Si la derecha se esforzara en respetar, aceptar y apreciar el cometido del proceso constituyente originario, estaría ejercitando sus derechos y deberes humanos para conseguir la paz duradera que necesita el país.

Lo primero que debe hacer la derecha es dejar de ser un instrumento de EEUU (con sus aliados en América Latina y Europa), que busca imponer el terror y traer mayor tragedia social a la familia venezolana.

Ya basta con esa conducta terrorista que pudiera crear condiciones de una barbarie que alcanzaría proporciones sin precedentes y disparidades insostenibles.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela consagra la irrevocabilidad del sistema de transformaciones sociales, económicas y políticas que aprobó el pueblo, el 15 de diciembre de 1999, en referéndum constituyente, y que después fue proclamada por la Asamblea Nacional Constituyente el 20 de diciembre del mismo año. Año 189° de la Independencia y 140° de la Federación.

En el texto de la Carta Magna, se consigna claramente en el artículo 347, que el pueblo venezolano es el depositario del poder constituyente originario…; en el artículo 348, que la iniciativa para la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente podrá tomarla el Presidente o Presidenta en Consejo de ministros; en el artículo 349, que el Presidente o Presidenta no podrá objetar la nueva Constitución.

La idea de la Constituyente es concentrar el poder en el pueblo, así como demoler hasta sus cimientos la palabra terrorismo, engendro de la felonía política de la derecha que dirige EEUU.

La clave de los revolucionarios que integrarán la Asamblea Nacional Constituyente es preservar el legado del Comandante Chávez que continúa Maduro, y es no desarmarse de ideas, no errar.

La respuesta que esta Asamblea Constituyente debe dar, pese a la resistencia de la derecha, es cumplir con el mandato del pueblo con apego a un sentimiento de independencia.

Por la Constituyente, no más terrorismo.