio de 2011 del resto del Sudán original, agrava la situación de un territorio rico en petróleo, pero sin recursos financieros para potenciarlo.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) alertó que los citados flagelos agravados por la guerra generan en el país ‘la mayor crisis de refugiados de África’, ya que junto a los dos millones de desplazados internos, otros 700 mil sursudaneses emigraron hacia Estados vecinos.

La ONU y la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD, África oriental) y gobiernos como el de China reaccionaron en los últimos días ante la escalada de esa guerra y propusieron medidas para solucionarla y evitar una posible catástrofe humanitaria.

El organismo mundial propuso el cese de hostilidades, la reanudación del proceso de paz y garantías de acceso humanitario irrestricto a los necesitados, como los tres objetivos más apremiantes frente al conflicto interno.

La máxima autoridad del ente mundial consideró imprescindibles en lo inmediato esas medidas para neutralizar la tendencia a una tragedia de incalculables dimensiones, a causa de sus secuelas alimentarias y migratorias.

Para detener la caída del país hacia un abismo y evitar la hambruna generalizada, debemos concentrar nuestros esfuerzos colectivos hacia esos propósitos, subrayó el Secretario General de la ONU.

Los Estados de África oriental integrados a la IGAD, por su parte, respondieron de inmediato a la exhortación de Guterres, mediante un llamado a la apertura de corredores humanitarios y una alerta sobre medidas urgentes para facilitar el acceso seguro de cooperantes para la asistencia a siniestrados.

Esa organización, cuyos ocho integrantes (Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Kenya, Uganda, Somalia, Yibuti y Eritrea) soy muy activos frente a la situación sursudanesa, se sumó a los esfuerzos pacificadores de países como China, cuyo gobierno pidió presionar de forma enérgica para encontrar una solución al conflicto.

Por Antonio Paneque Brizuela