Atenazado por su heterogeneidad política, el gobierno de El Líbano siguió hoy tomando el pulso a la crisis entre Qatar y tres países del golfo Pérsico, sin parcializarse con ninguna de las partes, al menos públicamente.

El ministro de Información, Melhem Riachy, recibió a los embajadores en Beirut de Omán, Badr bin Mohammed al-Mantheri, y de Qatar, Alí bin Hamad al-Marri, un día después de que el primer ministro lo hiciera con los representantes de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Arabia Saudita y Egipto.

La agencia oficial NNA reportó que durante los encuentros en la oficina de Riachy ‘las conversaciones se enfocaron en las relaciones bilaterales entre El Líbano y los dos países árabes’, pero fuentes cercanas aseguraron que se trataron las recientes disputas en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

El Líbano, cuyo gobierno está integrado por ministros de diversas fuerzas políticas, algunas acérrimas rivales entre sí, ha evitado pronunciarse acerca de la decisión de Arabia Saudita, EAU y Bahrein de romper relaciones con Qatar tras acusarle de promover y dar cobijo al terrorismo.

Ayer, el primer ministro libanés, Saad Hariri, conocido por su estrecha afinidad con el reino saudita, se reunió en su sede del Grand Serail de Beirut con los embajadores emiratí, Hamad Al-Shamsi, y egipcio, Nazih al-Najjari, y el encargado de negocios saudita, Sultan al-Sibai.

Hariri ni ninguna fuente de su gabinete revelaron el contenido de las pláticas, pero los diplomáticos emitieron una declaración conjunta en la que señalaron haber acudido a la cita con el mandatario para ‘explicarle la posición de los tres estados de rechazo a la política de Qatar’.

Tras reiterar las acusaciones a Doha de que su política ‘está sacudiendo la estabilidad de la región’, destacaron su interés en ‘informar a las autoridades libanesas de las razones y motivos detrás de nuestra decisión conjunta que se tomó después de largo tiempo de paciencia’.

‘Es importante para nosotros mantener al tanto a las autoridades libanesas de nuestra posición y los acontecimientos al respecto, esperando en que (la postura) sea tomada en consideración de acuerdo con la visión y los intereses de los libaneses’, concluyó la declaración de los jefes de misiones.

Los representantes saudita, emiratí y egipcio dijeron ser ‘perfectamente conscientes de la crítica situación en El Líbano y la actual discusión de la ley electoral, considerada prioritaria para los libaneses’, lo cual se asumió como una muestra de comprensión del silencio en Beirut respecto a la crisis.

Aunque a nivel gubernamental e institucional ninguna figura de renombre nacional ha emitido declaraciones sobre el contencioso entre Qatar y sus antiguos aliados del CCG, los ministros y diputados de los movimientos Hizbulah y Mustaqbal adoptan posturas contrapuestas una vez más.

Mustaqbal (Futuro, en árabe), liderado por Hariri, en su condición de aliado incondicional de Riad se supone toma partido por el reino saudita y sus socios del CCG en las críticas a Doha por apoyar a grupos terroristas, todo lo cual niega el ejecutivo qatarí.

Al mismo tiempo, Hizbulah (Partido de Dios) ya expresó su coincidencia con Irán de que la cumbre árabe-islámica organizada por Arabia Saudita con el presidente estadounidense, Donald Trump, perseguía afianzar la posición regional de Washington y debilitar a la Resistencia en Siria y Yemen.