Casi año y medio después de su último encuentro, los primeros ministros indio, Narendra Modi, y pakistaní, Nawaz Sharif, volvieron a dialogar cara a cara, aunque a diferencia de entonces, en un ambiente caldeado y saturado de acusaciones mutuas.
La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai, celebrada esta semana en Astaná, sirvió de plataforma para un breve intercambio de palabras entre ambos dignatarios bajo la atenta mirada de dirigentes regionales. Durante la conversación informal, de apenas unos minutos, Modi preguntó a Sharif sobre su salud (recientemente fue operado en Londres) y su familia, revelaron fuentes oficiales indias.

Esta fue la quinta ocasión en que se vieron las caras. La última ocurrió el 25 de diciembre de 2015, cuando Modi sorprendió al realizar una escala en la ciudad pakistaní de Lahore en su rumbo a esta capital procedente de Afganistán, con el fin de felicitar personalmente a Sharif en su cumpleaños y abordar asuntos bilaterales.

Celebrada por todos, la acción ocurrió en un momento de distención, que incluyó el anuncio del reinicio del diálogo bilateral sobre los temas que enfrentan a ambas naciones, en especial la disputa por la región de Cachemira. Sin embargo, las buenas noticias duraron poco. Días después, milicianos islámicos provenientes de Pakistán atacaron la base aérea india de Pathankot, una situación que congeló todo acercamiento y provocó duros intercambios de acusaciones y amenazas. Varios asaltos similares, en especial el ocurrido en septiembre contra una instalación castrense en la localidad cachemir de Uri, no hicieron más que ahondar la crisis.

Más allá de lo anecdótico, el nuevo encuentro puede llegar a romper la aguda escalada, aunque el creciente abismo es difícil de superar, estimó el portal noticioso The Wire. El gesto coincide con la caída en picado de las relaciones bilaterales, coincidió el diario Hindustan Times.

Un ejemplo fue la reunión paralela que tuvieron ese mismo día funcionarios de ambas naciones en la Corte Internacional de Justicia, en la Haya, para discutir el calendario sobre el caso del presunto espía indio Kulbhushan Jadhav, condenado a muerte en Pakistán. Este es uno de los últimos episodios del diferendo entre Nueva Delhi e Islamabad, que tensó las siempre difíciles relaciones de las dos potencias nucleares. A ello se sumaron los sistemáticos choques militares en la frontera de facto en la norteña Cachemira, que provocaron numerosos muertos y heridos en ambos lados.

La crispación vigente en los últimos meses provocó la expulsión de diplomáticos, campañas diplomáticas de aislamientos, boicot a artistas pakistaníes en Bollywood y de películas indias en Pakistán, así como amenazas con sepultar el Tratado del Río Indo, que regula el uso de las aguas correspondientes a uno y otro país en la frontera común. La situación llevó también al ejército de Nueva Delhi a lanzar un ‘ataque quirúrgico’ en territorio pakistaní contra presuntos campamentos de extremistas islámicos, aunque Islamabad negó tal incursión.

Más allá de las fotos y las imágenes del encuentro, queda la incertidumbre sobre una eventual desescalada que ayude a retomar el diálogo para buscar soluciones a un conflicto que ya dura siete décadas, causante de tres guerras y numerosos choques menores.