Agentes de seguridad libaneses desmantelaron una célula integrada por yemenitas, palestinos y sirios vinculados al Estado Islámico (EI) en Siria y África, e incautaron cinturones explosivos y otros materiales para cometer atentados, se informó hoy.

De acuerdo con medios de prensa locales, un grupo de élite de la Inteligencia de la Seguridad General y las Fuerzas de Seguridad Interna abortó acciones que los terroristas tenían planeado llevar a cabo en las localidades de Trípoli y Nabatieh, en el norte y sur de El Líbano, respectivamente.

Los efectivos arrestaron por lo menos a siete extremistas, incluidos cinco palestinos, un yemenita y un sirio que eran buscados por las autoridades, y desactivaron un cinturón de explosivos, además de detectar enlaces entre esos hombres y el Daesh, acrónimo árabe de EI.

Como parte de los contactos en Siria y África, los miembros de la red se comunicaron con sus operadores desde distintos lugares libaneses, sobre todo en los campamentos de refugiados palestinos de Ain El-Hilweh, en la ciudad meridional de Saida, y de Shatila y Burj El-Barajneh, en el sur de Beirut.

Los interrogadores pudieron obtener confesiones de los sospechosos relativas a que tenían órdenes de ejecutar ataques suicidas en instalaciones públicas, así como asesinatos de oficiales del Ejército y las fuerzas de seguridad libanesas, y sus partidarios en Shatila y Burj El-Barajneh.

Además, poseían una lista de operaciones que incluía proveer detonadores explosivos para usarlos en potentes bombas, los cuales trasladarían de Ain El-Hilweh en Sidón, como también se conoce a Saida, al distrito de Cola, un punto neurálgico de conexiones de transporte en el suroeste de la capital.

Otras cuatro bombas estaban listas para ser detonadas en áreas de Trípoli, Nabatieh y Al-Rihab, esta última en los suburbios del sur de Beirut considerados bastión de los movimientos chiita Hizbulah y Amal, agregó un reporte de la agencia oficial NNA.

La fuente señaló que los apresados, actualmente sujetos a acciones de la fiscalía militar, se proponían constituir una célula de simpatizantes del Daesh radicada en Beirut con el objetivo de ejecutar operaciones de seguridad y deflagraciones de bombas dentro del territorio libanés.

Incluso, uno de los suicidas había urdido una acción en la que detonaría un cinturón de explosivos frente a la entrada de un edificio habitado por un conocido clérigo del sur de El Líbano para matarlo al salir de su casa.

Asimismo, otro sospechoso confesó planes de llevar a cabo un ataque en un restaurante, institución social o área de reunión de los suburbios sur de Beirut coincidiendo con la hora del ‘iftar’, la ceremonia nocturna con la cual los musulmanes rompen el ayuno durante el mes del Ramadán.

Los arrestos coincidieron con el aniversario 156 de la fundación de las Fuerzas de Seguridad Interna libanesas, ocasión en la que el ministro del Interior, Nouhad Mashnouq, llamó a reactivar la pena de muerte ante el repunte de numerosos crímenes, asesinatos premeditados y actos de terror.

La última ejecución en este país árabe ocurrió en 2004, pero al menos 40 personas estaban en el corredor de la muerte hasta enero de 2010, año en el que se dictaron cuatro condenas, pero ninguna se aplicó. Sin embargo, ese tipo de pena se sigue emitiendo en cortes, sobre todo contra terroristas.

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