La constructora brasileña Odebrecht entonó ayer un “mea culpa” por la “corrupción” de sus directivos y empleados en las últimas décadas y pidió al pueblo y al Gobierno de Ecuador que le permitan seguir operando en el país, donde tiene aún tres proyectos, para enmendar sus “errores”.

“Odebrecht pide una oportunidad para enmendar y demostrar que podemos hacer las cosas de la manera correcta. Estamos pidiendo una oportunidad. Queremos quedarnos en Ecuador y avanzar y si nos vamos no podremos enmendar (nuestros errores)”, dijo hoy el abogado estadounidense Michael Munro, director de la nueva política de “Conformidad” de la firma.

Acusada de una sistemática corrupción en proyectos en numerosos países del continente, la constructora convocó hoy a los medios en Quito, dentro de un plan global para contrarrestar los efectos de los procesos judiciales abiertos contra ella y, en el caso de Ecuador, los crecientes llamamientos desde las filas oficialistas para que sea expulsada del país previa compensación nacional.

En Ecuador, donde hace varias semanas se produjeron las primeros allanamientos y detenciones por este caso, la empresa sigue teniendo tres proyectos, confirmó hoy el gerente local, el brasileño Mauro Hueb.

Se trata del poliducto Pascuales-Cuenca, el acueducto La Esperanza (Manta) y el Metro de Quito, que realiza en consorcio con la empresa española Acciona.

Los dos directivos subrayaron hoy que Odebrecht no sale por ahora del Metro y que su deseo es completarlo según los planes previstos.

La corrupción de la constructora es investigada desde las más altas instancias estatales y el fiscal general, Carlos Baca, anunció recientemente, tras dos visitas a Brasil, que había llegado a un acuerdo con ella para desarticular todo el entramado de sobornos que -dijo- se extendía desde la fase de concursos hasta las de verificación y control público.

Además de seis detenidos, el primer cargo estatal de Ecuador involucrado en esta trama ha sido el contralor del Estado, Carlos Pólit, quien dimitió el martes desde Estados Unidos.

Baca también aseguró que no se han cerrado tratos de protección con ningún testigo ni colaborador eficaz.

Una postura que Munro reafirmó hoy al asegurar que la empresa está dispuesta a colaborar, siempre desde el secreto de sumario impuesto desde los organismos fiscales.

“Lo importante es que como compañía se haga con respeto, de forma confidencial con los Gobiernos, sin filtración del proceso”, manifestó sobre los distintos acuerdos alcanzados en aquellos países en los que “tienen cuestiones” abiertas.

Ante una pregunta de Efe sobre la suma global de sobornos pagados, que ha sido calculada en casi 900 millones de dólares por distintos medios, negó conocerla y pidió esperar a que terminen su trabajo los abogados y profesionales del equipo de transparencia creado por la empresa.

“Sabemos que lo que hicimos estuvo mal y estamos dispuestos a iniciar un nuevo camino”, insistió.

Y reiteró varias veces que la constructora “asumirá las consecuencias” y pagará “reparaciones” con el fin de “obtener el perdón” por sus errores.

Para mitigar el daño de imagen y, posiblemente, la pérdida de proyectos, Odebrecht se comprometió con un nuevo comportamiento para “convencer” a todos los pueblos y Gobiernos de la región -a los que hoy pidió perdón- de que actuará “de la forma correcta”.

Contratado especialmente para lavarle la cara a la empresa, el experto estadounidense expuso a periodistas el plan de diez puntos delineado en los últimos meses para corregir la extensa corrupción que afectaba a la compañía.