Un año más, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MeK en sus siglas en inglés) ha celebrado su reunión anual en París para recibir el apoyo de sus miles de seguidores y de varias conocidas personalidades del Partido Republicano.

Adoptado desde hace años por los neoconservadores como la alternativa al régimen iraní, Mek cuenta con un pasado terrorista –así lo consideraban hasta hace unos años EEUU y la UE–, lo que nunca le ha impedido contar con el apoyo de dirigentes occidentales, entre los que se encuentran dos expresidentes españoles, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. A la cita de este año, acudieron los norteamericanos Rudy Giuliani (exalcalde de Nueva York), Newt Gingrich (expresidente de la Cámara de Representantes), Joe Lieberman (exsenador) y John Bolton (exembajador en la ONU).

El MeK ha aparecido descrito en varios artículos en medios y estudios de ‘think tanks’ como una organización similar a una secta y caracterizada por el culto a la personalidad de su líder, Masud Rayaví, hoy probablemente muerto y sustituido por su esposa. Fundada en los 60, realizó una campaña de ataques contra la dictadura del sha Reza y celebró su derrocamiento. Apoyó el régimen posterior del ayatolá Jomeini, incluida la toma de rehenes de la embajada de EEUU, pero terminó siendo ilegalizada por el Gobierno. Fue entonces cuando llevó a cabo una sangrienta campaña de atentados contra el corazón del poder iraní. En 1981 colocó una bomba en la sede del partido en el poder y mató a su líder, el ayatolá Behesti, que era el número dos del régimen sólo por detrás de Jomeini, y a 27 diputados. Meses después, otra bomba acabó con el presidente del país y el primer ministro.

El grupo, ya dirigido por Rayaví, se refugió en Irak, donde recibió el apoyo de Sadam Hussein en forma de armamento y dinero. En esos años, llevó a cabo atentados contra fuerzas de seguridad y políticos iraníes, pero también contra la población civil. Los kurdos iraquíes acusaron al MeK de haber participado en la represión de la población kurda en 1991 al servicio de Sadam, una denuncia corroborada por un informe del Departamento de Estado norteamericano. En 1997 fueron declarados organización terrorista por EEUU, y por la UE en 2002.

La invasión de Irak en 2003 les colocó en una situación imposible, porque el nuevo Gobierno iraquí, controlado por partidos chiíes, exigió a Washington que desaparecieran los campamentos en los que vivían los militantes del MeK cerca de la frontera de Irán. Después de varios años de indecisión, los norteamericanos convencieron u obligaron al Gobierno de Albania a acogerlos. Los líderes del grupo se refugiaron en París, donde se les permite realizar su actividad política.

En 2012, Washington dejó de catalogarlo como organización terrorista. La UE había tomado esa misma decisión unos años antes, en 2009. Ambas decisiones permitieron al MeK acceder a decenas de millones de dólares guardados en cuentas bloqueadas por esos gobiernos. Por entonces el grupo decía estar colaborando con EEUU para desvelar los secretos del programa nuclear iraní.

El Mek sostiene que abandonó cualquier actividad violenta hace muchos años, pero existen sospechas de que ha colaborado con los servicios de inteligencia norteamericanos o israelíes en operaciones realizadas dentro de Irán, lo que incluye sabotajes o asesinatos relacionados con el programa nuclear. Los neoconservadores fueron sus grandes padrinos políticos en EEUU (también hubo varios exaltos cargos y exgenerales que presionaron durante años para que no se les tachara de terroristas), pero el pasado del grupo, y su posible participación en el asesinato de ciudadanos estadounidenses en los años 70, hizo que el apoyo recibido sólo pudiera ser clandestino.

Aznar ha participado en actos del MeK, lo que no puede sorprender por su apoyo a las ideas neoconservadoras y a sus llamamientos a que Occidente aplique a Irán la misma política que se ejecutó con el Irak de Sadam Hussein. Es mucho más sorprendente que Zapatero se uniera a la causa de este grupo cuando dejó la presidencia del Gobierno. En su etapa en Moncloa, Zapatero mantuvo buenas relaciones con Irán, coincidiendo con el mandato del presidente Jatamí, y consideraba al Gobierno de Teherán un aliado cercano en su proyecto de Alianza de las Civilizaciones.

El MeK paga generosas cantidades de dinero a muchos de los políticos occidentales que acuden a sus reuniones anuales, algo que por lo demás es una fuente habitual de ingresos para expresidentes. Otros acuden como muestra de apoyo a los objetivos políticos del grupo. Es difícil saber en qué categoría se encuentra Zapatero. Este es el discurso que dio en español en la reunión de París de 2013.

Un año después, Zapatero repitió ante la misma audiencia y esa vez se animó a pronunciar el discurso en inglés. Como en la vez anterior, el expresidente se pronunció en términos generales en favor de la libertad, la paz y los derechos humanos, haciendo especial hincapié en los derechos de las mujeres.

Las invocaciones de Zapatero en favor de los derechos humanos en un foro del MeK contrastan con la trayectoria del grupo. En una carta publicada en el FT en 2011, un numeroso grupo de expertos en Irán denunció su historial:

“El Mek no cuenta con una base política en Irán ni apoyo genuino entre la población iraní. El MeK, una organización con base en Irak que contó con el apoyo de Sadam Hussein, perdió a los seguidores que tenía en Irán cuando luchó en favor de Irak durante la guerra de 1980-1988. El amplio rechazo al MeK en Irán se había hecho más profundo por sus numerosos atentados terroristas contra civiles iraníes inocentes. (…) Importantes organizaciones de derechos humanos, incluida Human Rigths Watch, han establecido que el MeK es un grupo similar a una secta con una estructura y actuación que niegan su reivindicación de ser un vehículo para el cambio democrático”.

El informe de HRW había denunciado abusos y torturas del MeK contra algunos de sus propios partidarios en los campamentos donde residían en Irak, “desde incomunicaciones prolongadas y confinamientos en solitario hasta palizas, abusos verbales y psicológicos, confesiones obtenidas por la fuerza, amenazas de ejecución y torturas que en dos casos acabaron en muerte”.

Un informe de RAND de 2009 describió las características internas del grupo y su similitud con una secta, más que con un movimiento político. El sometimiento a la voluntad del líder incluía la separación forzosa de los matrimonios, a menos que fueran autorizados por el grupo, y la separación de hombres y mujeres en cualquier situación.

Masud Rayaví desapareció de Irak poco después de la invasión de 2003. Su mujer es desde entonces quien controla la organización. Es posible que Rayaví esté ya muerto y que la noticia no se haya dado a conocer para permitir a sus actuales dirigentes mantener su control de la organización. Turki bin Faisal, importante miembro de la familia real saudí y jefe de los servicios de inteligencia durante 23 años hasta 2001 (después fue embajador en Washington y Londres), es otro conocido partidario del MeK (aparece en la foto de arriba) y orador frecuente en las asambleas anuales del grupo. En 2016, cometió en dos ocasiones en el discurso el desliz de referirse al “fallecido Masud Rayaví”.

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