Uno de los más importantes acontecimientos del año, el fórum de la Organización de Cooperación de Shanghái, ha pasado desapercibido para la mayoría de los especialistas en geopolítica.


Una flecha sola puede ser rota fácilmente, pero muchas flechas son indestructibles (Gengis Kan, 1162-1227)


Toda la atención mundial estaba concentrada o en seguir los resultados de la lucha de Donald Trump para salvar el ‘Estado Profundo’ de sí mismo, o bien en buscar respuestas a la crisis de la unidad en Oriente Medio, relacionada con uno de los más prósperos Estados en la región, Catar. Por eso los militares, economistas y políticos occidentales no se percataron de cómo, y ante sus propios ojos, se formaba un G8 como contrapeso al ya existente G7.

El ‘oso ruso’ y el ‘dragón chino’ lograron expandir la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que ya tiene 15 años de existencia, a ocho miembros: China, Rusia, Kazajistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán, la India y Pakistán, formando el Grupo 8 (G8), como contrapeso al existente G7: EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón, cuyo brazo militar es la OTAN. Sumando a observadores y asociados para el diálogo, el G8 cuenta en total con 18 miembros. Así, se ha hecho realidad la advertencia de Zbigniew Brzezinski, sostenida en su libro escrito de 1997 ‘El gran tablero de ajedrez: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos’.

Brzezinski aseveró que «una de las condiciones para que EEUU conserve su hegemonía mundial consiste en impedir a toda costa el surgimiento de una potencia en Eurasia». El G8 representa un claro desafío a Washington y a sus aliados de la OTAN, porque ha logrado establecer el control sobre el 60% del territorio de Eurasia (600 millones de kilómetros cuadrados), con salidas a tres océanos, que fue arrebatado sigilosamente de las manos de Washington. Ahora resulta que el G7, el baluarte económico y financiero de la OTAN, tiene tres países con armas nucleares: EEUU, Francia y el Reino Unido, mientras que, en el G8, son cuatro los países dotados de ojivas nucleares: Rusia, China, Pakistán e India. En términos económicos, los miembros de la OCS aportan más del 30% al Producto Bruto Interno (PBI) del mundo.

Desde este punto de vista, la OCS, encabezada por China y Rusia, «está fortaleciendo la estabilidad global y ha alcanzado un consenso contra la hegemonía de Estados Unidos en Eurasia», según el periódico chino The People Daily (27-06-2016). Actualmente, debido al creciente fracaso del terrorismo islámico de Al Qaeda, el Frente al Nusra, Daesh y tantas otras organizaciones creadas por el Pentágono, la CIA y la OTAN, con el auspicio de George W. Bush, Barack Obama, Hillary Clinton, George Soros y un sinnúmero de políticos pertenecientes al ‘Estado Profundo’, se ha comenzado el proceso de traslado del terrorismo islámico de Oriente Medio a Eurasia.

En la reciente reunión de la OCS en Astaná (Kazajistán), el presidente de Rusia, Vladímir Putin, recalcó la necesidad de retomar el Grupo de Contacto OCS-Afganistán debido a los crecientes intentos del terrorismo islámico y sus auspiciadores globalizados de utilizar a este país para una nueva campaña con el fin de desestabilizar el sur de Rusia y toda Asia Central mediante la formación de células clandestinas. En referente a Rusia, Vladímir Putin subrayó: «Se nos creó la convicción firme de que nuestros socios estadounidenses hablan de apoyo a Rusia, hablan de la disposición a la cooperación, en particular en la lucha contra el terrorismo, pero, de hecho, usan a esos terroristas para desestabilizar la situación política en Rusia»

Afganistán representa una entrada para los terroristas a Asia Central y a Rusia debido a la inestabilidad política, militar y económica creada por EEUU desde la invasión hace 16 años, una situación que el presidente uzbeco, Shavkat Mirziyoyev, calificó como «extremadamente peligrosa para toda la región debido a un significativo aumento del terrorismo en aquel país».

