Justo al final del mes sagrado musulmán del Ramadán el presidente sirio, Bashar Al Assad, intensifica el contacto con el pueblo, dialoga con heridos y familiares en medio de la lucha antiterrorista y aboga por una armonía que él mismo practica.
Hace menos de 24 horas, junto a su esposa Asma y sus tres hijos, recorrió los poblados de Tal Afab, Rabú, Matna y Deir Shmayyel en la provincia de Hama y las imágenes transmitidas recogieron los momentos de cada encuentro con los lesionados, sus familias y vecinos cercanos.

Para cualquier reportero presente las sorpresas se sucedieron, pues manejó su propio carro y saludó efusivamente a todo poblador que se acercaba y sin despliegues visibles o espectaculares de seguridad o que le rodearan guardaespaldas armados.

Asi ocurrió cuando participó en el rezo como colofón del Ramadán, en la antigua y bien conservada mezquita de Al Nousri, en el centro de Hama y junto las norias que trasiegan el agua del río Orontes que atraviesa la ciudad cabecera de la provincia de igual nombre, unos 200 kilómetros al norte de Damasco.

Acompañado de ministros y altas personalidades como el Gran Mufti de Siria, Ahmad Badreddin Hassún, Al Assad escuchó las palabras del clérigo Naym Eddin al Alí, representante en Hama del Ministerio de Asuntos Religiosos.

Uno de los objetivos de la guerra sobre Siria ha sido deshacer los lazos de la sociedad minando la confianza del hombre sirio en sí y en su entorno social sin embargo la crisis ha fortalecido los nexos entre los sirios’, afirmó Alí en la ocasión.

Y añadió con énfasis: ‘En vísperas de la Victoria de Siria hay señales anunciadoras como el reciente proyecto nacional del presidente al-Assad para la reforma administrativa y anti-corrupción, acogido con mucha satisfacción y que infunde un sentimiento real de que la crisis está ya a nuestras espaldas y que no hay marcha atrás en el combate al terrorismo, la corrupción y por elevar el prestigio del Estado y el imperio de la ley porque el ciudadano siempre ha sido la brújula de la acción del Gobierno’.

Tales criterios rodearon el recorrido del Presidente y las expresiones que a cada paso recibió en ese sentido y destruyen la insensata y continua desinformación de una buena parte de los medios de comunicación occidentales que satanizan su figura y explotan con malsanas y pérfidas intenciones, las bases confesionales del pueblo sirio.

La región visitada, escenario de duros combates del Ejército sirio y milicias aliadas contra las organizaciones terroristas no fue escogida al azar ni como sencilla ceremonia solidaria sino un ejemplo de armonía, principio defendido por Al Assad y que caracterizaba a esta nación del Levante.

Para el presidente sirio, en las continuadas entrevistas concedidas a medios nacionales y extranjeros o en el encuentro con secuestrados liberados o niños huérfanos por la guerra, en Siria ‘el laicismo significa libertad religiosa y tal concepto hace bella la diversidad, incluídos el cristianismo, el Islam, el judaísmo y las diversas sectas surgidas de esas bases confesionales.’

La ejecutoria de Al Assad, demostrada en la práctica desde su ascenso a la primera magistratura en Siria desde el año 2000, insiste en el modelo secular presente en la nación y en el que todos los ciudadanos son iguales, independientemente de sus religiones.