Cada vez que una fuerza muy grande de comentarios, personas o países se abalanzan contra un solo adversario, lo sensato es marcar distancia antes de emitir pronunciamiento.

En lo personal es lo más recomendable, no prestarse al patoteo, y marcar distancia respecto a la corriente que atrapa de primera mano las emociones que impelen a proceder como “Raimundo”, el que sigue a todo el mundo y es incapaz, cuando confronta alguna circunstancia de complicaciones inusitadas, y que exijen definición política, ética y moral, fijar postura propia.

Lo último, en materia internacional y del Medio Oriente, es la condena que se pretende contra Qatar hoy, un Estado de territorio pequeño, empero uno de los más poderosos productores de hidrocarburos del planeta. Llama la atención que, a dos semanas de la gira del presidente de EEUU, Donald Trump, Qatar, país que ha insinuado la necesidad de acercarse y conversar con Irán para resolver los conflictos del Medio Oriente, sea apedreado mediáticamente por las grandes cadenas informativas del mundo, que adhieren la versión según la cual seis países del Golfo rompen relaciones con el rico emirato, bajo la acusación de “patrocinio del terrorismo”. La capital de Qatar, Dubai, posee varios de los edificios más elevados del mundo y su lustrosa panorámica, en medio del desértico suelo que circunda la península arábiga, en nada envidia a lugares tan célebres como Montecarlo, Mónaco o la mítica Las Vegas.

Luce sospechosa la andanada geopolítica contra el Qatar de hoy. ¿Su origen se relaciona con un supuesto apoyo al Estado Islámico, o al hecho de proponer acercamiento con el Irán que acompaña a Siria frente a la agresión del EI, EEUU y la OTAN? Como en tantas oportunidades, se repite, cada vez que las cadenas mediáticas la emprenden ‘en cambote’, todos al mismo tiempo contra un adversario, sin darle chance a que exponga sus razones, el lector debe ponerse alerta, no sea que se pretenda engañarle para que no dé su apoyo a ninguna felonía.

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