Mohammed Abed es un taxista de 28 años del pueblo de Qarara, cerca de la ciudad de Khan Younis, en la Franja de Gaza. No tiene dientes.

La falta de cuidados médicos y de un adecuado trabajo odontológico le han llevado a perder todos sus dientes, que se pudrieron y cayeron a una edad muy temprana. Sin embargo, sus carencias económicas le impidieron comprar una dentadura postiza. Su entorno, en cierto momento, decidió echarle una mano, reuniendo los pocos cientos de dólares necesarios para que Mohammed pudiera volver a comer.

Mohammed no es desempleado. Trabaja diez horas, a veces más, al día. El viejo taxi que hace circular entre Khan Younis y la ciudad de Gaza no es propiedad suya. Su salario diario oscila entre los 20 y los 25 shekels, unos 6 dólares.

Tener que mantener a una familia con cuatro hijos con semejantes ingresos hizo que fuera imposible para Mohammed pensar en gastos aparentemente tan pueriles como comprar una dentadura postiza o ir al dentista.

Y aunque parezca raro, Mohammed es afortunado.

El desempleo en Gaza es uno de los más elevadas del mundo, estimado en alrededor de un 44%. Aquellos que están “empleados”, como Mohammed, siguen teniendo que luchar para sobrevivir. Un 80% de los habitantes de la Franja dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir.

En 2015, la ONU advirtió de que Gaza será inhabitable hacia 2020. En aquel momento, todos los hechos apuntaban a ello: la falta de electricidad, el agua contaminada, la toma de la mayor parte de las tierras cultivables por parte del ejército israelí, las restricciones al movimiento a los pescadores etc.

El bloqueo militar israelí se prolonga ya diez años, y la situación continúa empeorando.

La Cruz Roja informó el pasado mayo de otra “crisis inminente” en el sector sanitario de Gaza debido a la falta de electricidad.

La crisis energética se ha extendido hasta incluir los suministros de gas para cocinar. El pasado febrero Israel redujo a la mitad dichos suministros.

“Las gasolineras dejaron de aceptar botellas de gas vacías pues los tanques estaban vacíos”, según el director de la Asociación de propietarios de gas y petróleo de la Franja de Gaza, Mahmoud Shawa, quien describe la situación como “muy crítica”.

Hace tres meses, la Autoridad Palestina (AP), controlada por Mahmoud Abbas, decidió reducir los salarios de decenas de miles de empleados públicos de la Franja de Gaza.

El dinero que suministraba la AP jugaba un papel muy importante manteniendo a flote la precaria economía del territorio. Con la mayor parte de los empleados recibiendo la mitad o menos de sus salarios, la economía de Gaza, que apenas funciona, esta muriendo.

“H” es un profesor de universidad y su esposa “S”, es médico. Esta familia de clase media con 5 hijos ha vivido una vida relativamente cómoda en la Franja, incluso durante los primeros años del bloqueo. Ahora deben vigilar sus gastos cuidadosamente para no terminar como la mayoría de gazatíes.

El salario de “S” viene de Ramallah. Y ahora sólo recibe 350$ de lo que un su día fue un sueldo significativamente más alto. “H” no recibe el sueldo de Cisjordania, pero también se ha reducido a la mitad, pues la mayor parte de sus estudiantes son demasiado pobres como para pagar las tasas.

Mu’in, habitante del campo de refugiados de Nuseirat, lo tiene peor. Como profesor retirado, y con una pensión que no llega a los 200$ mensuales, Mu’min debe luchar para llevar comida a la mesa cada día. Como padre educado de cuatro hijos adultos y una mujer que se recupera de un infarto y que apenas puede caminar, Mu’min sobrevive prácticamente a base de donaciones.

Sin acceso a Cisjordania por el bloqueo de los israelíes, y con severas restricciones al movimiento a través del paso de Rafah con Egipto, Gaza vive sus días más oscuros, literalmente. Desde el 11 de junio, Israel comenzó a reducir el suministro eléctrico a la empobrecida franja, algo que hizo a petición de Mahmoud Abbas.

