La victoria en las elecciones parlamentarias del domingo en Kosovo de la coalición de línea dura podría tener repercusiones negativas para la estabilidad en los Balcanes occidentales en general y las relaciones con Belgrado en particular.

Aunque continúa el escrutinio, parece irreversible la tendencia, tras el 60 por ciento de las boletas contadas, que arroja un primer lugar, con el 35,90 por ciento, para la coalición encabezada por la Alianza para el Futuro de Kosovo (AFK), de Ramus Haradinaj.

Acompañan a ese agrupación el Partido Demócrata (PDK), Iniciativa para Kosovo (IK) y otras 10 pequeñas organizaciones de albano-kosovares.

En segundo sitio, con el 24,80 por ciento, se ubica otro pacto, formado por La Unión Democrática de Kosovo, Alianza Nuevo Kosovo e Iniciativa Alternativa, mientras en el tercero aparece el movimiento Autodeterminación, con el 23,52 por ciento.

La Lista Serbia, alianza que cuenta con el respaldo del gobierno de Belgrado, fue la individualmente más votada en los territorios norteños habitados por serbio-kosovares, con el 15,53 por ciento de las boletas contadas hasta ahora, mientras que las otras cuatro fuerzas políticas de esa nacionalidad juntas no rebasaron el dos por ciento.

Haradinaj, reclamado por la justicia serbia por crímenes de guerra cuando comandaba el Ejército de Liberación de Kosovo en 1988-99, proclamó su victoria y prometió un inmediato nombramiento del nuevo gobierno, del cual deberá ser el primer ministro.

En tanto, el presidente, Hashim Thaci, cuyo partido, el PDK, integra la coalición ganadora, declaró que espera del vencedor la formación lo antes posible de un ejecutivo proeuropeísta que proclame de inmediato sus prioridades.

Kosovo, parte constitucional de Serbia, proclamó de manera unilateral su independencia en 2008 y es reconocida por más de 110 países, aunque no por las Naciones Unidas.

Pero lo preocupante para actores y analistas políticos en los Balcanes occidentales radica en la retórica incendiaria de Haradinaj, llevada a elevados niveles tras su regreso a Pristina el 27 de abril de Francia, donde un tribunal desestimó el reclamo de extradición de Serbia y lo dejó en libertad.

Desde entonces, cuando fue recibido como héroe, desplegó una intensa actividad en la que pasaron a primeros planos la formación del Ejército de Kosovo (violatoria de la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU de 1999), las pretensiones de crear la llamada Gran Albania (revisión de líneas limítrofes con sus vecinos) y la hostilidad hacia las autoridades de Belgrado.

La realización de estos comicios parlamentarios adelantados hará converger aquí el establecimiento del nuevo gobierno kosovar-con posible preeminencia en sus filas de hombres de línea dura, una buena parte de ellos ex comandantes del ELK- y el nombramiento del primer ministro y formación de nuevo ejecutivo en Serbia.

También serán en junio la ceremonia solemne de asunción del presidente, Aleksandar Vucic, el 23, y las elecciones parlamentarias adelantadas el 25 en Albania, envuelta en una crisis institucional desde febrero que solo la mediación de Estados Unidos y la UE pudo enrumbar hacia este desenlace.

Los observadores apocalípticos hablan de una nueva conflagración en la región ante este exacerbado escenario, mientras los pragmáticos avizoran suficiente margen de maniobra y sostienen que se impondrá el ramo de olivo a los tambores de la guerra.

Por Roberto Molina Hernández