Si se mantienen las siglas y la misma trayectoria que ha caracterizado a la Organización de Estados Americanos desde su creación, en 1948, se la pudiera identificar hoy como la “Organización de Estados Antivenezolanos”.

La Secretaría General de la entidad, pese a las continuas derrotas propinadas al injerencismo antivenezolano de Mr. Luis Almagro y su patrocinante, el Departamento de Estado de EEUU, por la mayoría de los países miembros, al tratar el “caso Venezuela”, insiste en colocar como único punto de agenda en cualquier tipo de reuniones entre sus miembros, el tema de “sanciones” en contra del legítimo Gobierno Bolivariano.

No obstante, la hostilidad y postura de renegados que han ejercido los últimos secretarios generales de la OEA, señores Insulza y ahora Almagro, satisface indicar acá que pese al circunstancial entronizamiento de gobiernos neocoloniales y tránsfugas en Brasil, Argentina y México, la estrategia de agresión contra la Patria de Bolívar no consigue los votos suficientes dentro del Consejo Permanente de la OEA como para aprobar medidas punitivas contra Venezuela. Es hora de que los países de la América Latina y el Caribe en bloque se conciban como una Región, en lo geopolítico y territorial, fortaleciendo lazos en lo cultural y económico, a los efectos de la genuina integración, y no como parte de un “hemisferio”,

donde siempre los ovejos terminan siendo cogidos por el cuello en las fauces de una loba, la muy imperial potencia corporativa de los EEUU.

Triste, por cierto, el rol en este asunto, de la diplomacia colombiana, que representa con desdoro los manes de Camilo Torres Tenorio, Antonio Nariño y Álvarez, Atanasio Girardot Díaz y Antonio Ricaurte Lozano, así como la memoria del novelista Gabriel García Márquez, y por encima de todos ellos, el común Padre de la Patria, el Libertador Simón Bolívar, adalides todos de la integración colombo-venezolana y el respeto a la dignidad nacional. Fortalézcase la región y avanzará la integración.

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