Las acciones de Estados Unidos contra Siria continúan intensificándose en medio de una nueva crisis en el Medio Oriente entre Qatar y Arabia Saudí y que a todas luces parece una maniobra destinada a desvirtuar sus verdaderos objetivos.

Junto a la instalación de sistemas coheteriles tipo Himars, de 300 kilómetros de alcance en la zona de Al Tanf, al sur de Siria, militares estadounidenses garantizan la salida de Raqqa hacia otras zonas de cabecillas del Estado Islámico, Daesh en árabe.

Tanto Siria como Rusia denuncian esas acciones y la escalada de hechos que incluyen intensos bombardeos indiscriminados sobre esa ciudad, la denominada capital del Daesh, y que provocó la muerte de más de 100 civiles en las últimas semanas.

Las maniobras prácticas en ese sentido tienen en realidad el objetivo de reforzar a los terroristas alrededor de Deir Ezzor e impedir los continuos avances del Ejército sirio y milicias aliadas hacia las regiones mencionadas.

En ese sentido, el parlamentario Ammar Assad, denunció que se les facilita ‘corredores’ a los extremistas para su evacuación y negociaciones entre éstos y las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias, de la oposición, para que ocupen posiciones en Raqqa y sus alrededores.

La presente situación, desde el punto de vista de las autoridades estadounidenses y los integrantes de la denominada Coalición Internacional que lidera el Pentágono, está ‘opacada’ en los grandes medios de comunicación occidentales, centrados ahora en las disputas, más teóricas que prácticas, entre Arabia Saudí y Qatar.

El panorama de lo que sucede en el terreno de combate en el norte, este y sur del territorio sirio es muy complicado, de continuas tensiones y tan cambiante como el viento que mueve las arenas del vasto desierto de esta acosada nación del Levante.

Siria, con el respaldo de Rusia e Irán sin pretensiones hegemónicas como tratan de mostrar los centros de poder en Occidente, tiene todo el derecho soberano de defender su territorio invadido arbitrariamente desde el norte y el sur por Turquía y tropas estadounidenses y europeas.

A su vez, la endeble y cuestionada posición de las Naciones Unidas, manipulada en muchos casos por Estados Unidos, Francia y Reino Unido desde el Consejo de Seguridad, muestra, y tal vez como nunca antes, una ‘imparcialidad’ donde la verdad y el valor dejan de ser el principio de actuación de los seres humanos.

Lo que hacen Estados Unidos y ‘sus vasallos’ de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN), como bien definió recientemente el presidente ruso, Vladimir Putin, en encuentro con el cineasta estadounidense Oliver Stone, es prolongar una guerra impuesta, cruel e inhumana sobre la base de intereses basados en el petróleo y el gas en Siria y el Medio Oriente.

De esta manera, donde no cuentan las opiniones y solo vale la obediencia ciega y sin análisis, son torpedeadas las difíciles negociaciones por la paz siria en Ginebra, Suiza, Astaná, la capital de Kazajastán, y se diluyen en la práctica los discretos avances para la creación de cuatro zonas de distensión en regiones de Siria.

En medio del tradicional mes del ayuno musulmán del Ramadán en el mundo árabe, quienes ponen su fe solo en las armas son además de malos soldados, ejecutores de una política terrorista indiscriminada, atrapada en el pasado del fanatismo a ultranza y para lo cual, el Corán no tiene todas las respuestas.

Por Pedro Garcia Hernandez