El despliegue de un radar estadounidense en la ciudad noruega de Vardo, así como el deseo de EEUU de aumentar las reservas del equipo militar y municiones almacenadas en Noruega pueden representar un peligro para la seguridad rusa, sostiene el director de la revista Iskusstvo Voiní, Iliá Plejánov.

«Hoy por hoy, Noruega atrae la atención de militares rusos no solo a causa de los submarinos estadounidenses, sino también por estar intensificando su actividad en el marco de la OTAN. Este país escandinavo es uno de los socios militares más fieles de Washington en Europa», afirmó Iliá Plejánov.

En los medios aparece regularmente información sobre la intensificación de la capacidad militar de Noruega. Por ejemplo, desde hace mucho tiempo en la isla funcionan radares de EEUU que sirven para espiar a los submarinos rusos, pero «en este momento la gente local trabaja para tender un cable que garantice el suministro de energía al radar estadounidense Globus 3», reporta Andrew Higgins para The New York Times.

El radar ‘Globus III’ en Vardo es un proyecto conjunto del Comando Espacial de la Fuerza Aérea de EEUU y el Servicio de Inteligencia de Noruega. Las obras de construcción de este aparato terminarán, según lo previsto, en 2020, lo que costará aproximadamente un mil de millones de coronas noruegas (unos 120 millones de dólares). El nuevo sistema complementará la ya existente Globus II, proporcionando a este último una mayor capacidad de recolección de información.

Según la versión oficial ‘Globus III’ va a velar por el débris, sin embargo, incluso los noruegos y estadounidenses no esconden el real fin del detector. Vigilar el lanzamiento de misiles desde submarinos rusos en el Mar de Barents es muy conveniente desde la rocosa meseta de Vardo.

«El hecho de que el radar esté situado en Vardo [un municipio en el condado de Finnimark, que limita con Rusia] hace posible que, en cierta medida, el radar recopile información sobre las pruebas de misiles submarinos rusos desde Plesetsk [en el noroeste de Rusia] a Kamchatka [en el Lejano Oriente ruso]», opinó Theodore Postol, profesor de Ciencia, Tecnología y Seguridad Internacional del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

El exalcalde de Vardo y veterano de la inteligencia militar de Noruega, Lasse Haughom, tiene un punto de vista parecido: «Este lugar es muy importante para Estados Unidos y el mundo occidental, porque desde aquí se puede ver lo que está haciendo Rusia».

Las discrepancias entre Rusia y Noruega en torno a los límites de la seguridad se han agravado. De acuerdo con las últimas informaciones, el cuerpo de la Marina de Estados Unidos y Noruega podrían duplicar o incluso triplicar sus reservas de equipos militares y municiones almacenados en Noruega, incluso en el caso de una guerra con Rusia.

En conformidad con los acuerdos de la época de la Guerra Fría, los marines de EEUU tienen a su disposición seis cuevas en las montañas de la zona de Trondheim. Tres de ellas están destinadas a almacenar equipos militares, mientras que las otros tres guardan las municiones. Los estadounidenses también se valen de dos aeródromos en la parte central del país. Todos estos equipos se usan de forma activa o durante las maniobras de la OTAN en Europa o en el curso de operaciones en el Oriente Próximo y Afganistán.

Poco a poco, pero de una manera muy segura, Noruega y EEUU están aumentando sus capacidades militares en la región. Rusia, por su parte, no tiene otro remedio que responder. El 15 de junio, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, durante la ‘Línea directa’ informó que los especialistas rusos saben que «los submarinos nucleares estadounidenses están desplegados en el norte de Noruega. El tiempo de vuelo de misiles hasta Moscú es de 15 minutos. Debemos entender lo que pasa allí, ver lo que pasa allí».

La frontera rusa se encuentra solo a 64 kilómetros de la isla. El embajador de Rusia en Noruega, Teimuraz Ramishvili, al comentar en abril pasado la posibilidad de instalar elementos del sistema de defensa antiaérea europea de la OTAN en Noruega, anunció que «por nuestra parte responderemos, no solo a Noruega, sino a toda la OTAN», y advirtió que las consecuencias de la puesta en marcha de un sistema de este tipo serían desastrosas.

Nadie quiere llamar esta tendencia «militarización» o «nueva guerra fría», pero, de hecho, los países paso a paso se involucran cada vez más en una carrera armamentista, concluye Plejánov.