Bajo presiones de sectores ultraconservadores en Estados Unidos, el presidente Donald Trump inició ayer una cruzada contra los discretos avances impulsados por su antecesor, Barack Obama, en cuanto a la política hacia Cuba.

En una intervención, que para algunos observadores resultó irrespetuosa y agresiva, el mandatario reiteró su decisión de mantener el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba desde hace más de medio siglo.

La administración Trump explicitó además su intención de restringir los viajes de estadounidenses, así como de prohibir las relaciones comerciales con entidades vinculadas al sistema empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y a los servicios de inteligencia y seguridad.

‘Desde este momento cancelo el pacto unilateral del gobierno anterior con Cuba’, aseguró el jefe de la Casa Blanca, afirmación que especialistas estiman una incongruencia pues en la práctica La Habana y Washington no firmaron un texto legal único para guiar los pasos que hasta ahora ambas partes dieron hacia la normalización de los nexos bilaterales.

Con las medidas de este viernes, el mandatario pone fin a la directiva presidencial de su predecesor, Barack Obama, firmada en octubre de 2016, la cual buscó consolidar el acercamiento iniciado el 17 de diciembre de 2014 tras medio siglo de una política que reconoció fracasada.

En ese entonces, los departamentos del Tesoro y Comercio presentaron cambios regulatorios que incluyeron posibilidades de viaje e intercambio comercial, sin llegar a levantar el bloqueo económico, comercial y financiero vigente desde 1962.

El diálogo entre Washington y La Habana durante casi dos años y medio derivó en la negociación -entre enero de 2015 y enero de 2017-, de 22 memorandos de entendimiento firmados y en aplicación en esferas que van desde la reactivación de los vuelos directos y el correo postal, hasta la colaboración en materia de seguridad y protección del medio ambiente.

Con su declaración de este viernes, Trump complace a sectores de la ultraderecha anticubana, en particular al senador republicano Marco Rubio y otros legisladores que lo apoyan en el proceso político que avanza en el Congreso federal, debido al escándalo sobre los supuestos nexos de sus asesores con Rusia.

El anuncio de la reversión de la política de Obama hacia Cuba tuvo lugar en un escenario ideal para este tipo de declaración: ante directivos de la llamada Brigada de Asalto 2506, donde se agrupan exmercenarios de la fracasada invasión militar a Cuba por Playa Girón en abril de 1961.

Allí estaban además legisladores cuya agenda principal es la política contra la nación caribeña, así como representantes de los intereses de Washington que residen en Cuba y que viajaron a Miami para la ocasión.

Expertos consultados por Prensa Latina estiman que Trump no pudo ir más lejos en su afán por destruir el llamado ‘legado’ de Obama en este tema, porque se lo impidió el amplio consenso en importantes sectores de la sociedad norteamericana, e incluso dentro de las agencias federales de ese país, para mantener el status en las relaciones con Cuba.

En realidad, con su lenguaje confuso el jefe de la Casa Blanca no detalló hasta dónde llegarán sus intenciones de cambiar los vínculos con Cuba.

Aunque no se refirió a la ruptura de relaciones diplomáticas, en un enredo de palabras rebuscadas ratificó la decisión de Obama de eliminar la política de pies secos-pies mojados que hasta enero pasado otorgaba privilegios migratorios únicos a los ciudadanos de la nación antillana.

En el discurso, Trump se centró en su disposición a evitar todo tipo de nexo comercial con las empresas cubanas vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad, aunque los detalles al respecto verán la luz cuando se publiquen en los próximos meses las regulaciones para su implementación.

Si bien las disposiciones no prohíben las 12 categorías de licencias para viajar a Cuba y mantienen en pie los acuerdos anteriores a la nueva normativa, la falta de una regulación clara y amenazas del Ejecutivo podría tener un efecto disuasivo para los ciudadanos estadounidenses, quienes siguen teniendo prohibido el derecho de viajar libremente a la isla.

No obstante, las autoridades cubanas han reiterado que negociarán los asuntos bilaterales pendientes con Estados Unidos sobre la base de la igualdad, la reciprocidad y el respeto a la soberanía y la independencia del país, nunca bajo amenazas o imposiciones.

El presidente Raúl Castro sostuvo que Cuba y Estados Unidos pueden cooperar y convivir civilizadamente, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambos países y pueblos, pero no debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia.

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