Según el informe de la Misión de las Naciones Unidas para Afganistán, el año 2016 fue el más cruento para la población afgana, con 11.418 víctimas (3.498 muertos y, de ellos, 995 niños, además de 7.920 heridos), debido al incremento de la presencia de Daesh —el autoproclamado Estado Islámico— en el país.

El ‘modus operandi’ de Daesh es muy simple y dependiente de las prioridades geopolíticas de EEUU. Al atreverse el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, al tratar de acercarse a China y a la OCS, marcando así distancia al mismo tiempo con Washington, los actos terroristas de Daesh y sus grupos locales afiliados, como el Grupo Maúte y Abu Sayyaf, se incrementaron inmediatamente. A la vez, el Pentágono ofreció sin perder el tiempo la ayuda de sus fuerzas especiales para combatir el terrorismo. En un reciente artículo publicado por el medio Philippine Sentinel, el analista Tony Cartalucci afirmó que Daesh y sus grupos locales afiliados forman un «ejército subsidiado por EEUU, la OTAN, Israel y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, formado por Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Catar)».

Los atentados en Marawi City, en la Isla Mindanao, obligaron al presidente Duterte a interrumpir su visita a Moscú y cancelar también sus conversaciones con los líderes chinos. Como explicó Tony Cartalucci, «los intentos de EEUU para justificar su presencia en Filipinas son parte de una estrategia para rodear a China con las instalaciones militares en Asia. El Estado Islámico en Filipinas está tratando de facilitar esta tarea a EEUU, al empezar a expandirse como milagrosamente por toda la isla». Los miembros de la Coalición para Contener a China (CCC, Japón y Australia), creada por Washington, están presionando también a Filipinas con la ‘ayuda’ de Daesh. Pretenden forzar a Duterte a retornar a la esfera de influencia estadounidense, alejar el país de la OCS y, en especial, de China y Rusia, para tener un aliado valioso y usar a Filipinas como un ‘portaviones insumergible’ de Estados Unidos.

Si antes EEUU usaba su fuerza brutal para invadir un país débil, ahora está utilizando el terror recurriendo a sus mercenarios, como un Ejército de terror bajo la bandera de un Islam radical, artificialmente creado, educado, armado y adoctrinado en valores que, en realidad, no tienen nada que ver con el Islam auténtico. Según el periodista Mariano Aguirre, el Corán nada dice sobre la violencia, y los grupos terroristas como Daesh «hacen una lectura perversa del Islam, violan sistemáticamente los derechos humanos y representan una caricatura grotesca de las luchas anticoloniales de los líderes de figuras como Frantz Fanon o Patrice Lumumba».

Frente a esta realidad, no le queda otra alternativa a los miembros de la OCS que crear un paraguas político militar eurasiático para contrarrestar los intentos de Washington y Bruselas de dominar el mundo a través del terrorismo auspiciado por el Pentágono, la CIA, Israel, la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo.

El momento es propicio para una gran transformación de Asia a través de la unión de países con diferentes ideologías, sistemas políticos y civilizaciones, a diferencia de la OTAN y de todas las alianzas occidentales, donde Estados Unidos impone una ideología única y su supremacía del ‘excepcionalismo’.

En la OCS, todos los miembros son iguales y sufren de la misma manera del terrorismo impuesto por los intereses de los ‘globalizadores iluminados’, con el pretexto de no permitir una unión en Eurasia y recrear permanentemente las tensiones entre países, como lo habían hecho en el caso de la India y Pakistán durante el transcurso de la historia moderna. Ahora estos dos países son miembros de la OCS y se espera un proceso paulatino de la solución de sus problemas con la ayuda colectiva de la OCS. Se está acercándose también la hora de la integración de Irán en el seno de esta organización.

En fin, está llegando el momento de una Eurasia grande, con la infraestructura tecnológica y económica bien desarrollada y con una unidad militar cuyo único pretexto es asegurar la estabilidad y seguridad en Eurasia, y así derrotar todos los intentos del terrorismo islámico y de sus auspiciadores para propagar el caos, la desunión y la destrucción en la región para perpetuar el dominio norteamericano en Eurasia.

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