Los resultados han sido devastadores. Ahora los hogares de Gaza reciben unas escasas 2 o 3 horas de electricidad al día, y ni siquiera a hora determinadas.

“S” me cuenta que su familia está en alerta constante. “Cuando llega la electricidad a cualquier hora del día o de la noche  todos nos ponemos en acción”. “Todas las baterías deben ser cargadas tan rápido como se aposible y debemos hacer la colada, incluso a las 3 de la mañana”.

Pero los gazatíes son supervivientes. Han soportado estas dificultades durante años y, de alguna forma, han subsistido. Pero ciertos pacientes de cáncer no pueden sobrevivir por mera dureza del carácter.

Rania, que vive en la ciudad de Gaza, es madre de tres hijos. Ha estado luchando contra el cáncer de mama durante un año. Sin quimioterapia, y con unos hospitales que apenas funcionan, ha tenido que realizar el arduo viaje a Jerusalén cada vez que ha tenido que ser tratada para salvar la vida.

Esto, hasta que Israel decidió no conceder más permisos a los pacientes terminales de Gaza, algunos de los cuales han muerto esperando dichos permisos y otros, como Rania, siguen esperando que ocurra un milagro antes de que el cáncer se extienda por sus cuerpos.

Pero Israel y Egipto no son los únicos responsables. La AP está usando el bloqueo como moneda de cambio para presionar a sus rivales, Hamás, en control de la Franja desde hace una década.

Hamás, por su parte, está supuestamente buscando la alianza con su viejo rival, Mohammed Dahlan, nombrándole jefe del comité de Asuntos Exteriores de Gaza a cambio de aligerar el bloqueo en la frontera egipcia.

Dahlan es también rival de Abbas. Ambos han estado años compitiendo por el liderazgo de Fatah.

La petición de Abbas a Israel de presionar a Gaza por medio de la reducción del suministro eléctrico, junto con la reciente bajada de salarios, van dirigidos a presionar a Hamas para que no se alíe con Dahlan.

Los palestinos de Gaza están sufriendo, de hecho, muriendo

Pensar que los propios líderes palestinos están involucrados en la manipulación e intensificación del bloqueo es desalentador.

A la vez que Israel se esfuerza en promover las luchas internas palestinas, sigue adelante con su política de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén este, y los palestinos mientras tanto siguen enfrascados en luchas intestinas de carácter personal y por el “control”, absurdo, de su tierra ocupada .

En esta lucha política, personas como “H”, “S” y Rania, junto a otros dos millones, parecen no tener ninguna iportancia.

Magdalena Mughrabi, directora regional para Oriente Medio y el Magreb de Amnistía Internacional, elevó la voz de alarma el 14 de junio cuando advirtió de que “el último corte de electricidad podría convertir la ya precaria situación de la Franja en una verdadera catástrofe humanitaria”.

“Durante diez años, el bloque ha privado a los palestinos de Gaza de sus derechos y necesidades básicas. Bajo el peso de un bloqueo ilegal y de tres guerras, la economía se ha visto duramente afectada y las condiciones humanitarias han empeorado severamente”, afirma.

Omar Shakir, director de Human Rights Watch en la región, rechazó el hecho de que los cortes de electricidad a Gaza fueron realizados por petición de la AP.

“Israel controla las fronteras, el espacio aéreo y las aguas de Gaza, por lo que Israel tiene una obligación que va más allá de simplemente responder a las demandas de la AP”.

Entre el rechazo de Israel a las peticiones internacionales para poner fin al bloqueo y el patético juego de poder entre los líderes palestinos ha dejado a los gazatíes solos ante el peligro, incapaces de moverse libremente o de vivir en unas condiciones de vida mínimamente dignas.

Fátima, una madre de Rafah, de 52 años, me confiesa que intentó suicidarse unos días atrás, y que lo habría hecho si sus hijos no lo hubieran impedido.

Cuando le digo que aún tiene mucho por lo que vivir, llora, y no dice nada.

La tasas de suicidios en la Franja es siempre muy alta, y la desesperación es considerado el principal factor detrás de tan alarmante fenómeno.