1. Un nuevo Movimiento Popular del Rif ha tomado las riendas de la revuelta, en la que se exhiben banderas de la República de Abdelkrim y enseñas bereberes y tuaregs.

  2. Desde medios próximos al Gobierno de Rabat se acusa a los dirigentes del “Hirak” de querer dividir el país y de estar trabajando al servicio de Argelia.
  3. Ya han sido detenidos 186 manifestantes y activistas; y las autoridades españolas colaboran con la represión identificando a los activistas rifeños en España.

Una de las manifestaciones en Alhucemas, mostrando fotografías de los detenidos y la bandera de la República de Abdelkrim.

Que el Rif esté “en pie de guerra” no es ninguna novedad. Y, de hecho, sus habitantes no han hecho otra cosa que rebelarse desde hace más de un siglo contra la ocupación y explotación de esta zona montañosa que se extiende por la costa mediterránea de Marruecos.

En España todavía se recuerda el “desastre de Annual” el verano de 1921, pero antes ya había ocurrido en el “Barranco del Lobo”; luego vendría “el desembarco de Alhucemas”, que pondría fin en 1926 a la República proclamada en esta región por Abdelkrim.

Con la independencia de Marruecos el año 1956, los rifeños volverían a levantarse. La salvaje represión del Ejército, dirigida por el entonces príncipe Mulay Hasán, futuro Hasán II, con miles de muertos y bombardeos indiscriminados, dejaría una huella indeleble entre la población, sobre todo teniendo en cuenta que esos trágicos sucesos se repetirían en 1984, durante las denominadas “revueltas del hambre”.

De una u otra forma, en todos estos sucesos aparece la sombra del mítico líder rifeño, muerto en el exilio egipcio el año 1963. También ocurrió en febrero de 2012 cuando, por extensión de la Primavera Árabe, volvió a ondear la bandera de la República bereber de Abdelkrim en algunas localidades.

Ahora, en la oleada de protestas que se viene registrando desde hace ocho meses, todavía se exhibe con menor disimulo junto a la del pueblo amazigh, la misma que representa a los bereberes de todo el Magreb, de Argelia, Túnez, Libia y a los tuareg de Níger o Mali. La gran diferencia de lo que está ocurriendo en el Rif estriba en la aparición del Hirak al Shaabi (Movimiento Popular), de clara orientación autonomista y que, en sucesivas ocasiones, ha demostrado su capacidad de organización y convocatoria dirigiendo concentraciones con decenas de miles de asistentes.

Todo comenzó con la muerte, el 28 de octubre de 2016, del joven Mohsine Fikri, aplastado por un camión de basura cuando intentaba rescatar una partida de pescado que le había confiscado la Policía. Como ocurrió con Mohamed Buazizi en Túnez, la muerte de Fikri, atrapado dentro del camión cuando el conductor puso en marcha el mecanismo de la trituradora, colmó el vaso de la paciencia de los rifeños. Junto a la exigencia de responsabilidades, salen a relucir las eternas reclamaciones de poner fin a la militarización de la zona –desde 1959–, democracia y autonomía reales, inversiones en desarrollo, una universidad para que los jóvenes no tengan que emigrar, un hospital especializado en oncología ya que el Rif es la región marroquí con mayores índices de cáncer.

La continua presencia de la bandera amazigh en las convocatorias del Movimiento Popular ha hecho que, desde medios cercanos al Gobierno de Rabat y también desde instancias policiales y judiciales, se les acuse de separatismo, de atentar contra la seguridad del Estado y, como se ha hecho desde el Consejo Consultivo Real para Asuntos Saharianos o la tribuna digital Le 360, muy próxima a la Corona alauí, se acuse a Argelia de estar tras la revuelta, con el inconfesable objetivo de convertir al Rif en un nuevo Sáhara Occidental.

Inicialmente la actitud del actual monarca, Mohamed VI, fue de comprensión, prometiendo realizar nuevas inversiones para acabar con el abandono a que su padre, Hasán II, condenó a esta levantisca región. En el Parlamento marroquí se han desarrollado debates monográficos, pidiendo las distintas fuerzas políticas acabar con “el problema del Rif”. Hasta dos delegaciones ministeriales, presididas por el el Interior, Abdeluafi Laftit, se han desplazado recientemente hasta Alhucemas para calmar los ánimos prometiendo un vasto programa de inversiones.

Nawal Benaissa, cabeza visible del movimiento tras la detención de su líder.

Pero no ha servido de nada. Las manifestaciones, concentraciones y enfrentamientos con la Policía –más de 200 agentes heridos– han continuado en distintas localidades, encontrando muestras de solidaridad también en Rabat y Casablanca. El Gobierno finalmente ha optado por descabezar al Movimiento, deteniendo a sus principales dirigentes, entre ellos Naser Zafzafi. Quien le ha sustituido al frente del Movimiento, Nawal Benaissa, una joven madre de 36 años, ya ha sido interrogada en las dependencias policiales en dos ocasiones, temiéndose que pase a engrosar las celdas de la prisión de Oukache, en Casablanca, donde se encuentran sus compañeros.

De acuerdo con la Asociación Andaluza de Derechos Humanos, las detenciones podrían alcanzar las 186, denunciando esta asociación que las autoridades españolas están colaborando con las marroquíes para identificar a quienes en España están promoviendo actos de solidaridad con la causa rifeña. Hasta el momento, 28 activistas han sido condenados a 18 meses de prisión, esperándose ahora un juicio de mayor proyección política contra la dirección de “Hirak”, bajo la acusación de atentar contra la integridad territorial del reino alauí.