Europa sufrió recientemente una escalada de atentados terroristas con un saldo de casi 40 muertos, lo que mantiene en vilo a sus ciudadanos, pese al reforzamiento de las medidas de seguridad y el reclamo de unidad por parte de los dirigentes regionales.

En los últimos tres meses, Reino Unido, Bélgica y Francia sufrieron seis ataques, una situación alarmante para el continente, blanco del grupo extremista Estado Islámico (EI).

Resulta cada vez más frecuente el uso de vehículos y armas blancas, en vez de las tradicionales bombas. La jefa de la Policía Metropolitana de Londres, Cressida Dick, aseguró que la amenaza del terrorismo es una nueva realidad que transformará a la sociedad y reconoció un nivel sin precedentes de acciones extremistas.

El pasado 19 de junio los británicos vivieron su cuarto atentado en menos de 12 semanas. Un sujeto arrolló con una furgoneta a varios fieles a la salida de una mezquita en Finsbury Park, al norte de Londres, y provocó la muerte de una persona y alrededor de 10 heridos.

Ante el temor de actos semejantes, las fuerzas del orden aumentaron el despliegue de agentes en los templos británicos. Embestidas similares ocurrieron el 22 de marzo y el 3 de junio de este año, cuando terroristas atropellaron a decenas de peatones en el puente de Londres y Westminster, y luego acuchillaron a varias personas, incluido un agente del Parlamento británico. El saldo fue de 14 muertos y más de 50 heridos.

Sin tiempo para recuperarse de una ola de atentados, un joven hizo explotar una bomba después de un concierto de la cantante estadounidense Ariana Grande en el estadio Manchester Arena, donde perdieron la vida más de 20 personas. El peligro está en cualquier parte y el miedo entre los ciudadanos aumenta, refirieron las fuerzas del orden.

La primera ministra británica, Theresa May, expresó que esas acciones son un recordatorio de que el terrorismo, el extremismo y el odio adoptan muchas formas y la determinación a la hora de combatirlos debe ser la misma, sea quien sea el responsable.

Nuevas tragedias no demoraron en llegar, pero en esta ocasión a los países vecinos de Bélgica y Francia. El clima de tensión e incertidumbre en la región europea aumentó con el atentado perpetrado en la Estación Central de Bruselas, donde un hombre detonó una maleta con clavos y pequeñas botellas de gas, en la noche del 20 de junio.

Durante el acto el atacante suicida murió, así como el sujeto que intentó cometer una agresión contra una patrulla de gendarmes en los Campos Elíseos, Francia, un día antes.

En ambos casos las consecuencias pudieron ser peores, pues los terroristas portaban grandes cantidades de explosivos, según afirmó la policía. Según un informe de la Oficina Europea de Policía, unas 142 personas murieron en atentados terroristas en Europa en 2016 y Reino Unido emergió como la nación que más ataques sufrió, con 76 acciones concretadas y frustradas.

Los Jefes de Estado y Gobierno de los países miembros de la Unión Europea (UE) valoraron en la cumbre del organismo que sesionó el 22 y 23 de junio en Bruselas a este flagelo como una de sus principales preocupaciones. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, señaló en esa magna cita que ‘estamos totalmente determinados a proteger a nuestro pueblo’.

Los líderes regionales condenaron los recientes ataques extremistas en Europa, en particular los perpetrados en las últimas semanas en Reino Unido, Francia y Bélgica y decidieron implementar un plan de acciones para la prevención y lucha contra el extremismo, que incluye mejorar la coordinación entre las fuerzas de seguridad de los países de la UE así como facilitar el intercambio de información e implementar medidas para frenar la financiación del terrorismo.

‘Es la unidad lo que nos hará vencer’, aseguró recientemente la alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini.

Lo cierto es que la amenaza terrorista se mantiene y parece lejos de desaparecer.

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