Los Estados Unidos no saben qué hacer con Centroamérica. Es para ellos como una papa caliente. Mejor dicho, solo saben hacer cosas que les dicta su estrecha mente de empresario avorazado que quiere sacar provecho económico de todo, en cualquier lugar, a toda hora.

Hace tres años se asustaron cuando decenas de miles de niños centroamericanos se fueron solos hasta sus fronteras y les crearon un embrollo para el que no estaban preparados. El entonces grácil presidente de la nación más poderosa del mundo, Barak Obama, ideó un plan para que esto no volviera a suceder y le llamó, rimbombantemente, Plan Alianza para la Prosperidad en Centroamérica.

El plan del inefable Obama nació muerto por varias razones que, desde su nombre, se anuncian. Primero, porque los Estados Unidos no establecerán, como no han establecido nunca, alianzas con ningún país centroamericano. Lo que establecen son líneas de acción, políticas, directrices o lineamientos que los países istmeños deben acatar.

Los países centroamericanos sonríen, dicen que sí, sus presidentes se toman su güisquisito en la reunión protocolar de cierre del evento donde tales políticas se hayan expuesto, vuelven a su casa y no pasa nada.

Es decir, no pasa nada en la dirección que se había anunciado públicamente; pasan otras cosas que nunca se dijeron pero que eran el meollo de los deseos de quienes ponen la plata y dan los lineamientos.

Segundo, el plancito de Obama nació muerto porque ninguno de los que sonríen y se dan palmaditas en la espalda al firmar estas “alianzas”, está realmente interesado en la prosperidad de Centroamérica. En lo que están interesados es en hacer prosperar sus negocios, esos que se aprovechan de las “ventajas comparativas” de nuestros famélicos países, entre las que destaca que no sólo pueden pagar salarios de hambre sino que, además, todos quedan agradecidos porque generan empleo.

Así que, sin eufemismos, hemos de decir que este Plan Alianza de la Prosperidad será un fracaso, como todos los demás que ha llevado a cabo los Estados Unidos en la región.
Ahora convocaron, y llevaron a cabo la semana recién terminada, a una reunión en Miami, capital cultural de Centroamérica, para ver qué se hace con el plancito de Obama.

Lo primero que llegaron a decir es que la plata no alcanza; luego, trataron de incorporar a México como corresponsable de todo el embrollo de parar a los migrantes antes que lleguen a Texas o Arizona.

México, que está contra la pared por las bravuconadas de Trump respecto al Tlcan, mandó a su canciller para decir que sí, que  están interesados en participar y propusieron la fórmula mágica que están aplicando en su país para resolver el problema: militarizarlo.

Se reforzarán entonces las fronteras, lo que quiere decir que se les dará entrenamiento de primer nivel a las instituciones que se ocupan de perseguir, extorsionar y desaparecer (después de torturar) migrantes; también se les venderán más y mejores armas a los países del Triángulo Norte -que se encuentran en terapia intensiva- aunque no tengan cómo paliar los problemas de hambruna crónica que les aquejan secularmente.

Siendo este foro un espacio para derrochar ideas tan de avanzada y de tanto provecho para nuestros pueblos, no podía faltar que en el discurso del vicepresidente de los Estados Unidos se mencionara a Venezuela. Según parece, aunque no lo dijo con esas palabras, el señor vicepresidente Pence está interesado en proponerle un Plan de Alianza para la Prosperidad a ese país.

No se sabe aún por qué, el gobierno venezolano parece no estar interesado. Es una lástima, ¡con lo que podrían ganar

Rafael Cuevas Molina