A estas alturas todavía cabe la pregunta de las razones que dejaron en aparente insignificancia de la crítica a la película Colonia, en un silencio sospechoso que algunos atribuyeron al poder de los nazis.
En Colonia, el director germano Florian Gallenberger, abordó sin cortapisas la complicidad del asentamiento de colonos teutones con torturas y asesinatos de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, y un hilo conductor hacia los nazis.
La víspera, una verdad incómoda salió a la palestra la pública con la desclasificación de más de mil documentos que dan cuenta de la colaboración de chilenos con los nazis del Tercer Reich. La Policía de Investigaciones (PDI) entregó oficialmente este jueves 80 carpetas al Archivo Nacional del país, disponibles a partir de ahora para la ciudadanía.

El largometraje sobre Colonia Dignidad, con las actuaciones de la británica Emma Watson, el alemán Daniel Bruhl y el sueco Michael Nyqvist, desliza el alineamiento del jefe de la secta Paul Schaefer con los nazis. Schaefer, miembro de las Juventudes Hitlerianas y enfermero de los batallones alemanes en la Segunda Guerra Mundial, recibió largas condenas de cárcel por abuso de menores, posesión de armas de guerra y explosivos, sin mencionar elementos químicos para torturas. Era un secreto a voces, todavía sin destaparse por completo, que en la actual Villa Baviera, en las cercanías de Parral, en la centrosureña Región del Maule, se cometieron atrocidades contra los opositores de Pinochet de 1973 a 1990.

‘Hasta ayer, era secreto de estado (…), tal vez vamos a conocer una verdad incómoda, de que desgraciadamente figuras cercanas a la política y empresarios mostraron cierta cercanía por convicción al régimen nazi’, declaró el diputado Gabriel Silber.
Los reveladores documentos señalan la ayuda de los simpatizantes de los nazis en Chile, consistente en enviar a Alemania información sobre las rutas de los buques mercantes aliados.
Además, jóvenes de familias teutonas afincadas en el sur de Chile, pasaron entrenamientos del tipo paramilitar.

Los archivos fueron confeccionados por el Departamento 50 de la PDI, una unidad de inteligencia creada en Chile en 1941 luego de detectarse a grupos nacionalsocialistas en el sur del país.

El objetivo principal, también focalizado en Argentina, era a través de los grupos pronazis en los dos países vecinos controlar el tránsito por el Estrecho de Magallanes, clave en la comunicación marítima.

Existen certezas de que tras la guerra, muchos personeros nazis huyeron de la justicia en Europa para esconderse en Sudamérica, en particular en Argentina y Chile.

En su momento, la PDI arrestó a cerca de 40 personas, sindicadas por poseer libros con códigos, radios y armas, así como planes para bombardear minas en el norte de Chile, alentados por el Tercer Reich.

‘Se estableció que había dos anillos de espionaje y sabotaje con infiltración en Chile y otros países de América; y se logró, con la Interpol, unificar la información, compartirla con otros y evitar una cosa más grande’, explicó la PDI.
El director general de la PDI, Héctor Espinosa, recordó que los grupos nazis neutralizados por la policía chilena también planeaban destruir el Canal de Panamá.
‘Fuimos capaces de prevenir atrocidades mucho mas grandes con el trabajo eficiente de estos detectives de los cuales nos sentimos tremendamente orgullosos’, resaltó Espinosa.
En esa época, 22 agentes de la policía civil chilena formaron parte de la división especial anti-nazi. Detuvieron a decenas de militantes nazis, e incautaron una serie de documentos.
‘Los jóvenes y niños de Chile merecen saber qué hizo este puñado de detectives para frenar al nazismo que irradiaba sus tentáculos en casi todo el continente. Estamos haciendo historia con este gesto’, remarcó Espinoza.

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