Atilio Boron es politólogo, sociólogo (recibido en Harvard), analista internacional, investigador del Conicet. Ha escrito gran cantidad de libros y artículos. Y ha sido fuente de consulta de varios presidentes, entre ellos Hugo Chávez y Fidel Castro.

En esta charla –que formará parte de un libro sobre pensadores de Nuestra América*–, Boron analiza política de Estados Unidos hacia la región y asegura que “siempre que América Latina avanzó un pequeño paso por el sendero de la unidad, la respuesta norteamericana fue buscar la forma de desarticular ese proceso”, que allí los presidentes “no son los que deciden. A ellos les dicen lo que hay que hacer y listo. Algunos los desobedecen. Kennedy desobedeció y lo mataron”.

-¿Existe una constante en la política norteamericana hacia América Latina?

-Por supuesto. Y ha sido claramente establecida desde 1823 con la Doctrina Monroe cuando Estados Unidos dijo: “América para los americanos”. En realidad estaba diciendo: “América para los norteamericanos”. Esa postura la ratificaron en 1826 en el Congreso Anfictiónico, cuando los norteamericanos se opusieron abiertamente y sabotearon ese primer intento de integración latinoamericana. Estados Unidos no tuvo ninguna duda que había que impedir la unificación de “las naciones tributarias”. Lo han hecho a lo largo de dos siglos. Siempre que América Latina avanzó un pequeño paso por el sendero de la unidad, la respuesta norteamericana fue buscar la forma de desarticular ese proceso. Lo hicieron con el intento de la Unión Panamericana en 1889 – 1890. Pero en aquel momento Argentina se opuso a esos intentos. Los gobiernos argentinos de esa época eran conservadores, pero también eran anti-yankees. Sáenz Peña, en representación del gobierno argentino, fue el que más se opuso. El otro era Manuel Quintana y los dos fueron después presidentes. Eran miembros de la oligarquía, pero de una oligarquía de otro calibre a la que tenemos hoy. Después Estados Unidos se opuso a la creación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Ellos sabían muy bien que en la medida que hubiera una entidad que estudiase la problemática común de América Latina, iba a haber un ímpetu muy grande hacia los esfuerzos de la integración latinoamericana. No pudieron frenarla pero la oposición fue evidente.

En los 60′, cuando surge la Revolución cubana, ellos crean el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y lanzan la Alianza para el Progreso. Después intentaron avanzar con el ALCA, cuando eso fracasó metieron los tratados bilaterales.

-¿En ese sentido no ha habido muchos matices entre republicanos y demócratas?

-No, para nada. Se podría creer que en algunos hay mejores intenciones, pero lo cierto es que Roosevelt sostuvo con fuerza la dictadura de Anastacio Somoza. También Bill Clinton tuvo una conducta lamentable respecto de América Latina.

-Hay quienes señalan que América Latina no es una prioridad para Estados Unidos ¿Qué opina usted de esa afirmación?

-Esa es una de las grandes mentiras que circulan. Muy por el contrario, América Latina es la región que más les importa. La doctrina para América Latina (la Doctrina Monroe) es de 1823, la doctrina que hacen para Europa es de 1918, casi un siglo después. Cuando llega la reorganización global del Ejército norteamericano el primer comando que arman es el Sur, después piensa en el Europeo y el de Asia, pero primero el de América Latina. Cuando firman los famosos tratados para la contención del comunismo, el primero que firman es el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) en 1947, recién en 1949 crean la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). ¿Por qué? Porque lo primero que le interesaba a ellos era asegurar esta parte del mundo. Esto tiene que ver con las concepciones geopolíticas que en ellos han predominado y que plantean la tesis que Estados Unidos tiene una posibilidad de defensa en la medida que controle lo que ellos llaman “la gran isla americana”, que según esta concepción va desde Alaska a Tierra del Fuego. Desde esa mirada se cree que si esa “isla americana” cae en la parte sur en manos enemigas, tarde o temprano la seguridad norteamericana va a estar en riesgo.

El otro tema que es fundamental es el de las exuberantes riquezas que de recursos naturales que hay en la región, empezando por el agua y no el petróleo. El petróleo va a desaparecer y la humanidad va seguir su curso. Pero si no hay agua se acaba la especie humana. Y acá está casi la mitad del agua dulce del planeta Tierra. Las estimaciones van del 42% al 45% según como se midan los acuíferos subterráneos. Con el 7% de población mundial se tiene casi el 50% del agua dulce del mundo y ellos tienen un problema grave de desertificación. En Estados Unidos ya piensan cómo se van a llevar el agua de esta región y ya hay propuestas. Sobre todo porque piensan primero llevarse el agua de la zona de Mesoamerica y el sur de México.

América Latina les importa por el agua, el petróleo, los minerales estratégicos, la biodiversidad. Pero ellos tienen un staff de diplomáticos muy buenos, muy estudiosos. Por eso lograron convencernos de nuestra irrelevancia. Esa ha sido la gran capacidad del establishment diplomático que tienen. Por el contrario, los presidentes son figuras marginales. No son los que deciden. A ellos les dicen lo que hay que hacer y listo. Algunos los desobedecen. Kennedy desobedeció y lo mataron. El resto, tomó nota.

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